Vindicación de un Pueblo Subyugado (II y final), Carlos Valhuerdi Obregón.

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Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 28 de septiembre de 2012, (FCP). Debería saber la colega Anneris Ivette Leyva que entre los feligreses existen hermanos con una clara orientación política de tipo democrática y anticomunista, por lo que están de más esas supuestas órdenes recibidas para insertarse como creyentes en las iglesias. También está equivocada en cuanto a que estos prodemócratas tenían orientación de crear desórdenes en misa.

Los opositores pacíficos a la dictadura de los Castro, ya sean católicos prácticos, de piedad popular o pertenecientes a los ritos sincréticos afrocubanos son respetuosos de las actividades religiosas, pues son verdaderos creyentes. Estos saben deslindar lo político de las actividades religiosas y cómo comportarse en cada caso.

Sepa que hablo aquí de política en su sentido más restringido, o sea, cuando me refiero al conjunto de acciones con las que tratan estos de ejercer su derecho en la comunidad civil con reclamos públicos. Pero como dijera el escritor español Unamuno: “Nadie es apolítico”, esta palabra tiene una significación más abarcadora… los curas en su predicación hacen política.

Hace también política la prensa independiente que enjuicia, el cubano de a pie que se queja y critica, aquel que no se cree la propaganda oficialista y lo dice, el de los chistes contra el gobierno, el cantante o el artista que refleja en su obra la realidad del pueblo subyugado y los grupos que presionan. Todo el que influya en los asuntos públicos hace política.

En fin, hace política el que exporta armas para los grupos guerrilleros y el que envía medicamentos o maestros, hace política quien le hace el juego a la dictadura y también el que se niega a colaborar con ella, el que participa en sus falsas elecciones o el que se niega a votar. Todos hacemos política de una forma u otra, hacia un lado u otro.

Eso es bueno en las sociedades saludables porque crea un equilibrio, al estar abiertas al debate plural y a la libertad de expresión. La Doctrina Social de la Iglesia legitima la disposición de los laicos a adherirse a una opción política determinada por lo que no es justo, señora Leyva, que usted saque de contexto las palabras de los prelados cubanos para justificar sus argumentos.

Sin embargo en las dictaduras se trata al contrario al régimen como un apátrida, un mercenario, un excluido sin voz ni voto al cual se pretende tener derecho a desprestigiar y calumniar como hace usted en su artículo. Respecto al supuesto fracaso del grupo que penetró en una iglesia de la capital, le diré que consiguieron su objetivo al llamar la atención internacional con su acción.

No sé qué pretende usted decir cuando expresa: “La Cuba de hoy, de las libertades revolucionarias”. ¿Por qué ustedes los asalariados de la dictadura quieren ponerle a todo apellido, libertades-revolucionarias, patria-socialista? ¿Será para enmascarar la libertad que no hay y la patria que nos han usurpado?

A continuación refiere usted que en esta libertad-revolucionaria “la Navidad está declarada como día feriado oficialmente desde hace más de una década”. Más no dice que desde 1970 hasta 1998 esta fiesta estuvo prohibida para Cuba, que se perseguía a los que armaban nacimientos y arbolitos en sus casas. Olvida decir usted muchas cosas que este pueblo tiene en su memoria.

Que cuando comenzaron las Tiendas Recaudadoras de Divisas (TRD) y en estas se atrevieron a armar arbolitos, urgente se los mandaron a retirar y sancionaron a los “transgresores”. Y si el seminario “San Carlos y San Ambrosio” cuenta con una nueva sede es porque al comienzo de la dictadura le expropiaron a la Iglesia el seminario “El Buen Pastor” que estaba recién construido.

También se le confiscó la Universidad de Villanueva, junto con templos y colegios religiosos por todo el país. Se desterraron sacerdotes, monjas y un obispo, y a los laicos la vida se les hizo imposible pues se les expulsó de las universidades, se les negó estudios superiores y se les impidió ejercer cargos de dirección o adquirir grados científicos.

Y si Raúl Castro en el VI Congreso del único partido permitido en el país ratificó: “…continuar eliminando cualquier prejuicio que impida hermanar…a todos los cubanos, creyentes o no…”, indican estas palabras que existió y aún persiste la discriminación contra los creyentes. Le recomiendo que cuando vuelva a escribir sea más veraz porque este pueblo no olvida lo sufrido.

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