La Teología Wesleyana (IV), Antonio Raúl Machado García.

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Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 7 de septiembre de 2012, (FCP). El fundador del Metodismo, el señor Juan Wesley, tenía sus propias y firmes opiniones religiosas, a pesar de ello, todas sus enseñanzas están dirigidas a aquellas doctrinas que son esenciales para la salvación y la vida cristiana. Él creía firmemente que las opiniones, ciertas o equivocadas, no constituyen “marcas distintivas” de un metodista.

Otra distinción importante que hace este profeta de Dios, es entre el hecho de que una doctrina es verdadera, y la manera y el cómo es verdadera. El Altísimo ha revelado muchos hechos que son ciertísimos, pero no nos ha dado datos de cómo estos llegaron a serlo, esto se aplica a los grandes misterios de la fe.

Sabemos que el Dios Todopoderoso es un ser Trino, pero no tenemos el conocimiento de cómo esto es real. No tenemos dudas que el Creador es el que hizo este vasto universo, pero los detalles de lo sucedido cuando envío Su Palabra para traer todas las cosas a la existencia, es un misterio para nosotros y así lo dispuso Jehová.

Tenemos en nuestro conocimiento que “el Verbo (Jesucristo) se hizo carne” (Jn.1.14), pero la forma en que Él “…no estimó el ser igual a Dios…, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres” (Fil.2.6-7), no fue revelada. En los casos que el proceso no ha sido explicado, no tenemos que aceptar cualquier teoría que intente exponerlo.

A través de la historia muchas contiendas religiosas y persecuciones se habrían evitado si los cristianos pusieran en práctica esta distinción, y fuesen más celosos en guardar La Palabra de Dios íntegramente y no tanto sus propios juicios. A los fariseos, Jesús les dijo: “Hipócritas…, pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres” (Mt.15.7-9).

El propio Wesley tenía sus particulares distinciones, a las que no siempre se adhería debido a que no son estrictamente necesarias para la salvación. Evitaba hacer especulaciones sobre cómo los grandes misterios de la fe son verdaderos, porque tal información no nos ha sido desvelada y no es esencial para llegar al cielo.

La teología wesleyana está influida por lo que él llama, en el sermón 39, “El espíritu católico”, término que no se refiere a la Iglesia Católica Romana, sino a al universal aceptación de todos los verdaderos cristianos. Su actitud de tolerancia hacia la libertad de opiniones (“Pensamos y dejamos pensar”), es una consecuencia inmediata de este espíritu católico.

En el mismo sermón, él declara que la diferencia de opiniones es el resultado ineludible de nuestra debilidad y limitada comprensión, pues somos personas finitas e imperfectas, propensas a cometer errores. Pablo, el apóstol, dijo: “Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará” (1Co.13.9-10).

El espíritu católico sobre todo es humilde, pues está dispuesto a reconocer sin reservas, que nadie puede tener completa seguridad de que la totalidad de sus opiniones puedan ser verdaderas. Todos los seres humanos estamos sujetos a la ignorancia y al prejuicio, por lo tanto, cualquier persona sabia permitirá a otros la libertad de pensamientos que desearía para ella misma.

Jesús estableció “La regla de oro”: “Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas” (Mt.7.12). No solo Wesley habló de ella, sino que era su norma para discutir sobre opiniones religiosas, y era la regla para las sociedades metodistas también.

Para quien quisiera formar parte de las mismas, esto era una práctica: “Sólo se requiere una condición: un profundo anhelo de salvar su alma. Si existe esto, es suficiente y no se desea ni se enfatiza nada más. La única pregunta que hacen es esta: ¿Es recto tu corazón como el mío? Si lo es, dame la mano” (O. de Wesley, Tomo V, p.392).

Lo anterior demuestra cuanto significaba el amor para el pensamiento teológico wesleyano, aun cuando se abordara alguna de las doctrinas esenciales. Este apóstol para Inglaterra trató siempre con respeto a los que lo criticaban y a sus detractores. Necesidad imperiosa tiene el metodismo cubano de volver a las “sendas antiguas”, para poder ser ejemplo al pueblo de La Isla.

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