Un Nuevo Bodrio de Traición (XXVIII), Guillermo Fariñas Hernández.

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La Chirusa, Santa Clara, 12 de octubre del 2012, (FCP). El estrepitoso fracaso de Concilio Cubano a partir de febrero de 1996, hizo que pudieran traslucirse los malos manejos y sabotajes ejecutados por ciertas Vacas Sagradas de la Disidencia Interna. Algunas de las cuales quedaron expuestas como colaboradores del gobierno ante el exilio cubano y la opinión pública internacional.

A partir de ese momento existieron entre los dispersos remanentes de Concilio Cubano dos tipos de actitudes ante el proyecto unitario, el cual trató de proseguir tras el zarpazo represivo ordenado por el gobierno castrista. Estas actitudes fueron francamente encontradas y han marcado hasta la actualidad el devenir disidente nacional.

Las maneras de enfocar el asunto Concilio Cubano por los participantes, que quedaron libres en las calles, se dividieron en dos actitudes diametralmente encontradas. Una de ellas fueron Las Posturas Continuistas en el seno de Concilio, mientras sus adversarias eran las denominadas cual Las Posturas Truncativas.

De ellas, Las Posturas Continuistas fueron aquellas que abogaban por proseguir en el intento de sentar al gobierno en una Mesa de Negociaciones y nada debía paralizarse a pesar que, muchos de los que lo intentaron hacer estaban tras las rejas. O sea, estos compatriotas pretendían desmoralizar al castrismo al ser nuevamente reprimidos y hacerlo pagar un alto precio político.

Mientras que Las Posturas Truncativas predicaban el desaliento o la mesura frente a la represión desatada por las huestes fidelistas en el seno de Concilio Cubano, para que esta iniciativa de unidad quedara paralizada definitivamente. Estos disidentes consideraban una auténtica locura intentar sentarse con un gobierno que no lo quería hacer y lo había demostrado con creces.

Finalmente, la tendencia a la paralización de Concilio Cubano fue la que triunfó, porque además incidieron otros factores de índole externa. Fundamentalmente que en el seno del Exilio Cubano se crearon fuertes tendencias paranoicas, respecto al actuar de los opositores dentro de Cuba, algo que aún persiste, lo que diezma el apoyo desde el extranjero a la disidencia.

También muchos de los patriotas cubanos empeñados en sacar a los hermanos Fidel y Raúl Castro del poder político en Cuba, se dejaron manipular por las ideas paranoicas del exilio y perdieron la fe en triunfar desde aquí adentro. La perspectiva de dialogar con los gobernantes totalitarios o sus sucesores fue dejada a un lado y la confrontación sangrienta se afianzó.

Todo esto acrecentó la postura de huir hacia la diáspora, de la mayoría de la Disidencia Interna mediante el Programa de Refugiados Políticos de los Estados Unidos de América u otros similares en otras legaciones diplomáticas localizadas en La Habana. Algo que les dio una nueva característica a los veteranos y futuros integrantes de la Disidencia Interna Nacional.

Tras el alevoso derribo de las avionetas desarmadas de Hermanos al Rescate y la Gran Ola Represiva para abortar Concilio Cubano, las nuevas generaciones de cubanas y cubanos entendieron que los gobernantes eran violentos y sanguinarios. Estas actitudes crearon una Inducción Psico-Social Aterrorizadora en la mayoría de la sociedad nacional.

Datos ofrecidos por las propias autoridades fidelistas en el Órgano Oficial del Partido Comunista de Cuba, el diario Granma, así lo confirmaron. El periodista Nicanor León Cotayo aseguró que a partir del año 1996 aumentaron las solicitudes de Salidas Definitivas del Territorio Nacional, solo que en sus artículos no lo asocia con Concilio Cubano.

Esta actuación asumida por la nomenklatura castrista dueña del poder político en Cuba mostró ante el mundo, pero especialmente frente a su ciudadanía, que estaba dispuesta a sufrir una invasión militar directa de los Estados Unidos de América. Pero no accedería a entregar de un modo civilizado, pactado y pacífico el poder ejecutivo de la Nación.

Proceder que dejó una terrorífica impronta en la inmensa mayoría de los cubanos radicados al interior de la Isla, los cuales sacaron sus propias conclusiones y entendieron que con esos augurios la situación cubana solo se resolvería con una Guerra Civil. Un miedo que lacera hasta los días presentes a todos y cada uno de los cubanos que se sientan responsables de su Patria.

Esa y no otra es la razón, de que entre un 95 a un 97 % de los opositores no violentos y públicos cubanos tienden generalmente a optar por salir del país, y para ello han usado y utilizan métodos de huidas antológicos. Todo se debe a que Fidel y Raúl Castro están dispuestos como canta el trovador “a hundir la isla en el mar”, pero jamás dialogar con sus adversarios políticos.

Con una Oposición Interna muy fluctuante por lo descrito anteriormente, cuando un dirigente opositor arriba a su mayor punto de experiencia y madurez, este sale del país, casi nunca se puede llegar a nada. Y lo más doloroso es que en muchas comunidades, municipios, provincias y hasta regiones completas hay que comenzar de cero en el combate prodemocrático.

Esto también ha sido y desgraciadamente aún es, la costosísima consecuencia antidemocrática para alcanzar una Democracia Representativa y un Estado de Derecho en la Cuba por venir de los acontecimientos generados por Concilio Cubano entre los años 1995 al 1996. Una temática de la que casi ni se habla o escribe entre las nuevas generaciones disidentes hoy.

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