Un Nuevo Bodrio de Traición (XXXV), Guillermo Fariñas Hernández.

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La Chirusa, Santa Clara, Villa Clara, 30 de noviembre del 2012, (FCP). Un jubilado exoficial de la DGCI en Villa Clara asegura: “Aquella huelga de hambre de 1997 nunca en mi vida se me va a olvidar, porque se nos fue de las manos en un primer momento y de pronto no sabíamos cómo controlar aquella avalancha de información, que estaba centrada en nuestra provincia, porque de pronto todos los ojos del mundo se centraron en Santa Clara…”.

Continúa: “… también nos pudimos dar cuenta, que nuestros jefes en La Habana estaban tan anonadados como nosotros, respecto a el flujo informativo alrededor de la huelga de hambre que estaban ejecutando los contrarevolucionarios en la ciudad. Poco a poco nos fuimos adaptando al nuevo escenario operativo y comenzamos a emitir criterios para neutralizarla…”.

Termina: “… quien nunca perdió el rumbo y continuó en sus treces, fue el hoy coronel Rubén Álvarez Pérez, este oficial insistía en que había que empujar a los desconcertantes Ayunantes de Santa Clara a salir del país, porque esa era la motivación generalizada de todos y a partir de esta propuesta comenzamos por fin nuevamente a tener control de la situación operativa”.

Sería bueno poner a los lectores no familiarizados con aquel momento histórico sobre el actuar de cada uno de los dirigentes más reconocidos de la región central. Porque algunos de ellos sabotearon y disfamaron abiertamente La Huelga de los Ayunantes de Santa Clara, mientras otros los apoyaron con ciertos recelos.

Estos últimos apoyaron a medias a los Ayunantes de Santa Clara, pasados hoy casi 21 años de hacer disidencia no violenta, vemos que aquel menguado entusiasmo se debió a que aún como disidentes muchos no estaban preparados para los ayunos en las calles. Y por eso adoptaron una postura equidistante respecto a esta manera de hacer desobediencia civil.

Es mi opinión, que eran personalidades opositoras mediáticas de aquel momento aquí: Berta Antúnez Pernet, Amador Blanco Hernández, Margarito Broche Espinosa, Pedro Castellanos Pérez, Juan Francisco Fernández Gómez, Osvaldo Garciandía López, Luís Ramón Hernández Rodríguez, Pedro Herrada García, Librado Linares García y Omar Pernet Hernández.

El trio opositor conformado por Juan Francisco Fernández Gómez, Pedro Castellanos Pérez y Luís Ramón Hernández Rodríguez, el primero devenido en 1999 como el Agente “Félix” de la Seguridad del Estado, se opuso manifiestamente a la protesta pacifista. Ahora comprendemos que ellos seguían las orientaciones directas de los sabuesos represivos del G-2.

Incluso, verdad que la Casualidad es toda una Categoría Filosófica, pues dio la casualidad que el propio Luís Ramón residía y aún reside frente por frente a la casa del ayuno. La protesta se ejecutó en el número 317 de la calle San Miguel entre Toscano y San Pedro, mientras Hernández Rodríguez vive en esa misma vía con las mismas entre calles, pero en el 308.

Mientras los dirigentes: Berta Antúnez Pernet, Amador Blanco Hernández, Margarito Broche Espinosa y Pedro Herrada García, aunque jamás criticaron públicamente a Los Ayunantes de Santa Clara, sí mantuvieron una prudencial distancia del evento cívico. Como si temieran salir perjudicados por alguna publicidad negativa proveniente de la huelga.

Después uno de los integrantes de este cuarteto me confesó: “… aquello de realizar una huelga de hambre colectiva en plena calle, era algo temerario y sin precedentes en la lucha de la disidencia pacífica, yo personalmente llegué a pensar que pudiera ser una trampa bien preparada por la Seguridad del Estado y también me dejé influenciar por El Junior (Agente Félix)…”.

Esto no quiere decir que no los apoyaran, pero los Ayunantes de Santa Clara sí sintieron un claro distanciamiento respecto a su huelga de hambre. Por ejemplo, en el caso de Berta Antúnez, quien estaba al frente del Movimiento de Resistencia Cívica “Pedro Luís Boitel”, no se personó ante los protestantes, pero sí lo hizo su esposo Alejandro García Sardiñas.

Del activo núcleo opositor arraigado en la ciudad de Placetas, el que más se acercó y apoyó a estos opositores no violentos de Santa Clara fue el exprisionero político Omar Pernet Hernández. Este vino acompañado de un dueto de disidentes de allá, quienes después asumirían un gran protagonismo en los años venideros: María Elena Alpizar Ariosa y Amado Ruiz Moreno.

Dentro de la dirigencia opositora en el territorio central del país resultó ser Librado Linares García, Secretario General del Movimiento Cubano Reflexión (MCR), con quien más pudieron contar los ayunantes. Este viajaba casi a diario desde Camajuaní hasta Santa Clara para tratar de convencerlos de abandonar esta forma de protesta, pero a pesar de sus negativas, los apoyaba.

Linares García quien no consideraba al método de hacer huelgas de hambre con grandes posibilidades de triunfo ante el gobierno, porque sostenía con ejemplos la crueldad histórica demostrada hacia sus adversarios políticos dentro de las prisiones y en la calles. Él se apoyaba en muchos hechos ocurridos sin una adecuada cobertura periodística y carente de publicidad.

Le argumentaba a Librado, que la huelga de hambre era un método sublime de entregar la vida por una causa, donde los huelguistas se ponían en riesgo mortal y el castrismo se veía limitado, pues tendría que dejarlos morir ante toda la opinión pública nacional e internacional. Algo que trataría de evitar, pues la crueldad, los castristas siempre trataban que fuera no pública.

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