Un Nuevo Bodrio de Traición (XXVII), Guillermo Fariñas Hernández.

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La Chirusa, Santa Clara, 5 de octubre del 2012, (FCP). En la vorágine de la gran represión desatada por las autoridades gubernamentales cubanas en vísperas del 24 de febrero del 1996, resultaron arrestados tanto Librado Linares García como Luís Ramón Hernández Rodríguez. Incluso casi todos los que iban a viajar a sentarse con el gobierno castrista por la Comisión # 11 fueron impedidos de hacerlo de una forma u otra.

Según cifras suministradas por la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN) de la cual el histórico y reconocido disidente Elizardo Sánchez-Santa Cruz Pacheco es su Vocero, los arrestados en esas fechas sobrepasaron los 100 opositores. La mayoría de ellos estuvieron algunos días en prisión y después fueron puestos en libertad.

Una minoría de estos detenidos resultó llevada ante los tribunales cubanos y fueron sentenciados a penas de prisión, por solo intentar, mejor es decir “osar”, sentarse a conversar con su propio gobierno. Algo que grafica en un grado superlativo el alto nivel de intolerancia que poseen los gobernantes castristas respecto a sus gobernados.

En mi caso, ya colaboraba con el proyecto unitario Concilio Cubano, porque en aquel entonces residía y laboraba en La Habana como Psicólogo de Salud del Hospital Infantil “Pedro Borrás”. A la vez era militante del Movimiento Pacifista “5 de Agosto”, liderado por el Licenciado Orlando Morejón Vitón, quien hoy reside en el exilio.

A mí se me aplicó una metodología operativa de Despolitización Penal, o sea, como disidente comprometido y público, para bajarme el perfil como opositor, me encarcelaron por las mismas fechas de marras, pero por un litigio laboral. Y se me envió bajo el status legal de Encarcelado Bajo Investigaciones a la prisión de Valle Grande, en las afueras de La Habana, durante 9 meses.

Como Secretario General del Sindicato de Trabajadores de la Salud (STS) en mi centro de trabajo, sostenía una ya larga disputa con la directora del hospital infantil, puesto que desde hacía cerca de dos años denunciaba la corrupción existente allí. Cosa que efectuaba con recurrencia a todas las instancias oficiales: políticas, gubernamentales y represivas.

Pero mi gran pecado consistía en que también lo evidenciaba a la prensa independiente, como miembro de un grupo opositor con cierta impetuosidad. Una cuestión que nunca se me perdonó y los oficiales operativos de la Seguridad del Estado que “atendían” mi caso, se aprovecharon del impacto del derribo de las avionetas para ponerme tras las rejas por un supuesto delito común.

Coincidí en la ergástula de Valle Grande con Leonel Morejón Almagro, la figura más publicitada de Concilio Cubano, quien era Licenciado en Derecho, ecologista empedernido y formaba parte de una organización denominada NaturPaz. Residíamos en destacamentos distintos pero contiguos, por lo que podíamos intercambiar información con ayuda de los presos comunes.

Al percatarse el mayor nombrado Alexis, quien era el oficial de Seguridad del Estado que visitaba el penal, y el teniente Herbert Pérez, al frente del Trabajo Operativo Secreto (TOS) de nuestras comunicaciones, Leonel fue con rapidez condenado a 14 meses. Él, tras un juicio muy amañado, fue enviado con precipitación hacia la prisión de Ariza, provincia de Cienfuegos.

No obstante, proseguí con mis denuncias desde la ergástula a través de otro de los encarcelados por el proyecto unitario Concilio Cubano, el ya difunto patriota cubano Roberto López Montañez. En los menesteres de sacar la información hacia el exterior siempre conté con la ayuda de la esposa de este dignísimo preso político.

Aquí en Las Villas, lugar al que yo no había arribado aún, se desató una abierta controversia entre Librado Linares García versus Luís Ramón Hernández Rodríguez por los documentos ocupados contentivos de los firmantes y actas de la Comisión # 11. Linares aseguraba que se los ocuparon a Luís Ramón y el otro afirmaba todo lo contrario.

O sea, que aquella historia donde Luís Ramón Hernández se apoderó de unos papeles, que correspondían ser llevados por el delegado de la Comisión # 11 Librado Linares, el primero lo negaba rotundamente. Mientras, el segundo confirmaba que al ir buscarlos para dirigirse hacia La Habana el primero se los había birlado sin eticidad de ningún tipo.

Toda esta entrega de información de inteligencia a las huestes represivas se llevó a cabo con la complicidad de Alina Becerra, la esposa de Luís Ramón Hernández Rodríguez. Ella por supuesto que defendió a su cónyuge y desmintió lo asegurado por Librado, algo que resquebrajó la ya precaria unidad entre las organizaciones disidentes en el centro de la Isla.

La mayoría de los opositores no violentos involucrados en Concilio Cubano, tanto en Las Villas como a nivel nacional, le daban la razón a Librado Linares respecto a Luís Ramón. Pero comenzaron a ocurrir acontecimientos enfrentativos a figuras históricas ya establecidas como disidentes, por lo que la disputa entre “Libradistas” contra “Luisramoncistas” quedó relegada.

Sin embargo, aunque todavía no hacía oposición pública y cívica en mi Patria Chica, creo que es mi deber tomar partido en esta polémica, pues conozco y he trabajado en la disidencia con ambos. Librado Linares García demostró con su encarcelamiento en el 2003, cuál es su talla cívica, por otro lado, aún estamos a la espera de cuál es la talla de Luís Ramón.

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