Un Nuevo Bodrio de Traición (XLI), Guillermo Fariñas Hernández.

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La Chirusa, Santa Clara, 18 de enero del 2013, (FCP). El agente Félix de la Seguridad del Estado a partir de ese momento se transformó en más sutil, en su trato con los Ayunantes, sus familiares y los Asesores. Respecto a nosotros, los Asesores del Ayuno, recibió instrucciones precisas de casi no tratarnos ni intercambiar palabras, para evitar roces y malos entendidos.

Así, cuando los asesores estábamos allí en horas de la noche, él alegaba que necesitaba platicar con alguno de los ayunantes a solas y discretamente, pues alguien importante del exilio le enviaba un aviso personal. Y nos pedía permiso a los allí presentes para que el recado de marras no pudiera llegar a oídos de la Seguridad del Estado.

Un argumento en sí totalmente infantil, pues es sabido que la Policía Política posee todos instrumentos para grabar todas las conversaciones telefónicas desde y hacia el exterior del país. Este organismo dentro del Ministerio del Interior se denomina KT, donde todos los departamentos nombrados con K equivalen a Chequeo y T es el del Telefónico.

Y como los huelguistas se desplazaban en sillas de ruedas por las Polineuropatías Periféricas, se los llevaba empujándolos por los pasillos, mientras les trasmitía el supuesto recado de los exiliados para ellos. Estos mensajes eran para manipularlos e inducirlos a que abandonasen su postura de desafío cívico al régimen totalitario.

Cuando cotejábamos con el ayunante al que le habían enviado “el aviso”, indefectiblemente alguien desde la posición de exiliado anticastrista le prometía un cargo o una posición importantísima en la primera línea desde el exterior. Lo que por supuesto le acarrearía una solvencia económica inmediata por tratarse de héroes antitotalitarios de estos tiempos.

Por suerte para la causa de la democracia en Cuba, salvo la excepción de Danilo Santos Méndez, el Agente “Félix” no pudo arrastrar a Los Ayunantes de Santa Clara a que dejasen el ayuno de alimentos. Incluso en el caso de Santos Méndez, al percatarse que sus compañeros de huelga decían que no la terminarían, este se retractó y asumió la misma actitud que ellos.

Esta actitud de principios asumida por los Ayunantes de Santa Clara, evitó que el plan de desprestigio instrumentado meticulosamente contra ellos por el G-2 no se pudiera ejecutar. Estaban preparadas todas las condiciones mediáticas y conformadas las de matrices de descrédito al interior del país y fundamentalmente en el seno de la diáspora cubana.

Recuerda un exoficial del MININT involucrado en el caso: “… realmente fue muy frustrante para todos los que estábamos a la espera, que el Agente Félix convenciera a los huelguistas de dejar la protesta, para a partir de ahí proyectarlos como unos cobardes, unos oportunistas, unos malos hijos, esposos, padres y todo lo que se nos ocurriera decir negativo sobre ellos…”.

Prosigue el antiguo represor: “… se fue altamente meticuloso, porque para la campaña que sobrevendría contra los huelguistas, después que estos dejaran su huelga, incluso como no existía Facultad de Periodismo o Comunicación Social en la Universidad Central de Las Villas, tuvimos que viajar a La Habana para enfocar científicamente el descrédito a ellos…”.

Concluye el ya jubilado miembro de la Seguridad del Estado: “… entre los especialistas de la Universidad de La Habana que recuerdo estaban Randy Alonso Falcón, quien programó la desacreditación como graduado en Comunicación Social y Rosa Mirian Elizalde, que nos planificó a partir del punto de vista periodístico, pero… todo fue por gusto”.

Ante esto, la Seguridad del Estado castrista se tuvo que ver en la necesidad de instrumentar a varios de sus agentes en La Habana, para que influyeran entre los diplomáticos norteamericanos para acelerarles los procesos como Refugiados Políticos. Estos pidieron al Jefe del Departamento de Refugiados adjunto a la SINA, que priorizaran la salida de quienes morían.

Mientras, sus infiltrados en el exilio cabildearon para que los congresistas cubanoamericanos presionaran también desde allá a las autoridades ejecutivas y presidenciales de Estados Unidos de América. Los aún miembros del Congreso de Estados Unidos Ileana Ros-Lehtinnen y Robert “Bob” Menéndez, así como el ya retirado Lincoln Díaz-Balart lograron lo solicitado.

Al verse involucrado el Poder Parlamentario de los Estados Unidos de América, el status de Refugio Político de los Ayunantes de Santa Clara se aceleró y los familiares de estos valientes compatriotas fueron citados de inmediato. Estas citaciones sirvieron para aflojar un poco la tensión en el ayuno y dar la esperanza que existía una salida.

Las fuerzas represivas, con marcada frialdad, dejaron que los angustiados familiares hicieran todos los trámites correspondientes, también hicieron entrever que los huelguistas podrían salir a pesar de estar sancionados penalmente. Los oficiales que prometieron esto a los Ayunantes de Santa Clara y a sus consanguíneos fueron: Raúl Fernández Mederos y Eduardo Castellón.

Sin embargo, la cuestión no sería tan fácil como les dibujaban estos represores con rostros de buenas personas a sus adversarios políticos: Los Ayunantes de Santa Clara, porque detrás de esa supuesta bondad existía un odio de venganza hacia aquellos que los habían desafiado. Solo que… había que esperar a que terminase el mes de enero de 1998.

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