Seleccionan Documental Equivocado, Carlos Valhuerdi Obregón.

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Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 14 de septiembre de 2012, (FCP). El pasado 11 de septiembre, para recordar el golpe de Estado militarista ocurrido en Chile en 1973, la televisión cubana retransmitió el documental “El Santo Padre y la gloria” realizado por la procastrista Estela Bravo. Este material fílmico relata la visita del Beato Juan Pablo II a ese país en 1985, cuando sufría una dictadura, lo que facilitó a los cubanos una comparación.

Pues aún está fresca en nuestra memoria la reciente visita de Benedicto XVI a Cuba, situación que aprovechó la dictadura comunista de los Castro para detener a todos sus opositores pacíficos y desconectarles sus teléfonos, impidiéndoles así cualquier manifestación de descontento. Por todo el país fuimos obstaculizados, unos encarcelados y otros con detención domiciliaria.

Gracias a cámaras pertenecientes a periodistas internacionales, el mundo pudo ver la golpiza que miembros de la Seguridad del Estado y un agente de la Cruz Roja Cubana le propinaron al opositor pacífico Andrés Carrión Álvarez en la misa que el Papa ofició en Santiago de Cuba. Sépase que solo expresarse en contra del gobierno, fue lo que motivó la paliza.

Sin embargo, el filme de Estela muestra cómo, en medio de una dictadura tan cruel como la de Pinochet, los chilenos pudieron recibir al Papa con carteles que reclamaban la libertad para los presos políticos y otros que condenaban a la dictadura y sus atrocidades. Se nota además que aunque padecían desinformación esta era menor que en Cuba.

Esto quedó demostrado en las entrevistas que la Bravo realizó a varios jóvenes, tanto a los del Barrio Alto, donde vivían los militares, como a los escolares pertenecientes a la mediana burguesía. Los primeros habían compartido en fiestas con el dictador, pero en su mayoría sabían de las torturas, que no había democracia, “que se necesitaba un cambio”, llegaron a decir algunos.

Los otros, aunque más pequeños de edad estaban más concientes de la situación y hasta conocían los nombres de algunos torturados. Las más desinformadas, aunque no todas, fueron las escolares hijas de militares, pues creían que la joven Carmen Rosa, que había sido quemada por los carabineros junto a otro joven, se autoinfringió esas lesiones según versión oficial.

Se cuestionaban esto los que mejor razonaban, pues decían que no es posible hacerse daño uno para culpar a la dictadura. En esto hay bastante parecido con la dictadura castrista, aunque aquí la desinformación es total y toda la población está sometida a un adoctrinamiento tan férreo que afecta hasta la conciencia, impidiéndoles pensar por sí mismos, por lo que el temor es mayor.

Ambos países han padecido destinos semejantes. Chile pasó de una dictadura comunista donde reina la escasez y el desprecio por los derechos humanos a una de derecha donde las violaciones a la integridad física fue más palpable, mientras que Cuba pasó de la tiranía de Batista a un totalitarismo de ultraizquierda, que dura ya más de 53 años.

En ambas los dictadores y sus testaferros tratan de desvirtuar la realidad de los sometidos, la explotación y las violaciones a los derechos humanos. En ambas se perdió el sentido de democracia, y para los esbirros, quien se oponga es un enemigo, nunca un adversario político, pues, desde que usurpan el poder, eliminan todo pluralismo y por ende la libertad de expresión.

Allá en Chile el Papa pudo recibir a Carmen Rosa para darle consuelo expresándole: “Yo sé lo que pasa y lo comprendo todo”. A su llegada, una mujer humilde del pueblo pudo leerle unas palabras que eran el sentir de los más pobres, donde le decía que estaban cansados de dictadura, de torturas y asesinatos, de desempleo y salarios injustos y de tanta pobreza.

Tuvo en realidad un efecto contrario el documental seleccionado, pues recordamos que todo eso y más pudimos decirle al Papa los cubanos, pero las fuerzas represivas nos lo impidieron y no tuvimos voces que gritaran por nosotros. Quienes podían hacerlo no lo hicieron o fueron sutiles en sus denuncias. Nadie habló de golpizas, de derechos conculcados ni de asesinatos políticos.

Es por ello que la dictadura y sus acólitos se sienten cada vez más intocables, por lo que la represión se recrudece, los asesinatos políticos aumentan. Unos enmascarados de enfermedades como los de Juan Wilfredo Soto García y Laura Pollán y otros de accidente como los de Oswaldo Payá y Harold Cepero, quienes fueron ultimados a solo 4 meses de la visita del Papa a Cuba.

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