Derecho al Trabajo Digno (II y final), Carlos Valhuerdi Obregón.

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Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 23 de noviembre de 2012, (FCP). Prescribe la Declaración Universal de Derechos Humanos en su Artículo 23, entre otras cosas, que los trabajadores deben estar protegidos contra el desempleo y en su inciso 4 aclara: “Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicalizarse para defensa de sus intereses”. En la Cuba actual está prohibido organizar un sindicato ajeno al oficialista.

Esta prohibición ata de pies y manos al proletariado cubano y le deja indefenso ante las arbitrariedades del gobierno comunista y de los administradores de los diferentes centros de trabajo. Tampoco los Castro reconocen el derecho a la huelga, por lo que nuestros trabajadores están expuestos a injusticias sin que puedan defender sus derechos.

La Iglesia católica reconoce que: “La huelga es moralmente legítima cuando constituye un recurso inevitable, si no necesario para obtener un beneficio proporcionado. Resulta moralmente inaceptable cuando va acompañada de violencia o también cuando se lleva a cabo en función de objetivos no directamente laborales o contrarios al bien común” (Catecismo de Iglesia Católica).

Entre los intereses no laborales que conducen a huelgas están aquellos provocados por elementos alborotadores que tratan de subvertir las leyes y/o el orden constitucional democráticamente impuesto. Confunden así a la población incauta, logran de esta manera promover por la fuerza el establecimiento de regímenes dictatoriales camuflados bajo un manto de benefactores populistas.

Estos regímenes, a mediano o corto plazo, aniquilan las garantías propias de un Estado de Derecho y por ende atentan contra los derechos fundamentales de todo ser humano. Pasan de ser siervos de un patrono del que se podían defender por medio de sindicatos libres, a ser esclavos de un Estado totalitario, que de ciudadanos les convirtió en súbditos sin derecho a contradecir.

Privar de su trabajo a una persona por su condición política o religiosa, como ocurre en Cuba, constituye un atentado contra su dignidad y una amenaza para el equilibrio de su vida y la de los que dependen de él. Pues además del daño personal padecido, de esa privación se derivan riesgos numerosos para su hogar y para la sociedad en general que es obligada a vivir en el temor.

Temor este que se manifiesta en la doble moral, en el miedo a expresarse libremente y lo que es peor, a manifestarse en contra de los que piensan igual que uno, perseguirlos y hasta denunciarlos y golpearlos de ser preciso para mantener un trabajo o permanecer en la universidad. El terror inculcado por el régimen hace todo eso, aunque al otro día se disculpen en tu casa los agresores.

Los empresarios están obligados a considerar el bien de las personas y no solamente el aumento de las ganancias. No debemos repudiar las ganancias, ya que estas son necesarias, porque permiten realizar las inversiones que aseguren el porvenir de los negocios y garanticen el aumento de puestos de trabajo, pero estas deben estar reguladas para que no se excedan.

Constituye el trabajo un derecho y no una obligación, salvo en caso de graves calamidades públicas y del trabajo forzado impuesto a los reos por cometer determinados delitos. Aunque se deje a la persona elegir una actividad laboral concreta, la imposición de trabajar ya de por sí trasciende los límites de lo justo.

Puede darse el caso de que la persona obligada a trabajar no necesite de un sueldo fijo y seguro, porque vive de una herencia o de un estipendio que le envían desde el exterior sus familiares. Aunque sí constituye el trabajar una obligación moral, esta nunca debe ser jurídica. Es una injusticia que en Cuba se condene a prisión por Peligrosidad Predelictiva a los que no trabajan.

Constituye una injusticia este “delito” que demuestra la postura inmoral del Estado cubano, pues este no puede ofrecer trabajo remunerado a nadie por la insuficiencia de los medios de los cuales dispone, además de poner obstáculos a los profesionales que desean realizar trabajo particular. Critican ahora el paternalismo y las plantillas infladas de las cuales ellos son la causa.

Aumenta el número de desempleados, sin embargo, alargaron la edad de la jubilación y crece significativamente el número de recién graduados que no tienen donde laborar después del tiempo de adiestramiento. El socialismo atentó desde su inicio contra los logros alcanzados por el proletariado cubano, convirtiéndolos en esclavos estatales sin derecho a rebelarse.

Se creó el Trabajo “Voluntario”, al cual no ir o escaparse era un delito inconcebible, se atentó de esta forma contra el logro de la clase trabajadora: la jornada de 8 horas. Se impuso a los estudiantes el ir contra su vocación, pues tenían que optar en sus estudios por aquellas carreras que el gobierno les imponía y los obreros lo harían donde se les asignara: violaban así su libertad.

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