Francisco López Leiva, Hombre de Balas y de Letras (II y final), Feliberto Pérez del Sol.

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Sakenaf, Santa Clara, Villa Clara, 28 de septiembre de 2012, (FCP). Retornaba el grueso de la columna invasora, y al pasar por territorio matancero se vio involucrada en un combate en el sitio conocido por Valle de la Perla de Guamacaro. Era el 25 de enero de 1896, y tan heroica fue la conducta de Francisco López Leiva en aquella batalla que, al concluir esta, el mismísimo General Antonio Maceo lo ascendió a Teniente Coronel del Ejército Libertador.

Para diciembre de ese mismo año obtiene los grados de Coronel de Caballería, y en agosto de 1898, después de una propuesta hecha por Máximo Gómez, pasa a ser Jefe del Distrito de Villa Clara. Diría entonces el Generalísimo: “…las condiciones que en él concurren lo hacen acreedor de dicho puesto“.

Concluida “La Guerra del 95” fue de nuevo electo como representante a la Asamblea del Ejército Libertador, la que se reunió esta vez en Santa Cruz del Sur. Poco tiempo después, cuando el 12 de marzo de 1899 la Asamblea del Cerro acordó destituir a Máximo Gómez como General en Jefe del Ejército Libertador, estuvo entre los cuatro asambleístas que votaron en contra.

Lo secundaron en esta actitud los generales José de Jesús Monteagudo y Emilio Núñez, así como el coronel Carlos Manuel de Céspedes, quienes además firmaron el “Manifiesto al País”. Texto redactado por el propio López Leiva donde exponía “…que era inconveniente y perjudicial para los intereses del Ejército y del País la medida de extremo rigor adoptada por la Asamblea…”.

Mientras tuvo lugar la primera intervención norteamericana, 1 de enero de 1899-20 de mayo de 1902, se le nombró Jefe de Hacienda de la Provincia de Santa Clara. Con el advenimiento de la República, en esta última fecha, ejerció varios cargos, entre los que destaca el de Contador General, puesto que ocupó desde 1902 hasta 1905.

Cuando la “Guerrita de Agosto”, en 1906, estuvo junto al General de Brigada Gerardo Machado al lado de los rebeldes. En abril de 1908 partió a Washington como experto en censos de población, y un año después el General José Miguel Gómez, para entonces presidente del país, le nombró Subsecretario de Hacienda de la República y luego Secretario de Gobernación.

Corría enero de 1911 cuando lo titulan Interventor Oficial del Banco Territorial de Cuba, cargo del que dimitió en 1913. Desde entonces se dedicó por entero a la literatura, a la investigación histórica y al periodismo, aficiones donde puso de manifiesto su vasta cultura y el alto compromiso que todo periodista debe tener con la sociedad.

En la década del 20 dirigió el periódico “La Publicidad”, considerado el decano de la prensa en Santa Clara y uno de los diarios de mayor reflexión de todo el periodo republicano. A la par de esta laboriosa tarea, fue común encontrar colaboraciones suyas en importantes publicaciones como la “Revista Renacimiento”, “Villa Clara” y otras.

Durante el citado decenio logró su mayor creación literaria, en 1922 publicó “Juan Bruno Zayas”, texto sobre el general habanero de igual nombre caído en combate el 30 de julio de 1896. Mientras en 1924 vio la luz su novela “Vidrios Rotos”, y un año después “Don Crispín y la comadre” y “Cuentos de la Manigua”. Tradujo además, cuentos y poesías del francés y del inglés.

Uno de sus más anhelados sueños se le hizo realidad al acercarse a su séptima década de vida. En 1930, y con motivo de su trabajo académico “El Bandolerismo en Cuba” (contribución al estudio de esta plaga social), ingresó a la Academia de Ciencias de Cuba.

A mediados de 1940 el Ayuntamiento de Santa Clara lo condecoró como Hijo Distinguido de la Ciudad. Galardón que honró la estirpe de un hombre que mostró una ejemplar conducta durante la Guerra del 95, una notable intuición y prestigio como periodista y un no menos denuedo por perfeccionar la república que ayudó a construir.

Sobre este santaclareño fallecido el 4 de diciembre de 1940 en su pueblo natal, y que el pasado 17 de septiembre arribó al aniversario 155 de su nacimiento, no se hacen actos militares que le honren como el hombre de balas que fue. Tampoco la intelectualidad lo estudia como el hombre de letras que fue.

Los historiadores apenas lo citan, por ello no ocupa el sitial de honor que merece entre la legión de patriotas cubanos, y los políticos nunca lo recuerdan como lo que fue: Coronel del Ejército Libertador. Quien escribe ignora si alguna calle de Santa Clara lleva el nombre de Francisco López Leiva, o si existe tarja que le recuerde, pero se alivia con saber que fue promotor de que se erigiera la Fuente del Niño de la Bota, obra devenida en símbolo de la ciudad.

Fuente original del Niño de la Bota, de la cual fue promotor Francisco López Leiva.

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