La Unidad de la Iglesia (V y Final), Antonio Raúl Machado García.

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Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 30 de marzo de 2012, (FCP). “…Padre Santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros” (Jn.17.11). La plegaria de Jesús en este capítulo, se conoce como La Oración Sacerdotal, pues en ella intercede por última vez a favor de los discípulos. Aquí se expresa los más profundos anhelos y deseos del Señor por sus seguidores, tanto en aquella época como en el presente.

Al orar por los que están bajo su cuidado, las preocupaciones del creyente deben ser: Que tengan un conocimiento íntimo de Jesucristo y Su Palabra, que Dios los proteja del mundo, de Satanás y de falsas doctrinas. Así también para que sean santos en pensamientos, obra y carácter, que sean uno en propósito, que conduzcan a otros a la salvación y que al final estén con Cristo en el cielo.

Cuando el Maestro expresa su deseo: “…para que sean uno…”, se refiere a la unidad del carácter cristiano. Jesús les explicó a sus discípulos, que de la misma manera que el Padre y el Hijo son uno en semejanza moral, así los creyentes deberían estar unidos, si decimos que somos cristianos es porque tenemos este parecido con La Santísima Trinidad.

Según el verso 14, al obedecer los cristianos la Palabra de Dios y producirse la unidad cristiana, el resultado fue que el mundo los aborreció y los menospreció por no concordar con el orden mundano de las cosas. Al comenzar a presentar los hombres los mismos rasgos del Señor Jesús, El Diablo, que desea la perdición de los hombres, levanta sus hordas infernales contra ellos.

El Marxismo-Leninismo, al referirse al cristianismo, aseveró: “La religión es el opio de los pueblos…”, al manifestar abiertamente su odio visceral contra los cristianos. El Gobierno Cubano, al declararse marxista, se puso del lado de los enemigos de la Iglesia, o lo que es lo mismo, los enemigos de Dios y instintivamente persigue a los verdaderos cristianos.

“Más no ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos…” (Jn.17.20). La oración de Jesús abarca no solo a los discípulos, ahora incluye a las generaciones futuras. Esto es algo extraordinario, que cada individuo nacido de nuevo, puede decir con toda certeza: “Jesús oró por mí hace casi 2000 años”, tal confianza es real.

Ahora, la oración de Jesús por la unidad de los creyentes era hecha con la vista puesta en la salvación de los pecadores, que es el objetivo del Plan de Redención de Dios, desde la entrada del pecado en el mundo. “… Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú, me enviaste” (Jn.17.21).

La unidad, entre los adoradores de la Deidad, esta basada en la exhibición del carácter y de la vida de Dios y de Cristo en la vida y el proceder de los feligreses. Solo esto es lo que haría que el mundo creyese que Jesucristo fue en verdad el Mesías enviado por Dios el Padre, esta unidad es la que hace al mundo decir: “Veo a Cristo en esos cristianos, como el Padre era visto en Cristo”.

Es este el método del Altísimo para mostrarse al mundo, y hacer de la Iglesia una señal, que irradie salvación como faro en noche oscura. En su comentario al Evangelio de Juan, F. L. Godet declara: “Lo que Dios deseaba al enviar a Su Hijo a la tierra era precisamente poder formar para Sí mismo, en medio de la humanidad, una familia de hijos que llevasen Su semejanza”.

Jesús no pide que sus seguidores “lleguen a ser uno”, sino más bien que “sean uno”, este es el presente del subjuntivo que implica acción continua, lo que significa: “sean uno constantemente”, o sea, esta alianza no es para un evento o servicio público, es un modo de vida. Es una unidad espiritual de corazón, propósito, mente y voluntad de los que están dedicados a Cristo.

Intentar la creación de una asociación artificial mediante reuniones, convenciones o ceremonias sofisticadas, puede resultar en la traición de la unidad misma, aunque para hacerlo se emplee el nombre de Dios. Éxodo expresa: “No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano” (Ex.20.7).

La unidad por la que Jesús oró esta basada en permanecer en Cristo, conocer y experimentar el amor del Padre y la comunión con Cristo, separarse de las prácticas del mundo, santificarse por medio de la verdad, obedecer La Palabra y llevar la salvación a los perdidos. Si falta alguno de esos factores en una Iglesia, no puede existir allí la verdadera unidad por la que Jesús oró.

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