Para que Sean Transparentes (III), Carlos Alberto Martínez Muñoz

El Condado, Santa Clara, 29 de junio del 2012, (FCP). Los desagües y las tuberías rotas que vierten aguas albañales contaminan los ríos con numerosas sustancias tóxicas orgánicas e inorgánicas, dañinas para la salud de humanos, animales y plantas. Algunas bacterias y algas son capaces de utilizar estas sustancias en su beneficio, lo cual les da una ventaja competitiva en estos hábitats contaminados.

Aguas grises y negras, ricas en nutrientes aprovechables por numerosos microorganismos, fluyen por kilómetros y kilómetros de ríos. Los organismos microscópicos que en ellas pululan absorben sus nutrientes y sintetizan nuevas sustancias necesarias para su crecimiento y proliferación.

Como hay tantos contaminantes disponibles para ser absorbidos y utilizados, las bacterias y algas son capaces de crecer explosivamente y reproducirse a velocidades increíbles. Este proceso se vuelve tan intenso y rápido que los microorganismos consumen todo el oxígeno disuelto en el agua y crean zonas anóxicas.

Este proceso, llamado eutroficación, es típico de corrientes fluviales y lagos contaminados, ricos en nutrientes. Con el agotamiento del oxígeno disuelto en el líquido, las otras formas de vida que aun persisten mueren por anoxia.

La bioacumulación también se manifiesta en las plantas que crecen en las riberas de las corrientes contaminadas. Numerosas sustancias tóxicas pasan al suelo adyacente a los ríos polucionados, son absorbidas por las plantas y se acumulan en sus tejidos, hojas y frutos.

Sorprende y alarma entonces ver numerosas plantaciones de plátanos a lo largo de los ríos de la ciudad de Santa Clara. Las personas, que evidentemente no tienen la menor idea de lo que hacen, utilizan los frutos para la alimentación de ellos y de sus hijos.

Algunos de los platanales son tan añejos como los agujeros de las tuberías que los irrigan. Sus apetitosos y tóxicos frutos han alimentado a abuelo, abuela, papá, mamá, nené e incluso a algún que otro marranito, que luego habrá servido para acompañar con su carnita y grasita tóxicas un delicioso plato de tostones.

Si ya están preocupados por esas familias, lo estarán aun más al saber que no es plátano lo único que siembran, pues también plantan yuca y malanga. Dichos tubérculos demoran más en crecer, y por lo tanto tienen más tiempo para acumular y concentrar contaminantes.

Nadie puede decir ahora mismo cuántas familias están afectadas por esta mala práctica de agricultura de subsistencia. Por supuesto que esta situación no preocupa a nuestro maravilloso ejército de batas blancas, que solo acude al llamado oficialista, pero que parece no ver esta terrible situación.

Esperemos que no sea la muerte de una persona el detonante de acciones eficaces y con enfoque integrador, que conciban el saneamiento de los ríos como algo más que dragado y recogida de escombros. Por ahora, falta voluntad política.

Las tuberías rotas que vierten aguas albañales contaminan los ríos con numerosas sustancias tóxicas orgánicas e inorgánicas

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