Batallemos con la Armadura de Dios (II y final), Antonio Raúl Machado García.

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Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 7 de diciembre de 2012, (FCP). Involucrados en una guerra espiritual se encuentran los seres humanos contra Satanás y un ejército de maléficos demonios, que se oponen a Dios y tratan de seducir las almas para guiarlas al infierno. “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados,…potestades,…gobernadores de las tinieblas,…huestes espirituales de maldad…” (Ef.6.12).

Guarnición que constituye una no pequeña multitud (cf. Ap.12.4-7) y están organizados en un imperio de maldad sumamente sistemático con un orden, una jerarquía y su comandante en jefe como cabeza: Satanás. Al no ser omnipresente, omnipotente ni omnisciente se ve obligado a delegar la mayor parte de su actividad a los demonios (cf. Mt.8.28, Ap.16.13-14, Job.1.12).

Ingenio, talento, riqueza, capacidad de organización, elocuencia, propaganda, carisma y personalidad son armas insuficientes en sí mismas para derribar las fortalezas del maligno. La cuarta parte de la armadura del creyente que nos expone el apóstol Pablo, al enviarles su misiva a los cristianos de Éfeso, es el “escudo de la fe”.

“Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno” (Ef.6.16). La naturaleza de la fe que actúa como un escudo es aquella que busca a Dios, confía en Su Palabra, obedece Sus mandatos, vive conforme a Sus promesas, persevera en medio de las pruebas, soporta la persecución y realiza obras de justicia.

La frase: “Sobre todo”, nos sugiere que la totalidad de las demás secciones de la armadura del cristiano, funcionan a base de esta. La realidad es que el conflicto con el maligno no podemos librarlo fundamentado en los sentimientos, esta guerra se ejecuta de acuerdo a la fe en la integridad de Dios y Su Palabra.

Una de las áreas predilectas que el Príncipe de las Tinieblas bombardea es la de la mente. El soldado romano usaba en su coraza un casco destinado a la protección de su cabeza en los enfrentamientos con sus enemigos. Esta también es una importante pieza de la armadura del creyente para el conflicto espiritual.

“Y tomad el yelmo de la salvación…”. Una de las estrategias del maligno es implantar ideas para llevarnos a pensar de forma derrotista, sumisa, negativa y pecaminosa. Este es el casco “de la salvación”, porque es cuando se opera este milagro en un ser humano por medio de la sangre de Cristo, que a su mente da protección.

Cuanta necesidad tiene el amado pueblo de nuestra Isla de una experiencia real con Dios y poder ser renovados en su mente para pensar libremente, Jesús dijo: “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn.8.32). Trabajo luciferiano el desarrollado por el Gobierno que ostenta el poder ya por cinco largas décadas, para mantener al lastimado pueblo cubano en un a actitud servil.

El sexto elemento está constituido por un arma ofensiva en la confrontación contra el adversario de las almas: “…y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios” (Ef.6.17). Sumamente importante es el correcto conocimiento de las Escrituras para conservar una firme postura al enfrentar cualquier situación o ataque del maligno.

Verdadera Iglesia es aquella que defiende la inspiración divina de la Palabra de Dios en todo lo que enseña. Abandonar la actitud de Jesucristo y los apóstoles respecto a la autoridad e inspiración de los Oráculos divinos, es destruir su poder para reprender o corregir, redimir, renovar la mente, sanar, expulsar demonios y vencer todo mal.

Con todo este equipaje entonces podemos orar e interceder por los santos y por la visitación de Dios a nuestra Patria, para que las ventanas de los cielos se abran y Sus bendiciones sean derramadas. Algunos creen que no hay ningún conflicto, pero la Biblia nos habla de armadura, de enemigo y de lucha, así que es mejor que nos preparemos como buenos soldados de Jesucristo.

Hoy la Iglesia se ve tentada a enfrentarse a Satanás con armas naturales como la sabiduría humanista, la filosofía, la psicología, los espectáculos que se montan en los templos y otras “estrategias”. El avivamiento del Espíritu Santo, la destrucción de las fortalezas de Satanás y la libertad del pecado solo se logra en la batalla protegidos con la armadura de Dios.

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