Un Nuevo Bodrio de Traición (XXXVII), Guillermo Fariñas Hernández.

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La Chirusa, Santa Clara, 14 de diciembre del 2012, (FCP). Efectivamente se acercaba el día 16 de octubre de 1997, cuando iban traer a todo “bombo y platillo” los restos del icónico Che Guevara a la Plaza de la Revolución con su nombre en Santa Clara. Allí todavía se exhiben para los turistas extranjeros y visitantes nacionales los féretros con las osamentas del guerrillero argentino y la mayor parte de los caídos con él en combate en Bolivia.

A pesar de recibir la orden del Alto Mando del Ministerio del Interior desde La Habana, para que se introdujeran acciones operativas contra los Ayunantes de Santa Clara, donde se exacerbara el desprestigio, la división, la paranoia y la personalización egoísta. Al acercarse el día anterior al arribo de los restos, se determinó intervenir para arrestar a los huelguistas.

Por varias fuentes, incluido el Agente “Lector”, aquellos dentro de la vivienda donde se ejecutaba la actividad de Desobediencia Civil, se supo con antelación la acción represiva que sobrevendría. Debido a todo esto, allí se discutió entre todos lo que harían y determinaron por unanimidad aceptar el desafío del gobierno y sus órganos punitivos.

En horas de la madrugada del día en cuestión la casa fue asaltada por el frente, donde se picaron con grandes tenazas los candados y cadenas, mientras que a la misma vez miembros de la Brigada Especial Nacional (Boinas Negras) entraron al inmueble por un pasillo lateral. Aquello parecía toda una película de comandos de tercera categoría.

Los no violentos Ayunantes de Santa Clara fueron conducidos apresuradamente hacia la Unidad de Operaciones e Instrucción Penal de la Seguridad del Estado en Villa Clara, ubicada en Carretera a Camajuaní y Circunvalación. Eso tras ser golpeados y abusados físicamente por sus represores, quienes les pedían que dejaran la incómoda huelga de hambre.

Cuando se percataron que los protestantes continuarían en su postura contestataria, se los llevaron a dependencias de la Policía Criminal, para intentar confundir a la opinión pública internacional. A esa altura del juego los alabarderos del castrismo trataron de presentar a los disidentes en huelga de hambre y hacerlos pasar como simples delincuentes comunes.

La noticia sobre la encarcelación de los ya notorios Ayunantes de Santa Clara se regó como pólvora en todos ámbitos de la ciudad, la provincia, la Nación, el exilio y el mundo. Todos se encontraban asombrados aun por el hecho de que sí se podían hacer huelgas de hambre en Cuba fuera de las prisiones, en plena calle, y porque el G-2 se tardó varios días en reaccionar.

Precisamente porque horas después de ser arrestados, se les hicieron guardias de honor a los guerrilleros muertos en Sudamérica y la capital de la provincia Villa Clara se transformó en “La Capital Política de la Izquierda Mundial”. Estos actos solemnes se llevaron a cabo en la Biblioteca Provincial frente al céntrico parque “Leoncio Vidal”, antiguo Palacio de Gobernación.

Y la numerosa prensa extranjera que acudió a las exequias de Ernesto Guevara de la Serna, se interesaba por los pormenores de esta celebración castrista, pero a la misma vez, indagaron respecto a los Ayunantes de Santa Clara. Algo que encolerizó sobremanera a los máximos líderes, pues lo consideraron toda una afrenta a la preparada exaltación de sus ideales.

Dentro de la vivienda que fuera de Iván Lemas Romero y que resultara asaltada por los agresivos integrantes de la Brigada Especial Nacional, ya en horas del mediodía se encontraban numerosos opositores de Santa Clara, otros municipios de la provincia y de provincias cercanas. Ellos habían arribado a ese lugar a entregarles el aliento y la solidaridad de los que ya no estaban en libertad.

La paciencia del entonces mayor y jefe de Enfrentamiento a la Actividad Subversiva Enemiga en Villa Clara Raúl Fernández Mederos se terminó, por lo que ordenó una segunda redada contra los disidentes allí estacionados. En esta segunda ola represiva caí junto a otros hermanos de lucha e ideas, quienes estábamos en aquel lugar en plena valoración de lo ocurrido.

Junto con el ya fallecido opositor espirituano Vicente Ramos García resulté montado a la fuerza por efectivos policiales en un auto marca Lada de color rojo y en el cual nos trasladaron hacia la antigua 3ra Unidad de la Policía en Carretera Central y Calle 1ra de La Vigía. El recorrido, aunque corto y a muy alta velocidad, estuvo matizado por una fuerte pateadura a ambos.

Tras unas tres horas de estar encerrados en celdas se nos trasladó hacia el Órgano de Instrucción Penal de la Dirección Técnica de Investigaciones (DTI), hoy UPICO. En aquel sitio se encontraban todos los Ayunantes de Santa Clara, con quienes intercambié preguntas y les di respuestas a puro grito, pues todos estábamos científicamente separados unos de otros.

Fui llevado en calidad de arrestado y los represores no tuvieron en cuenta que yo me encontraba convaleciente de una huelga de hambre y sed, además me tenía que trasladar con la ayuda de muletas de antebrazo. También el hecho de que decidiera declararme en abstinencia de alimentos y con mi ya deteriorada salud, creo que libré de la cárcel en ese momento.

Los oficiales de la Seguridad del Estado Eduardo Castellón y Carlos Fidel Rodríguez Machado, al segundo y tercer día de encierro me sacaron a un interrogatorio donde estaba presente mi madre Alicia Hernández Cabeza. Allí me sondearon para saber si de ponérseme en libertad, yo continuaría con la huelga, les dije que no, porque yo solo era uno de los asesores de la misma.

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