De Aquí y de Allá, Ramón Jiménez Arencibia.

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El Condado, Santa Clara, Villa Clara, 19 de octubre del 2012, (FCP). Sistemáticamente la prensa oficial, la única que circula en todo el país por los principios que rigen la vida de la sociedad cubana, publica lo que le interesa a la élite gobernante que el pueblo conozca. Constituye un instrumento más del poder totalitario, que junto a las otras organizaciones progubernamentales son un soporte del actual régimen.

A diario ofrece información sobre los más disimiles aspectos de la sociedad, pretenden educar al pueblo con teorías y argumentos, que han sido rebatidos por la historia. Justifican cada paso que la dirección política emprende, aunque este contradiga la lógica racional. Defienden ahora a capa y espada los pasos que se dan para aplicar curitas de mercurio cromo al sistema.

Convertidos en parte de la campaña presidencial de Chávez asumieron el triste papel de divulgar ampliamente las medidas demagógicas de un amplio carácter populista, que el chavismo había implementado. Arremetieron contra los adversarios del líder bolivariano a los que llamaron burgueses, agentes de los monopolios y de las trasnacionales extranjeras.

Claro está, esto es parte de la política de la izquierda latinoamericana y mundial, que no acaba de aceptar que fue un error grave de los teóricos marxistas-leninistas de proclamar que el socialismo era irreversible. Hoy alentados por el apretado triunfo de su candidato en Venezuela, pretenden darle vida a un cadáver putrefacto sepultado ya por la historia.

No pueden ocultar su alegría al informar en las páginas de los diarios, como también en las emisiones de radio y televisión, los problemas económicos y financieros que afectan a la Eurozona. Critican abiertamente las medidas que estos gobiernos adoptan para paliar la crisis, reducir el déficit fiscal, disminuir el desempleo y eliminar los gastos superfluos.

Miran a Europa, a las dificultades que enfrentan en la actualidad, pero jamás los dirigentes del Partido y del Estado cubano ni sus medios de comunicación han dicho la verdad sobre el Viejo Continente. No reconocen que vivieron cincuenta años separados por la fuerza y que después de esto los líderes europeos asumieron el reto de la integración.

El balance de esta integración, a pesar de estar sometida a los más feroces ataques de la izquierda, se puede juzgar de provechosa. De ello se ha beneficiado, tal vez en forma ignorada por los gobernantes cubanos, la paz, la seguridad y la estabilidad mundial, junto con la economía y la cultura, como es lógica la integración no ha estado exenta de errores.

Señalar los errores actuales, y la profunda crisis financiera que afecta a un grupo de ellos, no debe significar desconocer el legado positivo que ha emergido del proyecto de integración. La Unión Europea y su antecesora la Comunidad Económica Europea han contribuido de forma significativa al mantenimiento de la paz mundial.

Hoy, este bloque de naciones se enfrenta a graves problemas económicos-financieros y se ha visto obligado a realizar fuertes ajustes para eliminar en unos casos o reducir en otros el déficit fiscal. Las medidas aplicadas en países como España, Portugal, Grecia e Italia han encontrado mucha incomprensión y una fuerte resistencia organizada por la izquierda.

Estos factores no pueden perdonar a este grupo de naciones que constantemente monitorean el problema de las violaciones de los Derechos Humanos en Cuba. Sancionan al régimen iraní con diversas medidas de carácter económico para obligarlos abandonar su plan de construir el arma nuclear, y apoyan a los rebeldes que luchan por devolverle la libertad al pueblo sirio.

Desde aquí seguimos con viva preocupación los reportajes que nos llegan a través de la prensa oficialista. Las manifestaciones, huelgas y marchas alentadas por parte de algunos sectores, obscurecen el panorama de estos países. No obstante, existe la voluntad mostrada con firmeza de estos gobiernos de continuar con las medidas para salir de la crisis.

De allá nos viene la certeza de que los gobiernos democráticos sabrán aplicar políticas de protección laboral y ambiental, aunque de inmediato se vean en la necesidad de reducir el gasto público, lo que debe afectar transitoriamente a los sectores de la población más vulnerables. Situación esta que aprovecha la izquierda para desatar su ofensiva.

La presa oficialista constituye un instrumento más del poder totalitario.

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