Una Capa para la Vida (I), Carlos Alberto Martínez Muñoz.

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El Condado, Santa Clara, 21 de septiembre del 2012, (FCP). La Tierra, el Planeta Azul, se encuentra rodeada por una delgada barrera gaseosa que protege a todas las formas de vida de las nocivas radiaciones ultravioletas que provienen del Sol. Es la llamada capa de ozono, compuesta por un gas del mismo nombre.

La capa de ozono es una zona de la estratosfera, entre los 12 y los 50 kilómetros de altura, donde la concentración de dicho gas es mayor. Su espesor global es de solo 0,3 milímetros, pero sin ella dosis elevadas de radiación ultravioleta llegarían a la superficie terrestre y afectarían la salud de las plantas, los animales y el hombre.

El ozono debe su nombre a oxein, palabra griega que significa oler. Su inestable molécula contiene tres átomos de oxígeno unidos por enlaces covalentes apolares, por lo que su fórmula química se representa como O3.

Actualmente se sabe que desde la década de 1940 se incrementaron en la atmósfera las concentraciones de sustancias que destruyen la capa de ozono. Tres décadas más tarde comenzaron a notarse los primeros efectos de estas peligrosas moléculas.

La primera alerta que llamó la atención de la comunidad científica mundial ocurrió en 1974, con la publicación de un artículo en la prestigiosa revista Nature. Sus autores, Sherwood Rowland y Mario Molina, plantearon la destrucción de las moléculas ozono al interactuar con gases llamados clorofluorocarbonos (CFC).

Paralelamente, el satélite polar norteamericano “Nimbus-7” detectó alteraciones en la capa de ozono durante sus recorridos orbitales en la década del 70. Durante el procesamiento computadorizado de los datos, aparecían zonas oscuras donde las concentraciones del gas eran menores, efecto óptico que recibió el nombre de “Agujero de Ozono”.

Científicos británicos comprobaron, en la década de los 80, que en una de las bases de investigación ubicadas en el Polo Sur, los valores de ozono eran muy bajos en comparación con los registros históricos durante el invierno austral. Estos datos, comprobados por las imágenes satelitales, contribuyeron a la notoriedad del problema.

Era evidente el debilitamiento constante de la capa de ozono en un área cada vez mayor de la Antártida, pues en 1981 el agujero representaba un 10% de la superficie del hemisferio sur. En la austral región de Punta Arenas, Chile, se registró el aumento del cáncer de piel al incrementarse allí la intensidad de los rayos ultravioletas.

Se comprobó además que la tendencia a la disminución del ozono y el adelgazamiento de la capa continuaba. Por ello el agujero, con un área estimada de 10 millones de km2, rebasó el área de la Antártida y llegó a manifestarse en zonas densamente pobladas en latitudes medias de ambos hemisferios.

Toda la información recopilada puso de manifiesto que la capa de ozono podía llegar a agotarse y que, si la tendencia continuaba, dejaría de cumplir con su función protectora de la vida. Desde entonces, la eliminación de las sustancias agotadoras del ozono es una prioridad en la agenda ambiental de los gobiernos del mundo.

Recreación de un agujero negro.Imagen Tomada.

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