La Teología Wesleyana (I), Antonio Raúl Machado García.

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Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 17 de agosto de 2012, (FCP). En diferentes círculos prevalece una popular e incorrecta idea que afirma que el metodismo no tiene una teología definida y que en la tradición wesleyana una persona puede creer cualquier cosa. Nada más lejos del error, pues aunque es cierto que Juan Wesley enfatizó la libertad de pensamiento, hay que verlo dentro del contexto total de su proyecto teológico.

Es sumamente importante, sobre todo para el pueblo metodista cubano, sumergirse en las raíces del metodismo, puesto que se encuentra hoy más que nunca amenazado con la destrucción. Un inminente peligro, cual nieblas macabras en un bosque, ha amordazado la Iglesia Metodista cubana y ya ni siquiera se respira libertad en ella.

Lo esencial en la teología de Wesley es la salvación del alma solo por la gracia de Dios, fue este su concepto clave y lo que determinó la totalidad de su pensamiento y escritura. Cuando leemos su propia experiencia, podemos inferir que fue ella la que lo llevo a pensar, que esto era el centro del mensaje bíblico.

Para este apóstol del Altísimo, la gracia del Dios Trino significa fundamentalmente dos cosas: favor y poder. En otras palabras, Dios, por medio del sacrificio de su hijo Jesucristo, devuelve a los seres humanos su favor divino, y mediante el poder del Espíritu Santo restaura su imagen dentro de sus corazones, la cual se había perdido en el Edén.

El favor y el poder de Dios, ambos vienen a la realidad por medio de la fe: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Ef.2.8-9). La fe en Jesucristo y arrepentimiento del pecado es lo que Dios exige para la salvación, es una actividad que brota del corazón del creyente que procura seguir a Cristo.

En el año 1739, El Altísimo y Sublime comenzó el avivamiento en Inglaterra por medio de un grupo de jóvenes estudiantes en la Universidad de Oxford, que solo se propusieron ser cristianos bíblicos. El 25 de junio de 1744, Wesley invitó a un grupo de cinco ministros anglicanos y cuatro predicadores laicos, para hablar sobre la misión que Dios les había confiado.

Su hermano Carlos Wesley se encontraba entre los ministros invitados a esta originaria reunión, posteriormente esta convocatoria llegó a ser, entre los metodistas, lo que se conoce como la Conferencia Anual, y desde entonces se celebra cada año. En la misma se discuten una serie de preguntas, sobre las que se toman serias decisiones por los asistentes.

En la Conferencia Anual de 1744, las primeras preguntas abordaron el tema de la enseñanza y el ministerio de la predicación del movimiento metodista. Las Actas de las primeras conversaciones desde 1744 al 1747, se conocen como “Las Actas Doctrinales”, las mismas constituyen una prueba de cuan importante era para Wesley el contenido de la enseñanza y la predicación.

Existe un segundo grupo de actas conocidas como “Las Actas Largas”, que proceden del periodo de 1774 a 1789 y abordaron el asunto respecto a la organización del movimiento, pero estas no se trataron con la misma prioridad que Las Actas Doctrinales. Esto se debió a que la función de la organización es apoyar la enseñanza y la predicación con la verdad necesaria para la salvación.

“… toda persona seria que estudie estos sermones verá muy claramente cuáles son las doctrinas que sostengo y enseño como esenciales para la verdadera religión”. Esta declaración del señor Wesley, se encuentra en el prefacio a la primera edición de sus sermones, donde se puede apreciar su preocupación por lo que realmente era imprescindible a la exposición del evangelio.

Su erudición era amplia y con sus estudios en Oxford, y su avidez para la lectura podía incursionar por diferentes campos del conocimiento como la filosofía y la teología especulativa, y la apologética. Sin embargo, su prioridad mayor era la doctrina cristiana, su funcionamiento, su estructura y descubrir como sus elementos se relacionan.

Sobre todas sus responsabilidades y distintas actividades, él se consideraba un evangelista, un pastor, un maestro para estar al lado del necesitado y asistirlo con una palabra, la oración y una ayuda según fuera la ocasión. Para Wesley la doctrina cristiana era la misma que aparecía en el Didache ton apostólon, “la Doctrina de los apóstoles” (Hch.2.42).

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