¿Nuclear? No, Gracias (III), Carlos Alberto Martínez Muñoz.

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El Condado, Santa Clara, 24 de agosto del 2012, (FCP). A la par de las investigaciones para la construcción de ojivas nucleares, se desarrollaron otras para la producción de energía eléctrica a partir de la reacción de fisión nuclear. El reporte de 1939 del Comité Consultivo sobre el Uranio, así como una de las misiones de la Sección S-1, creada en EE. UU. en 1941, son buenos ejemplos de lo anterior.

Mientras esto sucedía en Norteamérica, un equipo científico dirigido por Joliot-Curie trabajaba en el Collège de France. En 1939 llegaron a la conclusión de que podía construirse una “máquina” capaz de producir energía sobre la base de la fisión nuclear controlada del U-235, utilizando agua pesada como moderador.

A fines del año 1940, Hans Halban y Lew Kowarski, los dos principales colaboradores de Joliot-Curie, lograron realizar en Inglaterra el experimento planteado por este. Así demostraron la posibilidad de que en un sistema de uranio y agua pesada pudiera ocurrir la reacción de fisión nuclear en cadena.

Durante los siguientes años de guerra y primeros de la posguerra, los esfuerzos de las potencias en conflicto se dirigieron a conseguir la fabricación de la bomba, mientras que las investigaciones sobre la generación de energía nuclear quedaron relegadas a un segundo plano. Ello, combinado con la política de secreto atómico, desfavoreció los avances en la nucleoenergética.

Poco a poco esta rama cobró prioridad en los programas nucleares de varias naciones. Además de EE. UU., la URSS e Inglaterra, naciones como Francia y Noruega alcanzaron éxitos en el terreno civil atómico. El progreso demostraba lo contraproducente de la política de secreto y bloqueo a la cooperación nuclear.

No es sino hasta fines de 1953 que el gobierno de Eisenhower proclamó la política de “Átomos para la Paz”. Posteriormente fue modificada radicalmente la Ley McMahon en EE. UU., para eliminar los obstáculos que impedían el intercambio internacional de datos, material y equipamiento nucleares.

En 1955, después de casi 15 años de aislamiento impuesto, la comunidad científica internacional se reunió en la primera Conferencia de Ginebra para el Uso Pacífico de la Energía Nuclear. En esta cita se resaltaron los beneficios de la nucleoenergética y de la aplicación pacífica de la reacción de fusión termonuclear.

Durante la conferencia, la URSS brindó información detallada sobre su Central Electro-Nuclear (CEN), primera en el mundo, con lo cual abrió el camino hacia la explotación industrial de la energía atómica. La CEN de Obninsk, de 5 MW de potencia, operaba con uranio enriquecido, empleaba grafito como moderador y agua pesada como refrigerante.

Dicha conferencia sentó las bases para la creación de una organización cuyo proyecto de estatutos fue entregado a la Asamblea General de la ONU en octubre de 1956. A pesar de las contradicciones existentes, se acordó crear el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y su sistema de salvaguardas.

El OIEA fue inaugurado en 1957, con sede en Viena, Austria, y su sistema de salvaguardas entró totalmente en vigor en 1963. En 1956 el gobierno de EE. UU. decidió abandonar las restricciones sobre los datos de los reactores de uranio enriquecido, y lanzar un programa de exportación para su venta.

En 1958, Francia contaba con tres reactores, dos de los cuales fueron provistos con instalaciones para la generación de electricidad. Treinta años después, con un presupuesto anual que rebasó en 1988 los 18 mil millones de francos y más de 54 mil personas vinculadas a las actividades nucleares civiles, Francia se colocó a la cabeza de la nucleoenergética en el mundo.

Cincuenta años después del descubrimiento en 1938 de la fisión nuclear, funcionaban en 27 países alrededor de 420 reactores para la producción de electricidad, con una capacidad superior a los 300 mil MW, cerca del 17% de la electricidad producida en el mundo. La energía nuclear se convirtió en una realidad.

Jean Frédéric Joliot-Curie, junto a su esposa, en el laboratorio de la Universidad de París.

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