Al comenzar Guillermo Fariñas su huelga de hambre y sed el pasado 24 de febrero y con la posterior declaración de Raúl Castro de que “no accedería a chantajes ni presiones”, la única solución del problema pareció ser la muerte del mismo. Así las cosas y con el transcurrir del tiempo, se afianzó esta idea y se pensó que el asunto no tendría otra solución.
No obstante la muerte de Fariñas, constituiría para el régimen un costo político muy difícil de superar, sobre todo, internacionalmente, además de que no sería la solución del problema pues el Ingeniero Félix Antonio Bonne Carcassés anunció, que con la muerte de Fariñas el tomaría su lugar para continuar la protesta.
En ese estado de de cosas, el régimen comenzó a tratar de salir de problema de una forma decorosa, puesto que cometido el absurdo político de declarar públicamente, que no accedería a las peticiones de Fariñas. Por ello se acercó a la Iglesia Católica en Cuba, en la figura de su cardenal Jaime Ortega Alamino, con un gran despliegue de información en la prensa oficialista cubana.
Esto parecía ser el inicio de unas negociaciones en la que el gobierno pudiera no dejar morir a Fariñas y que pareciera que era a petición de la Iglesia y no por las demandas del huelguista en cuestión, que el gobierno pondría en libertad los presos.
Así las cosas, en ese interín, se produjo la visita del Canciller Dominique Mambertti y la X Semana Social Católica del 16 al 20 de junio, la cual, a pesar de que nunca antes se había mencionado en la prensa cubana, en esta ocasión se le dio una gran cobertura a la misma, para de esta manera darle aún mayor importancia a las presuntas negociaciones con la Iglesia.
Pero aún, en esas negociaciones carecían de algo y era su internacionalización. El gobierno cubano deseaba, la eliminación de la llamada “Posición Común”, que mantiene la Comunidad Económica Europea hacia Cuba. Y no había cosa mejor, que introducir en ellas al canciller de la antigua metrópoli, pues, de ser estas exitosas, Moratinos podía llevar a Europa un mensaje que diera al traste con la política antes citada.
Así, con la participación de la Iglesia y Moratinos, se produjo al fin la noticia de la liberación de 52 presos políticos, es decir, el doble de lo que pedía Guillermo Fariñas y de esta forma se impedía su muerte ya cercana.
No obstante, a pesar de todas las maquinaciones del régimen y sus recovecos políticos, usados en estas negociaciones para tratar de dejar fuera de las mismas al actor principal Guillermo Fariñas, todo el pueblo cubano y la opinión pública internacional, saben perfectamente, que su protesta pacífica es la causa de la liberación de los presos y que la participación de todos los otros factores fueron sólo un juego político del régimen para salir lo mejor parado posible de estas situación.
Pero como dijo Fariñas, al posponer su huelga de hambre y sed declaró que: “esta confrontación entre demócratas versus antidemócratas, no tiene vencedores ni vencidos, sino que ha ganado Cuba, nuestra Patria”. Sólo podemos agregar, que este ha sido un hecho histórico, pues es la primera vez que el gobierno que detenta el poder, desde hace más de 50 años, ha tenido que ceder ante las demandas de un cubano de a pie.