Un Nuevo Bodrio de Traición (XII), Guillermo Fariñas Hernández.

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La Chirusa, Santa Clara, 22 de junio del 2012, (FCP). A partir de ese momento Luís Ramón Hernández y todo el aparato represivo iniciaron una campaña por exagerar el rol de este “líder disidente” ante el exilio y la opinión pública nacional e internacional. La cuestión era dar la imagen de un liderazgo anticastrista consolidado en la región central del país.

Todo esto perseguía concentrar toda la información de los movimientos subversivos, que ya se gestaban en las tres provincias que conformaron la antigua y ya desaparecida provincia de Las Villas. Para que todos los otros dirigentes de delegaciones de partidos nacionales tuvieran que verse compelidos a informar sobre los pasos que darían o ejecutaban en esos momentos.

Para centralizar aún más la información alrededor de la figura de Luís Ramón y su usurpado MAD, y siempre bajo cuerda de este último, se creó la agencia periodística Centro Press. Con la falsa apariencia de no estar subordinada a este, bajo ningún concepto, pero donde algunos periodistas independientes si poseían las orientaciones de poco a poco aceptarlo como líder.

Esta entidad informativa estaba conformada por un conjunto heterogéneo de opositores no violentos, donde existía un grupo de ellos dominados por Hernández Rodríguez y otros que no lo estaban para nada. En breve comenzaron a denunciar sistemáticamente por emisoras radiales del sur de La Florida los abusos a la Declaración Universal de los Derechos Humanos aquí.

Las primeras noticias salieron en un inicio del domicilio de uno de ellos, al que no queremos nombrar por respeto, y cuando la nueva agencia se comenzaba a consolidar y a obtener credibilidad sobrevino la debacle. Pues de pronto, el propietario de la vivienda y el teléfono que se usaba, informó que este no se podría utilizar en el futuro para trasmitir noticias.

Según un retirado oficial de la Seguridad del Estado que ahora ejerce como abogado, para lograr esto se ejecutaron todo un grupo de presiones sobre toda la familia del dueño del aparato telefónico y también con respecto a este. Estos chantajes fueron estudiados previamente por avezados integrantes del Grupo Multi Disciplinario del Ministerio del Interior.

El objetivo que se buscaba era crear la incertidumbre entre los periodistas de Centro Press en cuanto a la continuación de la trasmisión de sus despachos denunciatorios. No obstante, lo más importante de esta maniobra iba a ser, que Luís Ramón Hernández en una magistral actuación histriónica, quedara como “el salvador” de la agencia al prestarles su teléfono.

Una cosa que hizo el flamante presidente del MAD ni corto ni perezoso, para tenerlos así bajo su manto y comenzar a controlarlos en sus acciones informativas y denunciatorias. Labor en la que fue respaldado todo el tiempo por su esposa Alina Becerra y el después destapado Agente Félix, quien iba a diario a la casa de Hernández Rodríguez.

Sin tacto, los dueños del teléfono intentaron que las noticias donde estuviera involucrada la figura de Luís Ramón y el MAD tuvieran preponderancia por encima de otras. En cuanto a este punto en específico, todo era decidido por la señora Becerra, quien incluso, cuando surgían noticias de otros grupos disidentes, ella les aseguraba que el aparato había sido cortado.

Uno de los fundadores de Centro Press, Iván Lemas Romero amigo y condiscípulo mío, hoy exiliado, me relató: “Tuvimos que ir a morir a casa de Luís Ramón porque no teníamos otro teléfono para sacar noticias, entonces entre él, su esposa Alina y Junior, apodo del Agente Félix, primero trataron de aleccionarnos a las buenas, y nosotros no les contradecíamos por tacto…”.

“… ellos trataban que casi no enviásemos noticias, siempre usando los manidos argumentos de la falta de credibilidad y que necesitábamos poseer para cada despacho noticioso por lo menos tres fuentes creíbles. Además, este trío siempre nos interrogó mucho sobre las fuentes de las noticias y al nosotros informarles quienes eran nuestras fuentes…”.

“… entonces ellos informaban al G-2, que se encargaba de presionarlas y que se retractaran de lo dicho antes, el capitán Castellón, hoy Teniente Coronel Eduardo Castellón, se transformó en un avezado chantajista contra nuestras fuentes y logró quitarnos credibilidad ante los periodistas de Radio Martí, lo que trajo el fin de Centro Press”.

No obstante al descredito logrado contra los periodistas de Centro Press, esgrimido por algunos pocos trabajadores de radioemisoras de la diáspora cubana, los comunicadores sociales perseveraron en sus intentos de difundir noticias. Porque estos se dieron a la tarea de buscar fuentes para sus despachos verosímiles y no retractables ante las presiones represivas.

Fue cuando el Alto Mando del Ministerio del Interior consideró que la emisión de noticias no controladas por el gobierno era muy nociva para la estabilidad de Cuba, y emitieron las órdenes operativas para darle el golpe de gracia a Centro Press. Los gobernantes y sus represores de oficio se llegaron a creer de verdad, que la exposición de noticias se eliminaría en este territorio.

Así Luís Ramón Hernández les argumentó a los miembros de la agencia de noticias alternativas al Estado Totalitario, que él poseía pruebas de noticias falsas de integrantes de Centro Press. Razón por la cual, a partir de ese momento, el MAD presidido por él no facilitaría más el teléfono para que pudieran hacer su trabajo reporteril. Una defunción ordenada por el G-2.

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