¿Nuclear? No, Gracias (VI y final), Carlos Alberto Martínez Muñoz.

Carlos Alberto.jpg

El Condado, Santa Clara, 14 de septiembre del 2012, (FCP). A pesar del gran revés político y militar que significó la retirada unilateral, por parte de la Unión Soviética, de los cohetes atómicos emplazados en Cuba, la nación caribeña no renunció a su programa nuclear. Desde los primeros años se apostó decididamente por el desarrollo de la energía nuclear.

La nucleoenergética adquiriría una gran importancia en años venideros. Convencido de ello, el 19 de abril de 1968, el primer ministro Fidel Castro Ruz expresó en una intervención pública: “La energía del futuro, la energía fundamental, la energía de la cual deberá depender imperiosamente la humanidad del futuro es la energía nuclear.”

Para poner en práctica el programa nuclear cubano se crearon varias instituciones en la década del 60. Fueron fundados el Instituto de Oncología y Radiobiología, el Centro Nacional de Investigaciones Científicas y el Instituto de Física Nuclear de la Academia de Ciencias, que contó con un reactor subcrítico de uranio natural y agua ligera.

En la década del 70 se abrió paso a la enseñanza especializada en esta rama a nivel universitario, con el objetivo de formar profesionales calificados para la investigación. Así se crearon en la Universidad de La Habana los departamentos de Física Nuclear en la Facultad de Física y de Energética Nuclear en la Facultad de Ingeniería Eléctrica.

Pronto Cuba comenzó a recibir colaboración internacional por medio del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME). En Abril de 1976 se convino con la Unión Soviética la construcción de una central electronuclear en el país.

A principios de 1980, se reestructuró la actividad nuclear, y se constituyó la Comisión de Energía Atómica de Cuba (CEAC). “Casualmente” fue nombrado Secretario Ejecutivo de esta comisión desde su creación Fidel Castro Díaz-Balart, quien dirigió a su vez la Secretaría Ejecutiva para Asuntos Nucleares (SEAN), organismo encargado de implementar las directivas.

Parece que el ADN del virus de la “fiebre nuclear” se había integrado al genoma del líder histórico de la Revolución Cubana, y pasó oculto a la siguiente generación. Pacientemente esperó el ambiente propicio para expresarse en las células de baby Castro, ambiente que encontró en la Universidad Lomonósov de Moscú.

Nuevas instituciones educacionales se crearon en los 80. En 1981 se fundó el Centro Politécnico Electronuclear de Juraguá, en 1987 se inauguraron dos: el Centro de Estudios Aplicados al Desarrollo Nuclear, y el Instituto Superior de Ciencia y Tecnología Nucleares, donde se impartían las carreras de Física Nuclear, Radioquímica y Energía Nuclear.

El programa nuclear cubano llegó a planificar la construcción de tres centrales electronucleares (CEN): una en Cienfuegos, una en Holguín y otra en el occidente del país. La CEN de Juraguá, Cienfuegos, contaría con cuatro reactores de procedencia soviética, con una potencia de 417 MW cada uno, el primero de los cuales comenzó a construirse en 1983 y el segundo en 1985.

Por fortuna, el derrumbe del campo socialista interrumpió la construcción de la CEN de Juraguá en 1992. Si no hubiese sido así, la combinación del inestable combustible nuclear fisionable con el cubaneo, el tropicalismo, y el accidental derrame del refresco gaseado de la merienda sobre el panel de control, ya habría reducido a cenizas radioactivas nuestra sandunguera civilización.

Con el tiempo, la humanidad ha adquirido conciencia sobre los peligros latentes que presenta la nucleoenergética. El accidente de Chernóbil y más recientemente el de Fukushima, constituyen buenos ejemplos de que la seguridad nuclear es un mito, incluso para naciones tecnológicamente avanzadas como Japón.

Loable ejercicio de democracia realizó la nación nipona que, por el rechazo de la población en audiencias públicas y encuestas, acaba de decidir su conversión a país libre de energía nuclear para el 2030. Imitemos la sabia decisión del único pueblo del mundo que ha sufrido un ataque atómico y digamos: “¿Nuclear? No, gracias”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s