¿Nuclear? No, Gracias (IV), Carlos Alberto Martínez Muñoz.

Carlos Alberto.jpg

El Condado, Santa Clara, 31 de agosto del 2012, (FCP). Por supuesto que Cuba no escapó a la pandemia de “fiebre nuclear” que sufrió el mundo en la primera mitad del siglo XX. La mayor de las Antillas también dio cortos y tímidos pasos en la carrera por implementar una política nuclear, así como algunas de las bondades de la nueva tecnología con fines pacíficos.

Grau San Martín, presidente de Cuba en 1947, firmó el 8 de noviembre el Decreto 4052 (2), mediante el cual dejaba constituida la Comisión Nacional de Aplicaciones de la Energía Atómica a Usos Civiles. Esta se subordinó al Instituto Nacional de Hidrología y Climatología del Ministerio de Salubridad y Asistencia Social.

Cuba solo contaba en aquella época con ocho equipos de terapia con rayos X, y apenas comenzaba a experimentarse con las primeras “agujas de radio” para tratar el cáncer de piel. No fue hasta 1950 que se utilizaron por primera vez radioisótopos para el tratamiento del cáncer en el hospital “Reina Mercedes”, de La Habana.

Un hecho insólito ocurrió el 16 de octubre de 1953. El joven abogado Fidel Castro Ruz, durante su autodefensa en el juicio por el ataque al Cuartel Moncada, cuando en el mundo no existían aún centrales nucleares en funcionamiento, habló de energía nuclear.

Castro, deslumbrado por la nueva tecnología, expresó: “…las posibilidades de llevar corriente eléctrica hasta el último rincón de la Isla son hoy mayores que nunca, por cuanto es ya una realidad la aplicación de la energía nuclear a esa rama de la industria, lo cual abaratará enormemente su costo de producción”.

En junio de 1955, Fulgencio Batista disolvió la comisión creada por Grau y fundó una nueva, la Comisión de Energía Nuclear de Cuba (CENC). La CENC tuvo entre sus objetivos el estudio de las posibilidades de instalar reactores nucleares en el país.

Un año después, Batista firmó un Acuerdo de Cooperación Bilateral con el gobierno de Eisenhower en el campo de la energía nuclear, que contemplaba la construcción de un reactor, un acelerador, una fuente de cobalto y varios laboratorios auxiliares. A fines de ese año se celebró en La Habana el Primer Foro Nacional sobre Aplicaciones Pacíficas de la Energía Nuclear.

Sin embargo, no fue hasta 1958 que se introdujo en el país la primera “bomba de cobalto” para irradiación terapéutica. Lo irónico es que en esta gestión el Ministerio de Salubridad y Asistencia Social no intervino para nada, pues fue comprada por dos médicos cubanos, quienes la instalaron en el Instituto del Radium “Juan Bruno Zayas”.

En cuanto a proyectos nucleoeléctricos, existieron dos. Uno fue la instalación de un reactor con capacidad de 11,5 MW en una central electronuclear pequeña que la Compañía Cubana de Electricidad planeaba construir en el centro de la Isla, en un punto cercano a la Ciénaga de Zapata, idea que fue abandonada luego de un análisis de los costos.

Santa Lucía, en la provincia de Pinar del Río, fue el emplazamiento seleccionado para el otro proyecto. La construcción de la central nuclear de 20,5 MW, propuesto por la compañía londinense Mitchell Engineering Ltd., tampoco llegó a materializarse.

A fines de la década, el gobierno no había hecho nada en cuanto a protección radiológica, solamente otorgar más vacaciones al año para el personal vinculado a la aplicación de radiaciones. A pesar de la importancia del tema nuclear, las seis primeras décadas del siglo XX terminaron sin penas ni glorias atómicas para la Isla.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s