Un Nuevo Bodrio de Traición (XX), Guillermo Fariñas Hernández.

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La Chirusa, Santa Clara, 17 de agosto del 2012, (FCP). Ante el descubrimiento por parte de la Seguridad del Estado que el favorito en intención de voto era Librado Linares García versus Luís Ramón Hernández Rodríguez, se concluyó que la campaña difamatoria no había sido efectiva. Por ello se elaboraron planes drásticos para de evitar que la Comisión # 11 de Concilio Cubano prosiguiera dirigida por este.

Fue cuando surgieron entre los analistas de la Policía Política, de una manera precipitada y hasta desesperada, tres propuestas para neutralizar a Librado Linares y a sus seguidores dentro de Concilio Cubano en la antigua provincia de Las Villas. Una de ellas implicaba lograr el objetivo trazado a corto o mediano plazo, pero a la misma vez se perdería mucho en un largo término.

La primera de estas era encarcelarlo y sacarlo de circulación durante todo el tiempo que durase este proyecto unitario en el seno de la disidencia no violenta nacional. De esta manera, Luís Ramón Hernández Rodríguez y sus acólitos asumirían el cargo de delegado de la Comisión # 11 de Concilio Cubano prácticamente sin oposición ninguna.

Mientras, la segunda consistía en el amedrentamiento de algunos de los seguidores de Linares García con chantajes respecto a sus salidas del país, la acentuación del desprestigio de Linares García y la incidencia en otros aspectos íntimos o vitales de sus vidas. Una tercera insistía en invalidar el sufragio de la Comisión # 11 al no existir una votación legítima.

Relata un retirado oficial de la Dirección General de Contra Inteligencia (DGCI) del Ministerio del Interior, haber sido testigo de varias reuniones llevadas a cabo al respecto. Él estuvo presente en muchas de ellas y allí se debatió un tema central: ¿Qué hacer para controlar mediante los agentes infiltrados a la Comisión 11 de Concilio Cubano?

Asegura que Raúl Fernández Mederos, entonces con grado de mayor y hoy coronel del MININT en la provincia de Sancti Spíritus, era partidario de poner a Librado tras las rejas y evitar su encumbramiento en la Comisión # 11 de Concilio Cubano. El represor aseguraba: “Compañeros, es mejor sacarse esa muela de raíz, que aguantar el dolor por mucho más tiempo”.

Fernández Mederos argumentaba a superiores y subordinados: “Para nosotros no debe ser importante si los contrarrevolucionarios se vuelven suspicaces y sospechan del encarcelamiento de Librado Linares, porque ya las sospechas sobre nuestros agentes existen, creo que lo fundamental es lograr que el proceso de unidad esté siempre en nuestras manos”.

Por otra parte, Mederos tenía a un duro trío de antagonistas que opinaban todo lo contrario, conformado por el coronel Antonio Véliz y los tenientes coroneles Eliseo Ramírez Velázquez alias “Diego Guillén” y Rubén Álvarez Pérez, apodado “Rubencito”. El primero era jefe de la DGCI en Villa Clara y los segundos sus sustitutos inmediatos en el referido órgano represivo.

Estos oficiales argüían a los reunidos: “Compañeros siempre recuerden que Librado Linares no es un opositor típico, porque él no aspira a exiliarse y si lo encarcelamos ahora, para controlar el proceso de unidad, cuando salga a los pocos años, será mucho peor que ahora, recuerden que debemos mirar el asunto con una visión estratégica y no solo táctica…”.

Y continuaban los integrantes de la tríada: “… lo peor en la conducta de Librado es su proyección proselitista en cada paso que da, él es un ideólogo y si se encarcela a un ideólogo, crearemos aquí sin quererlo a un contrincante de un estatura política tal, que se nos transformará casi en intocable, porque será premiado internacionalmente y eso sí que no nos conviene”.

Prosiguieron: “Creo que debemos seguir el desprestigio de su imagen dentro de la contrarrevolución, pero en cuanto a la campaña unitaria, ustedes saben bien que se tomarán medidas drásticas pronto y ni así este debe ser encarcelado, creemos que se les deben apretar las clavijas a algunos con derecho a voto, que aspiran a irse y tendremos los votos necesarios”.

La dirección que tomaron los acontecimientos no fueron decididos por los integrantes de la Seguridad del Estado de Villa Clara, incluso ni cuando se realizaron reuniones territoriales entre miembros de la DGCI en Cienfuegos, Sancti Spíritus y Villa Clara. Esa decisión la determinó el Alto Mando del MININT en Cuba y les dio la razón a Véliz, Ramírez y Álvarez.

Carlos Fernández Gondín, quien llevaba y aún lleva charreteras de General de División, era y todavía es el Viceministro Primero del MININT, resultó la persona que determinó lo que iba a hacerse. Este alto cargo otorgó su beneplácito a la segunda variable, después de oír los distintos criterios de los analistas y oficiales operativos involucrados, tanto provinciales como nacionales.

Deberíamos destacar como curiosidad, que los entonces mayores Raúl Fernández Mederos y Jorge Rodríguez Cortez junto a los capitanes Eduardo Castellón y Vladimir Ernesto Méndez Mauad dirigieron inconformes un Conducto Reglamentario al propio Ministro del Interior. La respuesta del General de Cuerpo de Ejército Abelardo Colomé Ibarra nunca se ha sabido.

Dice el citado oficial jubilado de la Dirección General de Contra Inteligencia en Villa Clara y suministrador de toda esta serie de datos que, a partir de ese momento en la provincia y en el territorio central del archipiélago, los integrantes de esa Dirección del MININT se dividieron. A los primeros se les denomina “Los Duros”, y a los segundos “Los Blandos”.

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