Sin Estrechez de Pensamiento, Ramón Jiménez Arencibia.

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El Condado, Santa Clara, Villa Clara, 7 de diciembre del 2012, (FCP). Es difícil en medio de tan complejas circunstancias nacionales e internacionales encontrar el camino correcto. El laberinto de problemas al que se enfrenta la humanidad obliga a los estudiosos de los diferentes campos de la ciencia, a los dirigentes políticos, religiosos y sociales a realizar análisis más objetivos de la realidad.

Los enfoques que desde las posiciones ideológicas más divergentes se hacen, recogen los principales aspectos de la situación política y económica del país. También las posibles soluciones a la crisis, en un contexto donde se creen las condiciones necesarias que den rienda suelta y a la vez estimulen el desarrollo de las fuerzas productivas.

Actualizar el Modelo Económico Cubano resulta igual que si el conferencista hablara del Socialismo del Siglo XXI o pintar de un color atractivo la fachada para mantener dormido en los laureles a los incautos. Los que dirigen el país se han visto obligados a desechar muchos conceptos enarbolados por los fundadores de su doctrina política.

Toda la propaganda desplegada, alrededor del concepto “Actualización del Modelo Económico Cubano” es justificativa. Está dirigida fundamentalmente a justificar algunas de las medidas de carácter económico y no política, que ha empezado aplicar la élite gobernante, con vistas a garantizar la continuación del régimen actual.

Los cambios que se producen en la esfera de la economía no pueden ser calificados de sustanciales. Ninguna de las leyes aprobadas tiene el objetivo de crear una clase media fuerte. Muchos son los factores que el gobierno ha instrumentado para evitar que esto suceda. Los impuestos ascendentes y el ejército de inspectores desplegados cumplen esa misión.

Muchos amigos y hermanos dentro de la oposición confunden las medidas adoptadas, que integran el cuerpo de los Lineamientos sobre la política Económica y Social. Buscan cierta similitud con la Glasnost y la Perestroika. Tamaño error, la Perestroika sí puso en movimiento la vida social de la desaparecida Unión Soviética.

Con objetividad se puede considerar que la misma despertó sus fuerzas creadoras, infundió en la gente esperanzas de poder salir del atolladero al que lo habían conducido 70 años de totalitarismo. El inmovilismo dejó paso a una nueva terminología: la de la Perestroika, lo que significó una nueva mentalidad, reforma del sistema político y democratización.

Por esas simples cosas encontramos más diferencias que similitudes con la Actualización del Modelo Cubano. En Cuba no existe cambio político alguno, sigue vigente la dictadura de un solo partido, cuya política es un freno al espíritu emprendedor de los cubanos. Se priva a este del derecho a elegir y ser elegido a los más altos cargos de la nación.

Es evidente que el régimen para mantener el status político actual ha emprendido pequeños cambios económicos. Han surgidos cientos y miles de pequeños propietarios, tanto en la ciudad como en el campo. Es decir que al lado del estatismo más absoluto han surgido nuevas formas de propiedad.

Esto no significa que el sistema disfuncional que ha prevalecido durante más de medio siglo comience a cambiar. Raúl insiste en que todos deben cambiar la mentalidad, para estar a la altura de los cambios efectuados. Pero como marxista que se proclama debe saber que si no cambia los cimientos sobre los que descansa una economía ineficiente, esta sigue enferma.

No se perfila por ninguna parte el modelo económico que debemos construir. Las tibias Reformas aplicadas no podrán sacar al país del marasmo económico a que la condujo el totalitarismo. Lo que ocurre hoy tiene un nombre, oportunismo. Todo lo que los gobernantes hacen no es por el futuro económico del país, sino para salvar La Dinastía de los Castro.

Sin estrechez de pensamiento, vemos con preocupación que no existe el interés por parte de los dirigentes del Partido Comunista de Cuba, única fuerza política permitida en el país, de profundizar en las pequeñas reformas aplicadas. Al contrario, actúan como un mecanismo de freno, como una pirámide burocratizada para ahogar la iniciativa individual.

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