Agustín Acosta, Aproximación al Ex-Poeta Nacional (IV), Feliberto Pérez del Sol.

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Sakenaf, Santa Clara, Villa Clara, 30 de noviembre de 2012, (FCP).Fruto de aquella elevada creación poética fue la aparición, en 1936, del libro Los camellos distantes, encomiable texto que consolidó su nombre, si es que ya no lo estaba. Ha cumplido 50 años, está en la plenitud de su madurez como hombre e intelectual, y su profundidad renovadora se afianzó en el texto, así como sus valores artísticos y su amor por Cuba y sus héroes.

En dicho poemario, su estima por la patria es exaltada con hermosísimo ardor en el canto “Farewell”. Allí, desde el primer verso “Nada de otras auroras…! / Nada de otros ponientes…! / Para cantarte, Cuba, ya son pocas las horas…“, parece advertirnos no amar más suelo y pueblo que el suyo.

Igual admiración profesa por las figuras patrias cuando en la composición “A Maceo” evoca al general mambí. Es tanta la corrupción que impera, que Acosta renuncia a su puesto en la Secretaría de la Presidencia, y pide en dicho canto al Titán de Bronce que la espada que fue suya “no se resigne a descansar…”.

Su vocación martiana se mantiene firme en él, y no quiere saber de más ideologías que la vertida por el Apóstol, de cuyo matiz ha quedado impregnado. Por ello, cuando más tarde tiene la posibilidad, da inicio a una campaña con el fin de rescatar el nombre y las doctrinas del mártir de Dos Ríos.

Para concebir lo anterior elevó su propuesta al Congreso de la República, del cual formaba parte ese año. Quiere que, entre otras cosas, el 28 de enero, día del nacimiento de José Martí, sea fecha de festividad en el país, y que el pueblo rinda “honor a aquel que había sido clave y guía máximo de las ideas libertarias”.

Recibe al respecto varias oposiciones, pero al final su empeño hace que en 1938 se acepte la jornada como celebrativa y de recordación al Maestro. Festejo que llega a nuestros días, solo que el actual régimen, en su afán de convencer que esta es la República soñada por Martí, politiza a más no poder la fecha y al homenajeado.

De 1936, cuando publica Los camellos distantes, hasta 1944, ejerce como senador en Matanzas sin apartase de las letras. De esta etapa son los libros Los últimos instantes, 1941, y Las islas desoladas, 1943. En Los últimos… entra precisamente a los últimos instantes de Darío, Uhrbach y otros que considera lo remitieron al modernismo, mientras que en Las islas… se percibe mayor sencillez y profundidad en lo que escribe.

El contenido de estos tres poemarios recoge en buena medida cuanto sucedió en la vida del poeta durante este periodo. De ahí que, según Yolanda C. Brito, sus ideas y sentimientos se revelasen en “distante“, “último” y “desoladas“, adjetivos que escogió para los títulos de cada una de estas publicaciones.

Corría 1955 y Agustín Acosta se acercaba a su séptima década de vida, para entonces era el intelectual cubano que toda reunión literaria exigía con obligada presencia. En los ateneos, en las peñas y tertulias, en concursos, homenajes y recitales se le veneraba como el invitado que nunca podía faltar.

Como homenaje a esa fructífera vida literaria, consagrada en buena medida a cantarle a la patria y a sus hijos más ilustres, a Martí más que a ningún otro, fue propuesto de modo oficial ante la Cámara de Representantes para Poeta Nacional, honor que correspondía hasta ese entonces a Bonifacio Byrne, fallecido en 1936. El nombramiento fue precedido de un proceso que involucró a cerca de 40 personalidades de la cultura.

Fue tal el anhelo y el empuje de ese grupo de intelectuales para que se le confiriera dicho título a Acosta, que en breve la moción fue aceptada, elevada y aprobada por el Senado de la República. Así, en abril de 1955, la honrosa denominación que recibe, ostenta legalmente las regulaciones requeridas por el Congreso para tal efecto.

O sea, dicho galardón no se le otorgó como regalo por falsas politiquerías, como varias veces ha querido hacer ver el aparato propagandístico del castrismo, ni por la caridad de sus colegas, sino que fue el respeto a un poeta, ya anciano, que poseía una sorprendente hoja de servicios y de cantos a su patria, a poesía de esta, así como a su cultura. Esa fue la principal y única razón por la que Acosta fue condecorado por todos los intelectuales de la época.

 Acosta, al centro, junto a un grupo de escritores en los días de su nominación como Poeta Nacional

Acosta, al centro, junto a un grupo de escritores en los días de su nominación como Poeta Nacional

 

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