La Teología Wesleyana (V), Antonio Raúl Machado García.

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Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 14 de septiembre de 2012, (FCP). Ya nos hemos percatado que para Juan Wesley, fundador del Metodismo, el propósito de la teología era principalmente el descubrimiento de la doctrina cristiana, para que esta pudiera ser enseñada. El objetivo de este gran hombre fue que el mensaje bíblico pudiera llegar íntegramente, con toda su eficacia, hasta el alma humana.

Los puntos básicos desarrollados por él y la forma en que estos tienen que ver unos con otros, habían sido descubiertos y difundidos por teólogos anteriores a Wesley, por lo que no se puede decir que fue su contribución al pensamiento teológico cristiano. Como Sacerdote de la Iglesia de Inglaterra, dijo que él enseñaba lo que estaba escrito en los documentos de la Iglesia.

Consideraba el surgimiento del movimiento metodista como algo promovido por Dios, para reformar la Iglesia y volverla a sus fuentes originales, la Iglesia Apostólica. Según él, la intención del Altísimo era “no la formación de una nueva secta; sino reformar la nación, particularmente la Iglesia; y esparcir la santidad bíblica sobre la tierra” (Works. Jackson ed. 8.299).

Si comparásemos el metodismo cubano contemporáneo con sus raíces wesleyanas, sin la necesidad de un profundo análisis, nos daríamos cuenta que el de la Isla es una triste caricatura del original, que de este solo queda el nombre. El metodismo del siglo XXI del Obispo Pereira, no es más que una amalgama de religión, comunismo, populismo y un despotismo enfermizo.

Hay una particularidad, sin lugar a dudas, en la forma en que Wesley formuló su teología, en primer lugar es digna de admirar su habilidad para comunicar estas enseñanzas, tanto a la gente común como a los ricos e intelectuales. Su meta era ofrecer una «verdad sencilla a la gente sencilla» y esto lo logró al desarrollar una teología popular.

Aceptó conscientemente el reto, como los apóstoles, de hablar y escribir para que la gente común pudiera entenderle y así escuchar el evangelio. Tuvo la capacidad, concedida por Dios, de explicar términos teológicos formales en un lenguaje fácil, cuyo resultado fue la confrontación de sus oyentes y lectores con sus realidades morales-espirituales.

La segunda particularidad de su teología consistía en la convicción de que sus puntos doctrinales básicos, podían convertirse en experiencias personales por la obra del Espíritu Santo. Es por esto que su sistema teológico era significativo para cualquiera, porque suponía que pudiesen sentir lo que las doctrinas enseñaban.

Parte del genio de este profeta era su destreza para describir dicho proceso, al reunir en una síntesis creativa el énfasis en la justificación por la fe y en la santificación, puntos neurálgicos en la teología wesleyana. La forma en que él unifica ambos conceptos como etapas en el camino hacia la salvación es verdaderamente admirable.

Él demuestra su independencia como pensador cuando expone y describe cómo lleva a cabo su teología, para que el mayor número posible de personas pudiera encontrar el camino a la presencia de la Divinidad. Su mecanismo era apartarse de todo cuanto había leído hasta entonces, para concentrarse en lo que Dios le hablaba por Las Escrituras.

Al seguir su propia cadena de pensamientos, establece su característico método (como los apóstoles y los cristianos del primer siglo): apartarse a solas con Dios y la Biblia, y en el Sagrado Libro encontrar el camino al cielo. Si surge alguna duda en cuanto a la claridad del significado, ora al Creador y pide sabiduría.

En su búsqueda, trataba de usar pasajes que consideraba claros para interpretar el significado de las partes que no lo estaban, y así concentra todo su poder racional para entender el contenido. Si todavía tenía alguna duda en cuanto al significado del texto, consultaba con personas de probada experiencia cristiana, y los textos de escritores ya fallecidos.

Su tendencia estuvo siempre dirigida a no dar por seguro lo que le habían enseñado, sino que llegaría a sus propias conclusiones con el uso de la Palabra de Dios, los libros escritos por otros anteriormente, la experiencia viva como testigo y sus poderes racionales. Esas fueron las fuentes y criterios para hacer su labor religiosa, la «Teología Wesleyana».

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