Agustín Acosta, Aproximación al Ex-Poeta Nacional (II), Feliberto Pérez del Sol.

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Sakenaf, Santa Clara, Villa Clara, 16 de noviembre de 2012, (FCP). Acosta no solo es notable por haber escrito un libro como Ala, obra de obligada cita siempre que se aborde ese período, y que dio paso a lo que se llamó “renovación de la poesía“. La verdadera importancia de este heredero del modernismo encabezado por Rubén Darío, fue levantar su voz estética en varias épocas contra los gobernantes que de un modo u otro laceraban nuestra sufrida patria.

Con la aparición de Ala, Acosta deja claro varios puntos de vista respecto a sus inquietudes y exaltaciones, notándose, en poemas como “Martí”, su gradual atracción y apego por lo que el Apóstol representa. En este canto devela la pasión que la vida y obra, rebelde y redentora, de su figura le ha avivado.

Este glorificar desde tan temprana fecha, que por demás anuncia cuanto será Martí para Cuba y su pueblo, hace de Acosta el primer poeta en elevar su verso para advertirnos el esplendor del Más Grande y Universal de todos los cubanos. En virtud de esa imaginativa visión, el matancero pasa a ser el cantor de la patria y uno de sus hijos más apreciados.

Tras la llegada de Ala brotan rápidamente los aplausos al poeta, y quienes así lo hacen califican el poemario de poseer una exquisitez verbal y riqueza técnica y cromática incuestionable. Abordan también el excelente dominio con que se manejó el lenguaje, del que afirman fluye de forma natural y no forzado.

Juan J. Remos, en el tomo tercero de Historia de la Literatura Cubana, considera que Ala rige “el equilibrio de la tendencia modernista”, y que su autor “es el gran poeta del modernismo en Cuba”. Por su parte, Salvador Bueno en Medio Siglo de Literatura Cubana, estima que con dicha obra Acosta es “caudal idiomático, color, sentimiento acendrado y humilde”.

Aquella primera edición se agota en breve, y el texto pasa a ser catalogado dentro de la categoría de rarezas bibliográficas. Pese a esta buena acogida de la obra, durante todo el siglo XX solo conoció de una reedición, la que en 1958 realizó la Organización Nacional de Bibliotecas Ambulantes y Populares, cuando iniciaron sus Reediciones Isla.

Apenas inicia 1923, casi una década después de la publicación de Ala, aparece Hermanita, su segundo poemario. Pero durante el tiempo transcurrido su actividad instructiva y literaria no se vio disminuida, pues a la par que escribe para importantes revistas del país, en 1918 consigue el Doctorado en Derecho Civil.

La totalidad de los poemas que forman Hermanita,Acosta los concibió entre 1917 y 1923. En estos, y a diferencia de Ala, según Mireya Cabrera Galán, de quien tomo buena parte de los datos para estos artículos,“la musicalidad de algunos de estos poemas apunta a un estilo personal que contribuye a legitimar el parnaso insular”.

Si esta segunda entrega de Agustín Acosta es comparada con Ala, y me remito nuevamente a la especializada opinión de Cabrera Galán, “podrá apreciarse que no predomina aquí la multiplicidad de asuntos que caracteriza a ese primer libro. En tal sentido Hermanita se distingue de aquel por su homogeneidad temática, al remitirse, en lo esencial, a la mujer amada”.

Estaba radicado entonces en Jagüey Grande, pero vivía a la vez en La Habana, lo cual le fue muy ventajoso a la hora de publicar sus versos, pues como casi todos los divulgaba en “El Fígaro”, gozaron así de mayor inmediatez. La estancia en la capital le permitió entablar relaciones con otros intelectuales, como también frecuentar espacios literarios donde ensanchar sus conocimientos.

El 15 de enero de 1923, posterior a la edición de Hermanita, contrajo nupcias con María Isabel Schweyer Davis, a quien dedicó su nuevo libro. Otro suceso trascendental ese año para Acosta fue la instalación de un bufete en el municipio matancero Jagüey Grande, sitio que devino sede de animadas y entusiastas tertulias, y donde Agustín escribió buena parte de La Zafra, poemario que al decir del sabio Fernando Ortiz, todo cubano debería leer.

Cubierta de Hermanita, diseñada por José Manuel Acosta, hermano del autor.

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