La Voluntad de Dios (I), Antonio Raúl Machado García.

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Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 14 de diciembre de 2012, (FCP). En Jesús tenemos el supremo ejemplo del conocimiento de la voluntad de Dios y sujeción a la misma. “Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada” (Is.53.10).

Generalmente la Biblia aborda la voluntad del Altísimo en tres sentidos. En primer lugar en algunos pasajes se refiere a la “Ley de Dios”, como cuando el rey David compara la frase “tu ley” con “tu voluntad” en el Salmo 40.8. Asimismo el apóstol Pablo considera que el conocimiento de Su ley, es sinónimo de conocer Su voluntad (Ro.2.17-18).

Jehová, en otras palabras, ha dejado en las Escrituras instrucciones para los seres humanos, a fin de que conozcan cómo Él quiere que nos conduzcamos en nuestro vivir, por tanto, Su ley podría llamarse propiamente “La voluntad de Dios”. Ley significa fundamentalmente “instrucción” y esta abarca toda la Palabra del Todopoderoso.

Esta era la preocupación que se agolpaba sobre el apóstol Pablo en su discurso de despedida en la ciudad de Mileto: “Por tanto, yo os protesto en el día de hoy, que estoy limpio de la sangre de todos; porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios” (Hch.20.26-27). El propósito del apóstol era que tuvieran un conocimiento amplio de la voluntad del Creador.

En segundo lugar, también se emplea la frase “La voluntad de Dios” para denominar cualquier cosa que la Divinidad desee expresamente. Esto es lo que se conoce propiamente como: “La perfecta voluntad de Dios”. Por ejemplo, es la voluntad revelada de Dios que todos los seres humanos se salven (1Tim.2.4, 2Pe.3.9).

No significa lo anterior que el género humano se salvará en su totalidad, porque tristemente son muchos los que rechazan el amor y la salvación de Dios, y viven de espaldas a Él. Jesús enfatizó: “No todo el que me dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mt.7.21).

Deseo del corazón de la Trinidad es que ningún creyente caiga de la gracia (cf. Ga.5.4) y quedar fuera de la comunión con Dios. Ahora, “…por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará” (Mt.24.12), aun así, Él no anula la responsabilidad humana de arrepentirse y creer en el evangelio, a pesar de las circunstancias.

“Voluntad de Dios”, en tercer lugar, puede referirse a lo que el Alto y Sublime permite que ocurra aun cuando Él no desea específicamente que suceda, es cuando un evento tiene lugar contrariamente al deseo del Altísimo, por la obstinada decisión de un grupo de individuos. Esto es lo que se conoce adecuadamente como “la voluntad permisiva de Dios”.

Por ejemplo, el llamamiento a Jonás para que fuera a la ciudad de Nínive y les amonestara acerca del inminente juicio de Dios sino se arrepentían de su maldad, estaba en la perfecta voluntad del Altísimo. No obstante Él permitió, por la obstinación del profeta, que viajara en la dirección contraria hasta que al final se sometió a la voluntad divina.

Saúl, el primer rey de Israel, es un caso muy ilustrativo puesto que no estaba entre los planes divinos que esta nación tuviera un monarca como los países vecinos. “Y dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos” (1Sa.8.7).

Realidad indiscutible es que mucho de lo que acontece en todo el mundo en la actualidad, es contrario a la perfecta voluntad de Dios. Los ejemplos hablan por sí mismos: “Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, …ingratos, impíos, …calumniadores, …traidores, …que tendrán apariencia de piedad…” (2Tim.3.2-5).

Tampoco es la voluntad expresa del Todopoderoso que un pueblo viva con tanta miseria, penurias, obstinación, temores y mal gobernados como sucede hoy con la aterrorizada Isla de Cuba. Gran responsabilidad por esta situación recae sobre un gran sector de la cristiandad cubana, la que se supone ejerza autoridad espiritual y no sea un instrumento más del Estado.

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