Un Nuevo Bodrio de Traición (XL), Guillermo Fariñas Hernández.

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La Chirusa, Santa Clara, 11 de enero del 2013, (FCP). La Policía Política del régimen, al observar el fracaso en su maniobra divisionista, se percató de que los denominados Asesores del Ayuno eran una auténtica barrera, por lo que optó por neutralizarlos como única manera de congelar a su favor la protesta cívica. Por ello, de un modo imperceptible, los asesores de los Ayunantes de Santa Clara se transformaron en blancos preferenciales del G-2.

Los entonces mayores del DSE Rubén Álvarez Pérez y Raúl Fernández Mederos, junto con el capitán Eduardo Castellón, instruyeron a su delator para que tratara de conversar separadamente con los líderes del ayuno. O sea, que tratase de influenciar en los ingresados reclamantes en circunstancias en las que no estuviéramos presentes ningunos de los asesores.

A partir de ese momento, el Agente “Félix” comenzó a acudir al hospital en un horario donde no coincidiera con los asesores, preferiblemente en horas de la noche. Fue el exprisionero de conciencia Omar Pernet Hernández, hoy exiliado en España, quien advirtió la no presencia del después devenido agente “Félix” durante las visitas diurnas a los Ayunantes de Santa Clara.

Ante esta conducta del apodado Junior, los asesores comenzamos a acudir también por las noches y nos topamos con el impedimento de que no nos dejaban pasar, mientras a Juan Francisco Fernández Gómez sí se lo permitían. Esto suscitó enconadas protestas por parte nuestra, pues no deseábamos que Junior manipulara a nuestros hermanos de luchas e ideas.

Para hacer esto se contó con la complicidad de los integrantes del Cuerpo Voluntario de Protección (CVP) del Hospital Universitario “Dr. Celestino Hernández Robau”, quienes poseían órdenes precisas de impedir nuestra entrada. En mi caso fui advertido por dos miembros de los CVP, que se les había indicado dejar acceder a Junior y bloquearnos a todos nosotros.

No obstante a esta burda maniobra manipulatoria, los asesores no nos dimos por vencidos tan fácilmente y asumimos caminos legales, ante el valladar que se nos situaba frente. Estos fueron los casos del Doctor en Medicina y Especialista en Neurología Armando Ocaña Salcines y el mío propio, quien por esas fechas aún era Psicólogo de la Salud y Especializado en Infanto-Juvenil.

Armando Ocaña y yo acudimos al Reglamento Interno del Ministerio de Salud Pública, donde reza textualmente: “Todo integrante del Sistema Nacional de Salud de la República de Cuba podrá acceder a cualquier instalación hospitalaria en el territorio nacional mediante su previa identificación personal del sistema, salvo a unidades de salud de índole cerrada…”.

Así que nos presentábamos ante los CVP y les enseñábamos nuestros respectivos carnés como miembros del Sistema Nacional de Salud y como ellos poseían orientaciones determinadas respecto a nosotros, no nos dejaban entrar. Entonces reclamábamos la presencia en la puerta de acceso del Subdirector de Guardia, para que este nos explicara como máxima autoridad allí.

Cuando estábamos en presencia de este subdirector le planteábamos que se violaba el Reglamento Interno del Ministerio de Salud Pública y como profesionales de la Salud pedíamos una explicación al respecto. Estas argumentaciones los desarmaban y por lo general, nos pedían que viniéramos de día para hablar con el director del hospital, doctor Carlos Ramos.

Como era de esperarse, la principal autoridad hospitalaria no nos podía recibir al día siguiente, lo que trajo nuestro aferramiento en estos reclamos, por lo que de nuevo en la noche se repetía la protesta de exigir el cumplimiento del Reglamento Interno del MINSAP. Años después supimos por boca de la Secretaria del Director, que a este lo presionaba la Seguridad del Estado.

Estos duelos de exigir que se acatara el Reglamento se prolongaron por cinco días, y nuestros hermanos en el hospital junto a sus familiares estuvieron al tanto de lo que ocurría. También los Ayunantes de Santa Clara ingresados le comenzaron a exigir al Doctor en Medicina y Especialista en Medicina Interna Luís Esteban Terry, que se cumpliese lo establecido.

La progenitora de Daula Carpio Mata, la opositora no violenta Felicia Mata Machado, apodada cariñosamente “Fela”, se le encaró al agente “Félix” y le dijo: “… óigame Junior, qué extraño está que a usted que trabaja en una Empresa de Proyectos lo dejen entrar todas las noches y a dos doctores del Ministerio de Salud Pública no los dejen…”.

Frente a esto la Policía Política se percató que su “agente estrella” perdía credibilidad en el seno de los Ayunantes o sus familiares y esto era lo último que ellos deseaban, por lo que se vieron precisados a ceder ante los reclamos. Asegura un exoficial de la DGCI que el hoy coronel Rubén Álvarez Pérez dijo contrariado: “… a veces para triunfar en la guerra… se necesita retroceder”.

Finalmente, el doctor Ocaña Salcines y yo fuimos recibidos por el director del centro sanitario, quien nos explicó que nuestra pertenencia al Ministerio de Salud Pública había sido comprobada en La Habana y ya podíamos entrar o salir del hospital cuando quisiéramos. Esto sucedió al sexto día de reclamaciones y fue algo bastante inesperado para nosotros.

Solo aparentemente el Aparato Represivo había perdido una escaramuza en la guerra con nosotros sus adversarios políticos, pero sin renunciar a sus objetivos de manipular a su favor las emociones de los huelguistas o sus consanguíneos. Toda su Agentura, incluido el Agente “Lector” fue advertida de que los argumentos de los Asesores eran prioritarios para el Mando.

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