Apuntes Sobre un Fenómeno Cultural del Siglo XX, II, Feliberto Pérez Del Sol.


 Sakenaf, Santa Clara, Villa Clara, 14 de octubre de 2011, (FCP). Corría 1965, cuando por estas tierras se crearon Los Fakires, dirigidos por Estaban Riego en la guitarra y acompañados entre otros por Ramiro Bustamante, guitar leader y Luís Diego al drum, tiempo después se les sumó “Pucho” López al piano. Este grupo tocaba temas de rock, jazz- rock-fusión y baladas de la época, pero debieron trocar su sonoridad para poder perdurar.

Al año siguiente debutó acá, en un festival de aficionados, Los Yeti, guiados por Gilberto Peralta e integrados además, por Mirna Campo a la voz, su hermana al piano y un hermano en el bajo. En 1973, se creó La Última Palabra, estos versionaron éxitos radiados por la emisora WQAM de Miami y tuvieron, lógicamente, una vida llena de obstáculos, y breve.

El persistente intento de los “sobrevivientes”, por insertarse en las empresas artísticas de nuevo tipo, basadas ahora un una política creadora rígida y así poder profesionalizarse, chocaron varias veces con la negación. Ante esta adversidad, y cansados ya de no poder vivir de su arte, algunos músicos optaron por abandonar sus proyectos o abrazar otros acentos musicales.

Circunstancias oficiales como las antes descritas, pretendieron inmovilizar una alquimia rítmica, para entonces bastante arraigada en muchos jóvenes cubanos. No obstante, este sector generacional ya había hallado en el rock, no sólo al género musical de su preferencia, sino un estilo de vida símbolo palpable de contracultura, por demás antagónico a dogmas sociales.

De ese modo y ante la lealtad mostrada por el público y los músicos nacionales hacía el rock, el régimen apeló a la casi nula difusión del mismo. Saturaron las emisiones radiales de música caribeña, como indicándole a los seguidores del rock cubano o extranjero: “El rock no se divulga porqué el modo de vida y la orientación ideológica de ustedes, es contrario a la Revolución”.

Por ello, ser conducido a un cuartel policial por lucir una copiosa melena y tornar sin ella, fue tan común como no poder acceder a la universidad, por “consumir música del enemigo”. Esta tipificación delictiva la llamaron Desviación Ideológica e incluyó a seres cuya único delito era poseer una conducta distinta al orden estipulado por los ideólogos castristas.

Todo esto desencadenó en una enorme masa de rockers emigrados hacia los Estados Unidos de América, durante El Éxodo del Mariel, hecho acaecido en dicho puerto habanero, en 1980. Muchos admiradores del rock, desesperanzados de poderlo oír sin hostilidad por parte del régimen o tocarlo en el país con el apoyo de instituciones oficiales, no hallaron otra salida.

Recién iniciados los años ochenta, otras corrientes musicales contribuyeron a su desplazamiento, además de la influencia radial de la música disco y sus derivados, se sumó la apodada salsa. No obstante la terquedad del sistema o la manipulación de este, en 1981, se realizó el festival “Invierno Caliente”, primicia de unos eventos tan comunes hoy.

Desde de aquella fecha, los conciertos se han logrado en gran medida, debido al rol librado por el amplio movimiento de roqueros, bien arraigado ya por esos días en el centro y occidente del país. Así mismo, el aparente grado de tolerancia mostrado por el gobierno, fue sólo una fachada, pues los seguidores y cultores del metal, conocerían otras etapas de semejante relegación.

A la legión de dificultades ya existentes para la expansión del género, se le agregó el calvario de la materialización de los conciertos. Festividad nombrada una vez por un músico como “suerte de agonía terrible”, debido principalmente a la no comercialización en la Isla de instrumentos musicales, además del escaso transporte y de equipos de audio adecuados.

Mientras la arenga oficial hablaba “de la necesidad de ampliar la cultura en beneficio popular”, parecía todo esto como si los “comisarios culturales” no se enterasen. Así, bajo esta sutileza, ellos quedaron cual culpables, pues muchas bandas cifran los 15 años de vida y no han recibido el más mínimo apoyo oficial, cuando el verdadero malandrín era, y es, la alta dirigencia política.

LosFakires en una presentación en el Carnaval de Santa Clara, grupo que debió trocar su estilo para poder perdurar.

About these ads
Esta entrada fue publicada en CULTURA y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s