Los Bloques Verdes del Bloqueo (III), Carlos Alberto Martínez Muñoz.

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El Condado, Santa Clara, 30 de noviembre del 2012, (FCP). Luego de que se hicieran públicos los resultados de la votación del proyecto de Resolución de Cuba contra el bloqueo, intervino Ronald Godard, representante de Estados Unidos ante la Asamblea. El diplomático sostuvo que las relaciones económicas de la nación norteña con otros países estaban determinadas por sus intereses regionales.

Godard consideró el comercio entre ambas naciones una ayuda humanitaria, y planteó que Estados Unidos es un amigo leal del pueblo cubano. Por otra parte, a pesar del resultado de la votación, el portavoz adjunto del Departamento de Estado, Mark Toner, sentenció: “Nuestra política hacia Cuba permanecerá intacta”.

Bruno Rodríguez Parrilla, en su derecho a réplica, hizo un análisis de las declaraciones del señor Godard ante la Asamblea. Declaraciones que, por demás, no fueron publicadas en la prensa oficialista, por lo que el pueblo de la Isla solo tiene una idea fragmentaria de las mismas a partir de la intervención del canciller cubano.

Sus palabras estuvieron dedicadas en gran parte a resaltar “la paja en el ojo ajeno”, algo que ya es práctica común, derivada de la incomodidad de mirarnos por dentro. Destacó además cómo el pueblo cubano ejerce y disfruta de libertad y autodeterminación.

Desafió a los EE.UU. a terminar con el bloqueo. “Si creen que necesitamos el bloqueo como pretexto, quiten el pretexto, pruébenlo”. Eso lo dijo con los dedos cruzados, pues si lo quitan nadie sabe con qué harán política los dirigentes cubanos.

Un aspecto sobre el que no se puede dejar de abundar es el porqué es dado el calificativo de genocida al bloqueo de los Estados Unidos contra Cuba. Son varias las razones, irrebatibles por demás, que apoyan el uso de este terrible adjetivo.

Bruno Rodríguez declaró que “el bloqueo contra Cuba califica como un acto de genocidio, de conformidad con los incisos b y c del Artículo 2 de la Convención de Ginebra para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio de 1948. Constituye una violación masiva, flagrante y sistemática de los derechos humanos de un pueblo entero”.

Lester D. Mallory, subsecretario de Estado de EE.UU., redactó su doctrina sobre los objetivos a alcanzar por el bloqueo sobre la esfera económica de la Mayor de las Antillas. Desde 1960, sus ideas han guiado el accionar de sucesivas administraciones norteamericanas, y refuerzan el carácter genocida del bloqueo.

Mallory escribió que los objetivos eran: “provocar el desengaño y el desaliento mediante la insatisfacción económica y la penuria (…) debilitar la vida económica negándole a Cuba dinero y suministros con el fin de reducir los salarios nominales y reales, provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

El director de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés) del Departamento del Tesoro, Adam Szubin, expresó este mismo año que: “Nuestras sanciones legales reflejan nuestros principales intereses en seguridad nacional y política exterior, y la OFAC las aplica exhaustivamente…”.

Este bloqueo genocida debe terminar. Es un instrumento retrógrado y anacrónico. No fue pensado como una solución a largo plazo, sino a mediano plazo, y ya su tiempo pasó. Las personas están primero, y el sufrimiento humano está por encima de los intereses políticos. Esa es una lección pendiente que ambos gobiernos, el de Cuba y el de Estados Unidos, deben aprender.

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