El Lenguaje no Cambia, ni el Modelo Tampoco, Ramón Jiménez Arencibia.

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El Condado, Santa Clara, Villa Clara, 5 de octubre del 2012, (FCP). El Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, usó la palabra en el 67 Periodo de Sesiones de la Asamblea General de la ONU. Nada nuevo aportó el canciller cubano sobre la grave y compleja situación internacional. Reiteró lo que es repetitivo en la agenda de los países pertenecientes a la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA).

Rodríguez Parrilla, el Canciller, volvió a hablar en su tedioso discurso sobre el Embargo Económico de los Estados Unidos de América (EUA) contra Cuba, del incumplimiento por esta nación del principio de no intervención, de las agresiones que realiza contra países árabes. También habló del impulso a la carrera armamentista y el apoyo que brinda al Estado de Israel.

Se refirió a la situación siria, pero pasó por alto la política de guerra genocida que el gobierno de Bassar Al Assad aplica contra ese pueblo, como son los continuos bombardeos contra indefensas ciudades, la persecución, arrestos y asesinatos de líderes opositores. El Canciller manifestó su oposición a que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas condene a ese régimen.

En su larga intervención ante el plenario, Bruno Rodríguez Parrilla volvió a reiterar los mismos argumentos contra los Estados Unidos, que no ha dejado de utilizar el gobierno cubano desde el año 1959. Entre ellos mencionó la voracidad por nuestras riquezas, la imposición de modelos de cultura, la injerencia en nuestros asuntos internos y la promoción de golpes de Estado.

Convertido este Canciller en uno de los tantos voceros que el castrismo ha instrumentado para apoyar la candidatura de Chávez a la presidencia de Venezuela, cumple el triste papel encomendado. Muchos de los conceptos esgrimidos contra esa gran nación, como es el principio de no intervención, ha sido violado reiteradamente por el gobierno cubano.

Recuerden tan solo a los países africanos, Etiopía, Angola y otras tantas naciones de ese continente, que vieron sus suelos hollados por la presencia de tropas cubanas. Pero también la historia de América Latina, de los años 60, 70 y 80 del siglo pasado, enseña que las guerrillas que ensangrentaron las tierras latinoamericanas, eran hijas de la Revolución Cubana.

Acusar en sus largos alegatos, de que las inversiones norteamericanas solo buscan llevarse las riquezas de los países receptores, es una falsedad con la cual ocultan sus enormes deficiencias. El progreso alcanzado por estas naciones se debe fundamentalmente, a la lógica más racional, que ve en las mismas la palanca que se necesita para arrancar el motor averiado.

Nacionalizar y expropiar las inversiones extranjeras, como fue el caso de la Argentina y de Bolivia, son un clásico error populista. ¿Qué pretende con ello esta izquierda revuelta y aparentemente triunfal? ¿Acaso van a revertir la marcha del proceso histórico, olvidarse de que la humanidad vive interrelacionada, gracias a la globalización?

Ni un solo párrafo de su discurso, lo dedica el canciller Bruno Rodríguez a señalar que la economía cubana está inmovilizada en el tiempo. Claro está, no es por la política de los Estados Unidos, aplicada desde los años 60, sino por la permanencia de un régimen que viola los principios de la propiedad privada y, por ende, los que establece un Estado de Derecho.

Habló con vehemencia de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, el gran sueño del octogenario dictador Fidel Castro Ruz. Con esa agrupación de países, la visión acariciada de estos dirigentes, Hugo Chávez, Daniel Ortega, Rafael Correa, Evo Morales y la Kirchner, se ha convertido relativamente en realidad.

Quieren marginar a la mayor potencia económica y militar del mundo, la que presenta, pese a la crisis mundial de la economía, los mayores índices de productividad y de desarrollo tecnológico. Culparla del atraso y de la miseria prevaleciente en el tercer mundo, de que existe hoy un mayor número de pobres en el planeta, todo esto carece de fundamento.

Sobre la carrera armamentista no cambia el lenguaje, repitió lo que sirve de base a los discursos de estos dirigentes de la izquierda, de los gastos fabulosos invertidos por los EU en este aspecto. Olvidan los recursos empleados por Cuba en armamentos y los que invierte Venezuela, cuyo presidente no pierde la ilusión de convertirse en gendarme en América.

El Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, haciendo uso de la palabra en el 67 Periodo de Sesiones de la Asamblea General de la ONU.

 

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