Un Nuevo Bodrio de Traición (XXIII), Guillermo Fariñas Hernández.

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La Chirusa, Santa Clara, 7 de septiembre del 2012, (FCP). Muchos de los anticastristas de aquel momento histórico, quienes en su inmensa mayoría están exiliados hoy, comprendieron que la unidad en la diversidad de la oposición no violenta les daría la victoria frente al totalitarismo. Razón por la cual se olvidaron de las diferencias en sus personales concepciones políticas y se concentraron en lo que les unía.

La reelección de Librado Linares García como Delegado de Comisión # 11 de Concilio Cubano en las tres provincias centrales que abarcaban la antigua provincia de Las Villas, logró demostrar que el G-2 no era infalible. Algo que aportó nuevos ánimos a las incipientes organizaciones prodemocráticas del territorio central de Cuba en su lucha desigual.

Sería bueno, para no faltar a la verdad, decir que también quedó electo cual Vicedelegado de la referida Comisión # 11, el colaborador de la Seguridad del Estado Luís Ramón Hernández Rodríguez. Esto porque varios de los opositores con derecho a votar y pro-libradistas resultaron impedidos de llegar al escrutinio por las autoridades represivas.

Pero como me comentó años después el poeta, ensayista y politólogo Joaquín Cabezas de León, destacado miembro del Movimiento Cubano Reflexión: “… con la ratificación de Librado se le asestó un fuerte golpe a los agentes de la Seguridad del Estado en Las Villas y ya no podían manipular a Concilio aquí, porque el toro lo teníamos por los cuernos nosotros”.

A partir de ese momento, sin ellos saberlo comenzó otra etapa en el bregar diario de los disidentes de la zona central en el arraigo de aquel proyecto unitario Concilio Cubano. Debido a que demostró una cuestión fundamental: “Si se actúa con inteligencia, habilidad y discreción la Seguridad del Estado puede ser superada a pesar de su poder represivo”.

Sin lugar a dudas, esta victoria sobre las profesionales fuerzas represivas del régimen fue clave en la posterior madurez de la lucha civilista en este territorio tan tradicionalmente anticastrista, desde el propio año 1959. Y elevó a niveles insospechados las competencias que asumiría desde entonces gran parte de la dirigencia anticastrista en esta región geográfica.

Este grupo de delatores encabezados por Juan Francisco Fernández Gómez, el Agente Félix del G-2, y Luís Ramón Hernández Rodríguez no se quedaron quietos, ellos recibieron órdenes de arreciar la propaganda difamatoria versus Librado Linares. Una actitud que casi no arrojó resultado positivo alguno, pues los desacreditados desde hacía bastante tiempo eran ellos.

Existieron algunos intentos por parte de estos de restarle autoridad al Delegado reelecto de Concilio Cubano en Las Villas, quienes contaban desde La Habana con la complicidad de Odilia Collazo Valdés, la Agente Tania del G-2. No obstante, todos ellos resultaron derrotados y evitados con gran maestría por Librado y otros dirigentes que lo respaldaban.

Dentro de los métodos más usados por la Policía Política castrista estuvo el enviar los documentos desde la máxima dirección de Concilio Cubano a Luís Ramón Hernández y no a Librado Linares, quien era el superior jerárquicamente. Algo que se neutralizó con frecuentes viajes a La Habana por parte de Linares y sus constantes visitas a los altos jerarcas del Concilio.

Un oficial retirado de los menesteres de la Dirección General de Contra Inteligencia (DGCI) me acotó: “Le fuimos interponiendo obstáculos planificados a la delegación de Concilio aquí en Las Villas y vimos con una mezcla de asombro, impotencia y respeto que las reacciones ante los impedimentos eran muy mesuradas y maduras, como si ya las estuvieran esperando”.

Y prosigue: “… esto nos dio una clara medida de que ya nos estábamos enfrentando a otro tipo de opositores dentro de los grupúsculos, porque ellos se sentaban previamente a prever y meditar cuáles posibles pasos en su contra nosotros daríamos para neutralizarlos y esto en nuestra ciencia se denomina Planificación de la Contrainteligencia”.

Continúa este exrepresor: “… no eran todos los contrarrevolucionarios a los que enfrentábamos aquí quienes actuaban así, pero sí pudimos diferenciar que existía un núcleo dentro de estos que no aspiraba a salir del país, que respondía a nuestras técnicas de neutralización por miedo u otorgamiento de prebendas con desprecio y franco desafío, esto a mí sí me asustó”.

E insiste: “… pudimos apreciar que los núcleos contrarrevolucionarios de los municipios Camajuaní y Placetas en Villa Clara se destacaban por autoprepararse para enfrentarnos planificadamente y sin aspiraciones públicas a abandonar el país, incluso varios de los que sí deseaban salir de Cuba, asumieron esta misma postura de esperar sin temor nuestros ataques”.

Sin embargo, aunque aquí en Las Villas todo iba bien encaminado respecto a Concilio Cubano, por lo que solamente se esperaba la respuesta del gobierno totalitario de Fidel Castro Ruz al proyecto. Los líderes opositores incluidos en la Comisión # 11 hacían esfuerzos para no darles pretextos descohesionadores a los conocidos intrigantes de la Seguridad del Estado.

Ante los logros alcanzados a nivel nacional por esta iniciativa unitaria, la misma tenía los días contados, pues no solo en la región central se había arraigado la visión de la Unidad Necesaria. También en otros lugares del archipiélago se había consolidado Concilio Cubano y los autócratas determinaron dar una respuesta brutal y represiva, lo que mejor saben hacer.

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