La Teología Wesleyana (IX y final), Antonio Raúl Machado García.

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Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 12 de octubre de 2012, (FCP). Al analizar los sermones de Wesley, vamos a notar su invariable propósito de mostrar y explicar a los oyentes y lectores, el camino de la salvación. “Me he esforzado por describir la religión verdadera, bíblica y de la experiencia, sin omitir nada que sea parte real de ella, y sin añadir lo que no lo sea” (O. Wesley, T. I, p. 21).

Para este apóstol de Inglaterra, el cristianismo no es solo hablar acerca de Dios, es “la religión de la experiencia”, la vida cristiana es la realidad de una vivencia genuina con el Creador. Es una “experiencia fundamental de la persona”, algo que tiene lugar en su interior antes de que se convierta en un “esquema o sistema de doctrina”.

Describir esta experiencia es la labor de la doctrina, que no es más que la transformación de un ser humano, al conocer a Jehová y arrepentirse de sus pecados para una nueva vida, en la imagen de Dios. Las Sagradas Escrituras hacen una descripción de este proceso que atraviesa toda persona que tenga un encuentro con el Altísimo.

Por lo anteriormente expuesto podemos decir que el término “experiencia”, al cual hacemos alusión en estos escritos, no es una expresión general para describir cualquier experiencia del ser humano. La experiencia es el cumplimiento en la interioridad del cristiano, de esa santidad que enseña la Biblia.

La relación existente entre la Escritura y la experiencia es dialéctica, puesto que la primera describe como la realidad cristiana debe ser en una persona, mientras que la segunda aclara el significado de la Biblia y la hace más comprensible. La experiencia “explica el significado” y es “suficiente para confirmar una doctrina basada en las Escrituras” (O. Wesley, T. I, p. 224).

Junto con la experiencia de otros, la propia experiencia de Wesley, fueron factores importantes que influyeron en la manera en que él entendía la fe cristiana. La experiencia viva de algunos hermanos moravos le salvó de muchos errores y lo llevó a decir que las vidas transformadas de la gente común, era el mejor argumento de la validez de la fe cristiana.

Está constituida la experiencia cristiana por un aspecto interior y otro exterior, el aspecto básico de la interioridad es el «sentimiento», y el aspecto exterior tiene que ver con la «providencia», o la manera en que Dios guía las circunstancias. El Espíritu Santo (Tercera persona de la Santísima Trinidad), trabaja en la comprensión racional y en lo profundo de los sentimientos.

No fueron pocos los que mal interpretaron, de manera maliciosa, el concepto de sentimiento, aunque él usara el lenguaje de la Iglesia de Inglaterra. Sobre esta expresión escribió: “…sino que por ella significamos nada más ni nada menos que esto: que siente interiormente y es sensible a las gracias que el Espíritu de Dios obra en su corazón” (O. Wesley, T. III, p. 132).

Cuando hablamos de la providencia de Dios en el aspecto exterior de la experiencia cristiana, nos referimos a que el Creador dirige todas las circunstancias de la vida del universo para el bien de todas sus criaturas. El obrar del Altísimo en la vida de Job le llevó a decir: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven” (Job. 42.5).

En el pensamiento de Wesley no había nada pequeño ni insignificante en la vida de los seres humanos, que no sea objeto de Su cuidado y providencia divina. Muchos intelectuales de su época enfatizaban como Newton, un universo de leyes naturales cerradas y aceptaban el concepto de «providencia general», pero no que Dios intervendría a favor de una persona en particular.

Una de las causas que tanto vitalizó al movimiento metodista y lo llevó a su consolidación, fue precisamente su creencia en que Dios guía todas las cosas de acuerdo a Su voluntad, tanto en el universo y en la historia como en una vida en particular. Jehová el Señor todavía contesta oraciones y hace milagros como lo narra el Antiguo y Nuevo Testamento.

Nada es dejado al azar, y a la misma vez Dios no cancela la libertad humana a pesar de que los individuos no siempre responden agradecidamente ni corresponden a Su voluntad. El Espíritu Santo guía las experiencias en la vida cristiana, mientras estas trabajan junto con la razón y la tradición para interpretar el significado de la Biblia en el camino hacia la salvación.

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