Derecho al Trabajo Digno (I), Carlos Valhuerdi Obregón.

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Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 16 de noviembre de 2012, (FCP). La vida económica no tiende solamente a multiplicar los bienes producidos y a aumentar el lucro o el poder, está ordenada ante todo al servicio de las personas, de cada individuo y de toda la comunidad humana. La actividad económica debe moverse dentro de los límites del orden moral, según la justicia social, a fin de responder al plan de Dios sobre el hombre.

El desarrollo de las actividades económicas y el crecimiento de la producción están destinados a satisfacer las necesidades de los seres humanos. Este desarrollo, al igual que toda actividad económica, está estrechamente ligado al trabajo humano de donde emana. El trabajo humano procede directamente de las personas creadas a imagen de Dios.

Los humanos estamos llamados a prolongar, unidos y para mutuo beneficio, la obra de la creación y así dominar la tierra (cf Gn 1, 28). El trabajo es, por tanto, un deber: “Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma” (2Ts 3, 10). Con el trabajo honramos los dones del Creador y los talentos recibidos de Él.

Al soportar el peso y el sacrificio del trabajo en unión con Jesús, el carpintero de Nazaret, este puede llegar a ser redentor. Al sobrellevar esta obligación, el hombre colabora en cierta manera con el hijo de Dios en su obra redentora. Se muestra así como fiel discípulo de Cristo al llevar con amor la cruz de cada día en la labor que realiza.

Puede llegar a ser un medio de santificación y de animación de las realidades terrenas en el espíritu de Cristo. Mediante el trabajo la persona ejerce y aplica una parte de las capacidades inscritas en su naturaleza. El valor primordial del trabajo pertenece al hombre mismo que es autor y destinatario. El trabajo es para el hombre y no el hombre para el trabajo.

Cada cual debe poder sacar del trabajo los medios para sustentar su vida y la de los suyos y para prestar servicio a la comunidad humana. Todo hombre tiene derecho a la iniciativa económica y a poder usar legítimamente sus talentos para contribuir a una abundancia provechosa para todos, y así poder recoger los frutos de sus esfuerzos.

Se exceden los gobiernos que coactan y persiguen el desenvolvimiento laboral particular y sus iniciativas. Este comportamiento absurdo institucionalizado por regímenes comunistas ha acarreado penurias y escaseces en las poblaciones por ellos subyugadas y cuando han pretendido remediarlas forzados por la presión social han desembocado en un “canibalismo”.

Situación esta que se agrava cada vez más en Cuba producto de una doble moneda, donde el peso cubano (CUP) carece de valor y la ideada por la dictadura, el peso convertible o CUC, no es en la que recibes tu escaso salario. Sin embargo, la mayoría de los productos te los venden en CUC o su precio convertido a pesos cubanos, donde el cambio es 25 CUP por 1 CUC.

Fruto legítimo del trabajo es el salario. Negarlo o retenerlo puede constituir una grave injusticia (cf Lv 19, 13; Dt 24, 14-15; St 5, 4). El trabajo debe ser remunerado de tal modo que se den al hombre posibilidades de que él y los suyos vivan dignamente su vida material, social, cultural y espiritual, al tener en cuenta la tarea y productividad de cada uno.

Así mismo también debe tenerse en cuenta las condiciones de esa empresa y el bien común. El acuerdo de las partes no basta para justificar moralmente la cuantía del salario. Es inmoral aprovecharse de la necesidad de trabajo de las personas para imponerles salarios insuficientes, como ocurre en Cuba bajo la dictadura de los Castro.

Es inmoral también por parte del gobierno no abastecer suficientemente y de calidad el mercado estatal, lo que genera los precios altísimos en relación al nimio salario, situación que aprovechan los pícaros para enriquecerse. Estos tratan de sacar provecho en épocas de crisis, ya sean estas producto de malas administraciones y/o a fenómenos naturales, incrementándose así la miseria.

Acceder al trabajo y a la profesión debe estar abierto a todos sin discriminación, a hombres y mujeres, sanos y enfermos, autóctonos e inmigrados, seguidores y contrarios al gobierno, creyentes o no. El trabajo constituye un derecho de todo ser humano, por lo que la sociedad debe ayudar a los ciudadanos a procurarse trabajo y empleo.

La mayoría de los productos que se le vende al pueblo lo hacen en CUC.

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