Hacia Donde Vamos I, Rafael Pérez González.

Parroquia, Santa Clara, Villa Clara, 21 de octubre de 2010, (FCP). Al tomar Raúl Castro las riendas del poder en Cuba, hubo un sinnúmero de especulaciones sobre el destino del país. Algunos pensaron en reformas económicas tendientes a la economía de mercado, otros que quizás seguirían el modelo chino, una gran mayoría siguieron la idea de cambios de corte capitalista.

Padecieron así de una autoceguera, ya que en el discurso del 3 de agosto, él dejó bien sentado su manera de pensar cuando aseveró: “A mí no me eligieron presidente para restaurar el capitalismo”. Es decir, que su gobierno seguirá el mismo camino trillado hasta ahora, sin hacer concesiones económicas, pues de lo contrario traicionaría al socialismo de marras.

Los altibajos del régimen son archiconocidos, pues en el año 67 del pasado siglo se llevó a cabo la llamada “Ofensiva Revolucionaria”, que transfirió todo a poder del Estado, aun los más pequeños negocios. Este proceder siguió la tesis de Marx en el Manifiesto Comunista, cuando afirmó: “la teoría del comunismo puede resumirse en la supresión de la propiedad privada”.

Posterior al fracaso de la zafra de “Los Diez millones”, se dio una visión de apertura económica en la gestión de las empresas estatales. En ese entonces se sacó de su cátedra de la universidad al profesor Humberto Pérez, el cual empezó a verse en los medios masivos cubanos en unión del Dr. Fidel Castro, como para darle al mismo un apoyo adicional en su gestión económica.

Al fin, todo quedó en el olvido al ser defenestrado el catedrático y tomar las aguas el nivel que antes habían tenido. En los años de crisis del Período Especial, cuando se perdieron las dádivas del entonces Campo Socialista, y al seguir el consejo de que cuando no puedas con tu enemigo únete a él, se despenalizó el dólar “imperial” y se permitió el Trabajo Privado.

Este fue rápidamente diezmado con una legión de inspectores que unas veces recababan los documentos, que acreditaran la legitimidad de los productos. En otras por causas banales impusieron tal cantidad de multas, que dieron al traste con la mayoría de estos pequeños capitalistas.

Todo esto no es nuevo y se puede apuntar, que en cuestión de imponer el socialismo todo está inventado. En Rusia en 1921, ante la escasez y el hambre, que produjo el levantamiento de Los Marinos de Kronstadr, Lenin se vió obligado a implementar su “Nueva Política Económica”, para tratar de encaminar el desarrollo privado por el camino del Capitalismo de Estado.

Esa nueva política, aumentó la producción industrial y agrícola, pero comenzó a crear una clase burguesa, que se burlaba e independizaba del poder soviético. Stalin decidió suprimirla e iniciar el colectivismo en la agricultura, operación que se llevó a cabo con métodos despiadados y que produjo cerca de diez millones de muertes en el país.

Es decir, que todos esos tipos de ensayos de liberar el mercado e introducir reformas de corte capitalista dentro de un Estado Autoritario Socialista se han hecho ya y ninguno ha dado resultado. En África Julius Nyerere trató de construir el socialismo al colectivizar las granjas y el país pasó de ser exportador de maíz a padecer hambruna.

En Cuba, después de tomar las riendas del poder Raúl Castro, no hay señal de ninguna medida que conlleve a la economía de mercado o a un acercamiento a ella. La medida más significativa, que ha tomado el gobierno, que rompe con el de su hermano, ha sido permitir que los cubanos puedan alquilar hoteles, donde antes podían hospedarse sólo extranjeros.

Lo anterior no tiene nada que ver con liberalización económica y estaba incluso prohibido por la actual constitución cubana, lo que prueba la invalidez de la Ley en Cuba. El nuevo presidente en el discurso antes citado, ha hecho un llamado a: “no gastar más de lo que se ingresa”, algo lógico para cualquier pensamiento racional y que tampoco tiene nada que ver con cambios radicales.

Además, ha expresado, que sobran cerca de un millón y medio de trabajadores, y en días recientes se ha publicado en la prensa el método de selección de los que se quedarán en sus empleos. Estas son medidas de las criticadas, a través de los años, por el gobierno cubano, el cual ha dado en llamarlas “medidas de choque”, cuando son aplicadas en otros países.

Quizás esta forma de trabajo por cuenta propia no resulte asequible para todos los futuros desempleados.

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