Un Nuevo Bodrio de Traición (XXII), Guillermo Fariñas Hernández.

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La Chirusa, Santa Clara, 31 de agosto del 2012, (FCP). Los dirigentes opositores del centro del país se percataron que debían acudir a una táctica poco ortodoxa y sorpresiva para lograr la hasta ahora impedida votación de la Comisión # 11 de Concilio Cubano. A este grupo de compatriotas les surgió una idea que pudiera calificarse hoy día de brillante.

Para eso, se comenzó a difundir entre los disidentes pro-libradistas y sobre todo los pro-luisramoncistas la versión de que Librado Linares había encontrado una nueva casa para efectuar el frustrado sufragio. A modo de señuelo dirigido a la Seguridad del Estado, se recalcaba la idea de: “… la vivienda que encontró Librado está muy cerca del parque Leoncio Vidal”.

Un anónimo y jubilado oficial de la Dirección General de Contra Inteligencia del Ministerio del Interior en Villa Clara, nos explicitó: “En cuanto conocimos sobre la nueva vivienda disponible para la votación nos activamos en la búsqueda de esta, para ello hicimos una investigación en un radio de 7 cuadras alrededor del parque Vidal, que incluyó unas 42 manzanas a investigar…”.

Prosiguió: “… lo primero que se buscó fue sobre ciudadanos que poseyeran cualquier vínculo familiar, amistoso, de estudio o trabajo con alguien que fuera disidente conocido o hubiera militado en la oposición, ante los resultados negativos de esta primera búsqueda, la jefatura ordenó ampliar la indagación a otros segmentos sociales dentro de la ciudadanía…”.

Y continuó nuestro informador: “… entonces se investigaron cientos de viviendas, donde residieran exprisioneros políticos, antiguos colaboradores contrarrevolucionarios, familiares de exiliados o emigrantes en el exterior, también personas que en los últimos tiempos habían entregado el carné del Partido Comunista o la Unión de Jóvenes Comunistas…”.

Este exrepresor añadió: “… al no tener ninguna certeza objetiva de la ubicación de la posible sede para hacer la votación, se les orientó a la agentura infiltrada, que aceptaran realizar la votación, porque hasta ese momento se les había indicado que pusieran distintos pretextos para no asistir a la elección del delegado de Comisión # 11 de Concilio”.

El grupo de los anticastristas auténticos, tras percatarse de que la Policía Política y sus agentes infiltrados ya habían mordido el anzuelo, por las preguntas e indagaciones que estos constantemente hacían, determinó dar el segundo paso. Este sería el decisivo, y consistía en convocar a la reunión de marras para un día y una hora determinados.

Debido a eso, en una fría mañana en el mes de diciembre del hoy lejano 1995, a los apresurados transeúntes que atravesaban el parque “Leoncio Vidal” de Santa Clara, les era inexplicable la tensión que se respiraba allí. En ese sitio público flotaba una atmósfera tirante, el contexto estaba demasiado cargado, sin embargo no se veía ni un solo policía de uniforme por allí.

Una ruta de ómnibus con el número 3 entró a aquel gran espacio abierto, por la calle de la iglesia “Buen Viaje”. Cerca de unas 50 personas de apariencia y vestimenta civil se pusieron en guardia, eran los conocidos agentes de la Seguridad del Estado, encabezados por el mayor Raúl Fernández y los capitanes Boris Luís Arrivas junto a Eduardo Castellón.

Asimismo, otra veintena de hombres y mujeres dieron sendos respingos en sus correspondientes asientos parquesinos, todos eran disidentes pacíficos, cuando vieron descender del medio de transporte, a un hombre de tez blanca, pelo negro y complexión corporal delgada. El sujeto era Librado Linares García y escondía su nerviosismo tras una estudiada coraza de indiferencia.

Linares García había citado a todos los que estaban al frente de alguna organización contestataria en la región central y se dijo a sí mismo el viejo el refrán popular: “A la tercera va la vencida”. Con antelación comunicó por igual, tanto a los que intuía eran informantes, así como a los auténticos antitotalitarios, que del parque irían para la cercana casa a votar.

Los contrainteligentes fidelistas, esperaron con un gran operativo montado en los alrededores del parque Vidal, que abarcó cinco cuadras a la redonda. Ellos no querían intervenir prematuramente, pues deseaban conocer la vivienda. A la tríada Fernández – Arrivas – Castellón, “se le hacía la boca agua” en lo que harían al dueño de la residencia cuando ellos lo arrestaran.

Con una ecuanimidad que hasta a él mismo le asombró, Librado caminó por todo el parque más céntrico de la ciudad de Marta Abreu, pidiéndoles a sus hermanos de ideas democráticas que lo siguieran, pues al instante irían para el sitio donde se ejercería el sufragio. Todos, detractores y seguidores, le acompañaron ante las propias narices del G-2, que supuestamente “lo sabe todo”.

Y como quien no quiere las cosas, Librado se dirigió hacia el lateral este del parque Vidal, introduciéndose de pronto en compañía de los otros opositores, en la antigua sede del Palacio de Gobernación de Las Villas, donde hoy se asienta la Biblioteca Provincial “José Martí”. Los sorprendidos disidentes a pedido de este se sentaron en una de las mesas para la lectura.

Él previamente traía confeccionadas las boletas electorales en sus bolsillos, también acarreó consigo bolígrafos, lápices y hasta gomas de borrar. Allí mismo, sin darle tiempo a los delatores de prevenir a los represores, se efectuó sin contratiempos la elección. Al leer los resultados ante todos se ratificó a Librado Ricardo Linares García como delegado territorial de Concilio Cubano.

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