¿Nuclear? No, Gracias (V), Carlos Alberto Martínez Muñoz.

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El Condado, Santa Clara, 7 de septiembre del 2012, (FCP). Con el cambio de gobierno a partir de 1959, se inició una nueva época en materia nuclear para Cuba. Lo primero que se nos ocurrió fue, por supuesto, “embarcarnos” -y lo digo con doble sentido- en una aventura bélica atómica. Lo que pocos imaginaban era que la Mayor de las Antillas se convertiría en epicentro de la mayor crisis de la era nuclear.

Los gobiernos de Cuba y la URSS decidieron incrementar la capacidad defensiva de la Isla para poder enfrentar una supuesta agresión norteamericana. Para ello se trasladaron y ubicaron, entre julio y septiembre de 1962, 42 cohetes portadores nucleares de alcance medio, junto con 40 mil efectivos de las fuerzas armadas soviéticas y 24 grupos de baterías antimisiles.

Ante tal despliegue, EE.UU. puso en alerta más de 100 mil efectivos, sus bases coheteriles, los submarinos nucleares dotados de misiles Polaris, y el 25% de la aviación estratégica portadora de bombas nucleares. Kennedy declaró que en caso necesario utilizaría las armas nucleares contra la URSS y Cuba, y el 24 de octubre se activó un bloqueo aéreo y naval contra la Isla.

El mismo día 24, la URSS decretó la máxima disposición combativa de sus tropas, y parecía inminente el desencadenamiento de una conflagración nuclear. Por suerte, tanto Kennedy como Kruschov prefirieron usar palabras en vez del uranio y comenzaron a enviarse mensajes desde el 23, en medio de una intensa negociación mediada por el Secretario General de la ONU, U Thant.

Mientras tanto, para continuar con la nueva tradición cubana, iniciada en enero de 1959 y ya bien establecida en 1962, la de ser un pequeño cocodrilo verde con una gran bocota, Fidel Castro envió una carta al Secretario de la ONU con cinco demandas “terminantes”. Estas debían ser cumplidas por Estados Unidos para resolver el conflicto.

Pero esto no tenía nada que ver con el cocodrilo, pues era entre el águila calva y la vaca roja, que negociaron la retirada de misiles de Cuba y Turquía como peones intercambiables. El día 27 se pusieron de acuerdo los dos K: La URSS retiraría los misiles de Cuba y EE.UU. levantaría el bloqueo y no invadiría la Isla.

La reacción del comandante Fidel Castro fue muy crítica, cuando el día 27 conoció por Radio Moscú la proposición del trueque de cohetes hecha por Kruschov, y así se lo hizo saber al Embajador soviético, Alexander Alexeiev. Se consideró que la fórmula ofrecida por Moscú para solucionar la crisis, sin contar con Cuba, era incoherente.

Finalmente, el 1ro de noviembre, Kennedy ordenó el levantamiento del bloqueo, y al día siguiente comenzó el desmantelamiento de las rampas de misiles para su envío a la URSS. Se imaginarán la pataleta y los coletazos que hubo de este lado del Caribe, cuando se desvaneció el delirio de grandeza de convertir a Cuba en una nueva potencia nuclear.

Y vaya que ha sido una pataleta duradera. El 14 de febrero de 1967 se firmó el Tratado de Prohibición de Armas Nucleares en América Latina, conocido como Tratado de Tlatelolco, rubricado por todos los países de la región excepto Cuba, que no lo hizo hasta 1995.

Otro tanto sucedió con el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP), el cual entró en vigor en 1970, cuando fue ratificado por EE.UU., la URSS e Inglaterra, seguido de la firma de 40 países, que fueron ya 130 en 1985. En este caso la perreta atómica duró hasta el 2002.

No obstante, el Estado cubano adolece de mala memoria. Una muestra de ello son las declaraciones de Yenielys Regueifeiros, representante del Parlamento cubano en la recién concluida Conferencia Internacional “Desde la Prohibición de los Ensayos Nucleares hacia un mundo libre de armas nucleares”.

Allí se atrevió a decir que la aspiración máxima de los Gobiernos debe ser la eliminación y prohibición total de las armas nucleares, como si Cuba no se hubiese abstenido por décadas de rubricar los tratados. De todas formas, nunca es tarde para sentar cabeza y comenzar a expiar la culpa de haber llevado al planeta al borde de la aniquilación nuclear.

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