En el Principio Creó Dios los Cielos y la Tierra (II y Final), Antonio Raúl Machado García.

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Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 26 de octubre de 2012, (FCP). En la creación del universo, Dios usó el método del poder de su Palabra, o sea, el Todopoderoso habló o envió su Palabra y fueron creados los cielos y la tierra sin que nunca antes hubiesen tenido existencia (cf. Sal.33.6, 9; 148.5; Is.48.13). En el relato del Génesis se declara una y otra vez: “Y dijo Dios…” (Gn.1.3, 6, 9, 11, 14, 20, 24, 26).

Pedro, el apóstol, nos alerta que en los últimos tiempos (Periodo entre el ministerio terrenal de Cristo y su retorno) aparecerían muchos burladores y detractores, que pondrían en tela de juicio la veracidad de las Escrituras. “Estos ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra…” (2Pe.3.5).

Es innegable que ocurren cambios dentro de diversas especies de seres vivientes, se extinguen algunas variedades y a veces se ven nuevas razas que se forman dentro de las especies. Lo que no existe prueba alguna, ni siquiera en el registro biológico, de que alguna vez una especie de ser viviente evolucionara de otra especie.

La teoría llamada Evolución Teísta, adopta la mayor parte de las conclusiones de la Evolución Naturalista y solo añade que Dios comenzó el proceso evolutivo. La misma niega la revelación bíblica que le atribuye a Dios una función activa en la creación, pues todo verbo principal en Gn.1 tiene al Creador como sujeto, Él no es un pasivo supervisor de un proceso evolutivo.

El investigador y evolucionista Sir Fred Hoyle, concuerda con los creacionistas en un punto al afirmar: “El suponer que la primera célula se originó por casualidad es como creer que un tornado extendiéndose rápidamente a través de un patio de basura pudiera armar un Boeing 747 a partir de los materiales que allí se encontrasen”.

«Según su opinión (Paul Broun), “estas mentiras fueron inventadas para impedirme a mí y a otra gente entender que lo que necesitan es un salvador”», citó la prensa cubana. No es menos cierto que si admitimos como verdaderas y confiables aquellas teorías, que eliminan a Dios como la causa inicial, sobre el origen del universo y la vida el problema moral se diluye.

Sin dudas la Evolución no admite la intervención de un Dios santo con rectos estatutos, por tanto los que abrasan dicha teoría se divorcian de la ley moral de Dios para establecer la suya propia. Quedan de esta forma impedidos de reconocer, por su autosuficiencia, la necesidad de un Salvador y así se alejan cada vez más del Reino de Dios.

El artículo sobre Broun continuó: «De acuerdo con el criterio del político, la teoría científica sobre la aparición de nuestro universo fue concebida con el objetivo de ocultar la verdadera edad de la tierra… “Yo no creo que tenga más de 9 mil años”». Este es el mismo conflicto Creación vs. Evolución, no es cosa sencilla porque pone en juego el destino eterno de las almas.

Teoría atractiva sobre el origen de la vida es la Evolución aunque no comprobada, que para hacerla posible necesita un marco de millones de años. La verdad es que la misma cuenta con menos evidencia que nunca, y cada nuevo descubrimiento se constituyen en más problemas para el sostenimiento de esta caduca hipótesis.

¿Por qué casi nunca oímos nada contra dicha teoría? Básicamente el argumento consiste en que no hay otra teoría para explicar el origen de la vida, sin considerar la existencia e intervención de un Dios infinito, trascendente y personal. La ciencia moderna comenzó donde estaba la creencia en el Creador de la Biblia, pero hoy en día no es tan popular la inclusión del Todopoderoso.

Semejante declaración cristiana y bíblica de Broun es digna de considerarla como valiente, aunque si la observamos en su contexto, una sociedad basada en el respeto al pensamiento ajeno, entonces es una verdadera lección democrática. Me pregunto si en el gobierno de los Castros alguno de sus líderes se atreve a salirse, en estas cuestiones, de la “Línea del Partido”.

Es necesario tener sumo cuidado de las creencias empecinadas en suprimir al Altísimo de la escena, estas solo buscan cegar el entendimiento de sus seguidores para condenación. La “demora” del retorno de Cristo por los salvos se relaciona con la predicación del evangelio al mundo. Dios no desea la perdición de ningún ser humano (2Pe.3.9).

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