Un Nuevo Bodrio de Traición (XI), Guillermo Fariñas Hernández.

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La Chirusa, Santa Clara, 15 de junio del 2012, (FCP). El escollo no previsto ni por la Seguridad del Estado cubana ni mucho menos por Luís Ramón Hernández Rodríguez fue que eligieron como nuevo presidente del MAD a Williams Valera Vega. Este ahora exiliado, era de mayor veteranía que Hernández Rodríguez en la oposición pacífica y fungía como fotógrafo profesional.

Sin lugar a dudas, los viejos militantes del codiciado MAD no se dejaron engatusar por las apariencias publicitarias y protagónicas de Luís Ramón. Uno de ellos me confesó hace algunos años: “No te sabría decir qué no me gustaba de Luís Ramón, pero en su mirada había algo que no me convencía y por eso yo voté por el fotógrafo, creo que fue por intuición”.

La Inteligencia Interna de la Seguridad del Estado sí conocía de la próxima gestación de otro proyecto de grupo opositor legítimo y autóctono en la región central, y le era perentorio contar con una contraparte para combatirlo. Los integrantes del Ministerio del Interior sabían que pronto se fundaría el Movimiento Cubano Reflexión (MCR) en la municipalidad de Camajuaní.

Este potencial peligro contra la estabilidad del Estado Totalitario, según los cánones de la dictadura, consistía en deducir la impenetrabilidad del núcleo gestor del MCR, porque eran amigos desde la infancia. Cuestión demostrada por el tiempo, pues Joaquín Cabezas de León, Juan Carlos Chávez Ruiz, Librado Linares García y Manolo Sarduy Segredo eran impenetrables.

Fue por eso que el Teniente Coronel Eliseo Ramírez Velázquez, por entonces Primer Sustituto de la Dirección General de Contra Inteligencia del Ministerio del Interior necesitó imponer a las malas a Luís Ramón Hernández al frente del MAD. Él dio órdenes precisas a sus subordinados para que el infiltrado asumiera la presidencia del grupo disidente a cualquier costo.

Raúl Fernández Mederos, hoy coronel en la provincia de Sancti Spíritus, por aquel momento mayor de la Seguridad del Estado y jefe provincial del Departamento de Enfrentamiento a la Actividad Subversiva Enemiga, implementó un chantaje violento. No se debe dejar de mencionar que fue el capitán Boris Luís Arribas, Primer Oficial Operativo, quien efectuó el trabajo sucio.

Para ejecutar la parte impúdica de la labor ellos crearon un denominado “Grupo de Choque”, donde se agruparon y manipularon a opositores auténticos con otros con antecedentes de presos comunes y conductas marginales, así como cooperantes a conveniencia de la represiva. También lo conformaron abiertos agentes de la Seguridad del Estado como Luís Ramón Hernández.

Es interesante que en la creación del Grupo de Choque, el supuestamente alejado del MAD agente “Félix”, fue quien dio las instrucciones precisas a los implicados en la propia casa de Luís Ramón. Pues en aquel preciso momento todavía Hernández Rodríguez no contaba con seguidores y la Policía Política le conformó a priori aquella entidad agresora.

No obstante, la auténtica membresía del MAD prefirió no enfrentar a Luís Ramón Hernández y a sus recién aparecidos como agresivos incondicionales, porque ya efectuaban los trámites finales para salir del país y priorizaron esto último. Los que aún no estaban en esos menesteres no se atrevieron a defender al nuevo presidente, por lo que este se vio totalmente solo.

Los militantes del MAD, al observar el alto nivel en el lenguaje de amenazas hacia la vida e integridad física de Williams Valera Vega y la impunidad con que contaban estos acólitos de Luís Ramón, como presos viejos se dieron cuenta “que olía a quema’o”. O sea, ellos comprendieron, aunque ya bastante tarde, que iban a ser acaparados por el G-2.

Como modus vivendi los infiltrados de la Seguridad del Estado en el MAD acusaron de un fraude manipulado por la represiva la elección de Williams Valera, cual presidente del movimiento. Y clamaron por realizar una nueva votación para encabezar el MAD, cuestión a la que Varela Vega se negó tozudamente, pues comprendía que así legitimaría a un agente del DSE.

Los otros militantes del MAD asumieron igual postura, la de hacer una resistencia pasiva frente a la avalancha de psicópatas armados que respaldaban a Luís Ramón Hernández. Algunos, con mucho miedo, les acotaban: “La elección se hizo delante de mí y yo nunca vi fraude por ningún lado, pues Alina, la esposa de Luís Ramón, fue la que contó las boletas”.

Un poco después tildaron a Williams de haberse robado una mesada de ayuda financiera enviada por exiliados, que le había entregado a este, nada más y nada menos que el agente “Félix”, recién llegado de Miami. Aquí trataban de desprestigiar a la figura del nuevo presidente del MAD y así hacerlo más vulnerable políticamente en su aislamiento.

Al darse cuenta de que no podrían forzar a una nueva elección y temerosos de la fundación del MCR, los represivos llevaron al Grupo de Choque ante la vivienda de Williams Valera Vega con armas cortantes en ristre. Allí se produjo un cerco de unas 36 horas, permitido por el DSE, hasta que comenzaron a derribarle la puerta frontal y este pasó una hoja con su renuncia por debajo.

Con ese documento en su poder, Luís Ramón tomó la presidencia del MAD y se preparó para ser “El Cacique Opositor en Santa Clara”, ciudad que más preocupa al G-2 en la región central. Un exoficial del DSE implicado en este Golpe de Estado, me dijo: “Al salir electo Williams todo se trastocó, pues se ejecutó con mucho apuro y la credibilidad de Luís nunca se pudo consolidar”.

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