Cuba, Fracaso de una Utopía (I), Ramón Jiménez Arencibia.

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El Condado, Santa Clara, Villa Clara, 30 de marzo del 2012, (FCP). La historia política y económica de Cuba, antes y después de las guerras independentistas, está llena de bellas y grandes utopías. La mayor parte de las mismas irrealizables, producto de intereses mezquinos que han colocado sus beneficios personales o de grupos al servicio de una ideología totalitaria, por encima de los supremos intereses de la Patria.

Autoritarismo, tiranías, gobiernos corrompidos, débiles democracias, es el currículum que adorna todo el proceso de nuestra nacionalidad, desde el inicio de la República en 1902, hasta nuestros días. Hace ya más de medio siglo, que el pueblo cubano no acude libremente a las urnas a elegir a su presidente. Ahora es víctima de un gobierno totalitario y antidemocrático.

Muchos luchadores vislumbraron erróneamente una sociedad igualitaria, donde el hombre es hermano del hombre, a través del establecimiento de una férrea dictadura de clase. Engañaron consciente e inconscientemente a muchos sectores de las capas más humildes de la población, los cuales creyeron encontrar en la Revolución el remedio de todos los males.

El Socialismo en Cuba no ha sido producto del desarrollo de las fuerzas productivas, como planteaba Carlos Marx que sucedería y mucho menos las contradicciones entre estas y las relaciones de producción existentes en el país, en el año 1961. Este sistema que ya en aquel tiempo mostraba sus ineficiencias en Europa, fue caprichosamente impuesto en la Isla.

No existía ninguna de las premisas que Marx y Lenin, planteaban para el surgimiento del Estado de Obreros y Campesinos. Castro declaró el carácter socialista de su gobierno, el 16 de abril de 1961, víspera del desembarco de Playa Girón, acción armada esta que unió a todo el exilio, y que buscaba el derrocamiento, por la armas, de la naciente tiranía.

Como ha ocurrido a lo largo de esta triste historia, que dura más de medio siglo, la falta de un apoyo consecuente del exterior, y la enorme represión desatada contra los opositores en toda la isla, determinó aquella derrota. Luego vinieron otras, como los levantamientos campesinos en las montañas Villareñas y en otras regiones del país, aplastadas todas a sangre y fuego.

Esta declaración de Fidel del carácter socialista de la Revolución, que él encabezaba, no lo hacía por el solo hecho de agradar a los soviéticos, tampoco la hostilidad de Norteamérica lo había forzado a marchar en esa dirección. No era, claro está, un comunista disciplinado que portaba carnet, ni un teórico profundo, fiel intérprete y exponente de la teoría marxista.

Proclamó el socialismo, régimen social que según él: “eliminaba la explotación del hombre por el hombre”. Fue aún más allá en sus desaciertos teóricos, al igual que el “Che” abrazaba la utopía pronosticada por éste, en Punta del Este, en Julio de 1961, de que Cuba alcanzaría en una década a los Estados Unidos. ¡Tremenda aberración histórica!

Con la economía planificada y la propiedad estatal de los medios de producción perseguían el objetivo de avanzar rápidamente hacia la industrialización y el desarrollo económico. Para lograr esa hazaña, acompañada de una igualitaria distribución de la riqueza, se esforzarían en modificar espiritual e ideológicamente a los cubanos.

Carlos Alberto Montaner, en una conferencia sobre esta etapa de la historia del proceso cubano sobre la cual indagamos, afirmó: “Para crear al Hombre Nuevo, como recetaba la utopía marxista, este era una criatura idealista, decididamente heterosexual, desprovistas de codicia, que viviría felizmente dedicado a cumplir las tareas revolucionarias”.

Entre las tareas revolucionarias que el “Hombre Nuevo” debía llevar a cabo, estaba la de “proteger” el sistema mediante la activa participación en la represión colectiva, actividad institucionalizada a través de los Comités de Defensa de la Revolución. También estaba la de exportar la revolución de diversas maneras, a varios países de Latinoamérica.

El fracaso de esta utopía ha sido una experiencia dolorosa para el pueblo cubano y después de más de cinco décadas de nefasto ensayo, la resistencia a ese poder totalitario, se basa normalmente en defender valores humanos. Este poder rechaza las libertades públicas, y hace todo lo posible por someter a su influencia toda la vida social y privada.

Participantes anticastristas en los combates de playa Girón.

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