Para los cubanos y sobre todo para las cubanas, cocinar en los últimos tiempos se ha convertido en un problema mayúsculo, pues entre las tantas carencias que se les van haciendo habituales a los habitantes de esta infausta isla, no hace mucho se le añadió a la inmensa lista de faltantes, aunque nadie lo crea por la estructura geográfica de este país,! la sal!, que de ahora en lo adelante vendrá en paquetes de un kilogramo por casa y cada tres meses, por lo que transcurrido un tiempo comenzó su ausencia en la sazón y con ello el descontento y el resurgir de los comentarios:
—-Que la están exportando para China, dijo muy segura de sí, Teté.
—–¡Que no!, lo que pasa es que se han dado cuenta que ese producto afecta la salud, trató de convencer Ramiro, el chivato y seguroso del barrio.
—–Clotilde, que le priva regar bolas afirmó, que lo que había que hacer era dirigirse a la sede del partido comunista en Villa Clara y hacer una reclamación formal, que así se resolvería el problema.
Los vecinos se dejaron convencer y partieron rumbo al antiguo edificio de obras Públicas en la carretera a Camajuaní, pero al ver que pasaban las horas y nadie los atendía, comenzaron a impacientarse y ya molestos, con la jocosidad del doble sentido que caracteriza a los nacidos en esta tierra la emprendieron a gritar unánimes:
—– ¡Sal de Cuba, Raúl!, ¡Sal de Cuba!