Marx Traspoló su Judaísmo III y Final, Carlos Valhuerdi Obregón.

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Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 22 de junio de 2012, (FCP). Los sefardíes representan el 60% de la población judía mundial, destacándose el grupo establecido en Marruecos. En el siglo X, el bíblico Asquenaz (Gén. 10,3) fue el nombre hebreo utilizado por los judíos para designar a Alemania, lugar donde empezaba a surgir una comunidad hebrea muy fuerte en los territorios ocupados por el Sacro Imperio Romano Germánico.

Desde Renania, los judíos asquenazíes fueron desplazándose hacia el este. Llegaron a Polonia entre los siglos XV y XVI, muchos de ellos durante los siglos XIX y XX emigraron a Norteamérica e Israel. Asquenazí, nombra uno de los dos grandes grupos judíos, atendiendo a los criterios de origen geográfico y tradición cultural.

Concretamente, el término hace referencia a las comunidades judías medievales del norte, centro y este de Europa, así como a sus descendientes. Los asquenazíes difieren de los sefardíes en sus leyes, costumbres, liturgia e idioma. El yidis (judeo-alemán) es la lengua más usada por ellos. Actualmente son más de 10 millones de personas, o sea, el 85% del total de la comunidad judía.

El Judaísmo reformista, fue un movimiento regeneracionista surgido entre los judíos a principios del siglo XIX. Los reformistas alemanes, como Israel Jacobson, pretendían regenerar el culto público al realzar su belleza y relevancia, al eliminar el material obsoleto e introducir oraciones en el idioma vernáculo, un sermón semanal, coros, música de órgano y la confirmación.

Justificaron su posición al apelar a la autoridad tradicional, aunque muy pronto quedó en evidencia que no se consideraban vinculados a las normas y fórmulas del Talmud. Abandonaron las plegarias por un Mesías personal, y se mostraron receptivos al método crítico de lectura de los textos judíos, incluida la Biblia.

Esta forma de culto fue usada por Marx en sus asambleas y la describe Martí de forma genial en el tomo IX de sus Obras Completas: “…Tanta gente ha ido a oírles hablar que rebosa el salón…Repiten en coro con aplausos frases de Karl Marx, que cuelgan en cartelones por los muros…Leen cartas…Suenan músicas; resuenan coros, pero se nota que no son los de paz”.

Este judaísmo reformista fue el conocido por Karl Marx, quien nació en Tréveris, el 5 de mayo de 1818 en el seno de una familia judía asquenazí y estudió en las universidades de Bonn, Berlín y Jena. Marcado desde niño por las concepciones religiosas de la familia, al abandonarlas no lo hizo del todo, pues dichas concepciones habían calado hondo en su personalidad.

Por lo que supo traspolar todas sus concepciones judías a la sociedad, a la economía, a la historia y hacia la filosofía, incluido el mesianismo como aspecto fundamental. Comenzó por negar al Dios único y absoluto para crearse otro, no tan absoluto, la Materia, que como Yahvéh es “increada y eterna, pues no se crea ni se destruye solo se transforma”, según Marx.

Transformación esta, que se puede relacionar con una concepción herética sobre la Trinidad de los cristianos, llamada Modalismo, que plantea que el Hijo y el Espíritu Santo son modos de presentarse Dios, el Padre, según le convenga. Llegó incluso a plantear que al ser todo materia, la conciencia y el pensamiento eran formas o cualidades de materia altamente desarrolladas.

Dejó de concebir la idea del mesianismo individual y de fusionar al Mesías con el pueblo judío para identificarlo con la nueva clase social explotada que surgía: el proletariado. Estos obreros serían los encargados de redimir e implantar la nueva sociedad, un mundo idílico como el Reino de Dios o la Nueva Jerusalén Celestial, donde se acabaría el sufrimiento y reinaría la igualdad.

Dicho Paraíso terrenal estaría dirigido por hombres cuasi perfectos y altruistas, que se resistirían ante cualquier prebenda o beneficio, porque incluso, ya habían rechazado ellos mismos, de lleno, a la Propiedad Privada. Todo esto estaba encaminado a abreviar la llegada del Comunismo, mediante el sacrificio, el desinterés y la formación de una conciencia revolucionaria pura.

En semejante lugar de “bienaventuranzas” no existirán delincuentes ni policías, todo sería uniformidad y unanimidad, cada cual tendría lo que necesitaría y el amor al trabajo y al prójimo no necesitarían incentivos. Al igual que en los tiempos apostólicos todo sería de todos y no existirían ni mentirosos, ni corruptos, ni aprovechados, el amor reinaría en ese “cielo comunista”.

Esto lo lograrían mediante la lucha de clases, pues el proletariado estaba llamado a ser el sepulturero de la burguesía y su capitalismo, en una batalla del bien contra el mal de la opresión, como la batalla bíblica del Armagedón. Luego se crearía un reinado intermedio, el Socialismo, hasta lograr llegar al Comunismo con el Hombre Nuevo, nada más parecido al Milenarismo.

Además como Yahvéh Sebaoth mandó a exterminar pueblos enteros, que no le fueron obedientes, y preservar así a los fieles de la amenaza y de la contaminación que estos representaban, de igual manera los seguidores de Marx: dígase Lenin, Stalin o los Castro han hecho lo mismo. A los contestatarios y al que se les interponga hay que eliminarlos para purificar la sociedad.

Faltole vaticinar sobre la marca de la bestia, pues en esa Dictadura del Proletariado, así aclaró Marx que no sería democracia y quienes manden no serán precisamente obreros, sino demagogos oportunistas que marcarán de por vida los que no se les sometan y los alaben, cual noveles dioses elegidos por sí mismos. Ejemplos sobran, tanto en Cuba como en la otrora Europa comunista.

Karl Marx negó al Dios único y absoluto para crearse otro, no tan absoluto, la Materia.

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2 Respuestas a “Marx Traspoló su Judaísmo III y Final, Carlos Valhuerdi Obregón.

  1. Un buen articulo hermano .sigan luchando que ese día biene llegando.a nosotros nos falta poco para cambiar lo que tenemos.

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