La Teología Wesleyana (VI), Antonio Raúl Machado García.

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Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 21 de septiembre de 2012, (FCP). El señor Wesley consideraba que el conocimiento correcto de Dios y de las cosas Divinas, así como el juicio de uno mismo, eran esenciales para la salvación, él llamó a esto el problema del «entendimiento». En la teología wesleyana el asunto del entendimiento de las cosas es prioridad, ya que una persona puede decidir y actuar sobre un problema si lo entiende.

De la misma manera que en las relaciones humanas se necesita saber algo sobre la otra persona para iniciar una relación, así mismo sucede con el Creador, solo podemos llegar a amarle si llegamos a conocerle íntimamente. Es similar con el arrepentimiento, nadie puede afligirse por sus pecados hasta que entienda la seriedad de su situación.

Alcanzar el conocimiento necesario para la salvación, el cual está al alcance de todos, es un asunto muy serio, puesto que tiene que ver con el estado eterno del alma. Esta enseñanza solo puede ser opacada por el pecado que cubre la condición del ser humano, debido a que estos vienen a este mundo espiritualmente ciegos.

El Todopoderoso es quien toma la iniciativa y le provee este conocimiento al ser humano, de otro modo no hay esperanza de que puedan adquirirlo por ellos mismos. Él nos permite alcanzar esta comprensión a través de la revelación. “Dios mismo se ha dignado a mostrar el camino. Para eso fue que vino desde el cielo. Lo ha escrito en un libro” (O. Wesley, T. I, p. 20).

Jesucristo, el Mesías, es el gran revelador y la biblia es el documento que Dios nos legó con todo lo que necesitamos saber para nuestra salvación, lo que podemos alcanzar con la ayuda del Espíritu Santo. Uno de los ministerios de la tercera persona de La Trinidad consiste en guiarnos en la revelación del Altísimo, para eliminar la ceguera espiritual.

Al comenzar la búsqueda de las fuentes del conocimiento cristiano, que en su sistema teológico Wesley reconoce, se da por sentado que el proceso de revelación y el ministerio del Espíritu Santo, son parte de la base de su teología. El Parakletos es una persona divina como el Padre y como el Hijo, no es solo un poder o una influencia.

Para la teología wesleyana existen cuatro fuentes que ayudan a comprender el conocimiento cristiano: Las Escrituras, la razón, la antigüedad cristiana y la experiencia. En la actualidad el término «antigüedad cristiana» se conoce como «Tradición». Las tres primeras, La Iglesia de Inglaterra las reconocía como normas para escribir sobre teología.

A este trío de normas, el señor Wesley adjunta «la experiencia», término que había adoptado de los pietistas alemanes, con los que tuvo mucho intercambio, especialmente con el pastor moravo Pedro Böler. Muchos metodistas modernos llaman a estas cuatro guías «el cuadrilátero wesleyano».

En cuanto a las Escrituras, este siervo de Dios manifestó que su propia intención fue ser «homo unius libri», el hombre de un solo libro. Este deseo comenzó en sus años de estudiante como miembro del Club Santo, cuyo “único deseo era el de ser cristianos bíblicos manifiestos, tomando la Biblia como sola y única regla…” (O. Wesley, Tomo V, p. 264).

Dijo: “Mi fundamento es la Biblia. Sí, soy un fanático de la Biblia. La sigo en todas las cosas, en las grandes y en las pequeñas”. Las Escrituras contienen la Palabra de Dios en forma escrita, y es la única regla a seguir tanto en la fe como en la práctica. Ella es la norma a usarse para distinguir entre el bien y el mal, conceptos tan confusos hoy en día.

“Esto es lo que ahora llamamos Santas Escrituras. Esta es la Palabra de Dios que permanece para siempre, de la cual, aunque perezcan el cielo y la tierra, ni una iota ni una tilde pasará. Luego la Escritura del Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento es un sistema sólido y preciso de verdad divina… toda ella es un solo cuerpo, sin defecto ni exceso” (O. Wesley, T. IX, p. 313).

Para este apóstol de Inglaterra la lectura de la Biblia es un medio de gracia, por el cual el mismo Espíritu Santo que inspiró a los escritores bíblicos obrará en los creyentes para ayudarles a entender lo que leen. Y así la Palabra del Altísimo, que es viva y eficaz, penetrará hasta el alma para producir vida conforme a la voluntad de Dios (He.4.12).

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