Un Nuevo Bodrio de Traición (XXXVIII), Guillermo Fariñas Hernández.

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La Chirusa, Santa Clara, 21 de diciembre del 2012, (FCP). A mí se me liberó y llevó hasta la vivienda de mis padres para que pudiera continuar con mis tratamientos diarios de Fisioterapia en el Hospital Universitario “Arnaldo Milián Castro”. Y de paso salir de mí como huelguista un poco más experimentado que mis compañeros que aún estaban encarcelados y sin comer nada, o sea, entre la vida y la muerte como cualquier huelguista auténtico.

Asegura un oficial jubilado de la Seguridad del Estado: “En la segunda detención de elementos contrarrevolucionarios en la casa de la huelga de hambre, se arrestó a Guillermo Fariñas, alias El Coco, quien venía de hacer una larga huelga de hambre de más de 100 días en La Habana y este en cuanto llegó al Centro de Instrucción Penal comunicó que también estaba plantado…”.

Continuó: “… este elemento contrarrevolucionario constituía un serio peligro para lograr la manipulación que se pretendía con los huelguistas por sus aspiraciones de salir del país, como proponía el mayor Rubén Álvarez, porque por el trabajo de inteligencia sabíamos que este elemento no aspiraba a salir del país como los otros, así que acordamos quitárnoslo de arriba…”.

Prosiguió: “… se citó a la mamá para el Órgano de Instrucción Provincial y se le comunicó que nuestra jefatura no tenía interés ninguno en mantener a su hijo detenido allí, todo esto se le dijo con un tono conciliador, ella, por supuesto, estuvo de acuerdo y nos aseguró que trataría de convencerlo para que este no continuara en huelga de hambre…”.

Argumentó: “… aunque nos afirmó un poco escéptica, que su hijo tenía un carácter muy volátil, caprichoso y voluntarioso cuando se le contradecía, pero que ella haría hasta lo imposible por convencerlo, porque él todavía no se había recuperado totalmente de su última huelga de hambre y a pesar de las apariencias estaba muy delicado de salud…”.

Acotó: “… cuál no sería nuestra sorpresa al preguntársele a Fariñas, si él continuaría la huelga en su casa de ponerlo en libertad y nos dijo que no, que él solamente era asesor de los ayunantes y que el protagonismo de aquella protesta era de ellos. Entonces tratamos de convencerlo de que cooperase con nosotros para persuadir a los huelguistas y se negó con brusquedad…”.

Y finaliza: “… en la precipitación de salir de Fariñas no tuvimos en cuenta para nada, que este solo estaba explorando el terreno donde se movía y a nosotros los oficiales operativos de la provincia, ambos elementos éramos totalmente nuevos para él y este contrarrevolucionario trataba de cruzar información para hacernos más daño aún, porque la idea de la huelga era suya”.

Pasada la alharaca mortuoria del Che Guevara, Los Ayunantes de Santa Clara continuaron en sus treces de no comer, porque en la prepotencia característica de los represores en el totalitarismo les realizó un Juicio Sumarísimo sin Garantías Procesales. Esta decisión la tomó unilateralmente el coronel Freddy Castillo Véliz, jefe de la DGCI en la provincia de Villa Clara.

Los Ayunantes se sintieron muy ofendidos porque descaradamente se les incoó un delito totalmente fabricado y que ellos no había cometido bajo ningún concepto. Ellos resultaron acusados, procesados y condenados por Asociación para Delinquir, que en la práctica es formar una banda de tres o más personas y ejercer la violencia sobre las personas o las cosas.

Este abuso y manipulación malsanos del Código Penal por parte de las autoridades judiciales, policiales y fiscales logró el aferramiento de Los Ayunantes de Santa Clara, quienes se sabían inocentes y engañados. La mala determinación represiva hizo que el ayuno se prolongara en el tiempo y llegara a fechas ni pensadas por los propios protestantes.

Todo esto trajo consigo que Los Ayunantes de Santa Clara a pesar de estar encarcelados cayeran uno detrás de otro en el “Hospital Viejo”, donde se ubicaba la Sala de Penados, por sus precarios estados de salud. El ingreso de este colectivo en un centro de salud volvió a despertar a la aletargada opinión pública internacional y de rebote a la nacional.

La Seguridad del Estado con el Sectorial Provincial de Salud Pública en Villa Clara ingresó a Los Ayunantes de Santa Clara en la Sala # 10 de ese centro asistencial, específicamente en el cubículo central. Allí los empezó a tratar un equipo médico de Especialistas en Medicina Interna encabezados por los profesores Luís Ramón Terry y Jorge Aparicio.

También empezó una etapa de reblandecimiento a través de variados mecanismos engañosos por parte de la DGCI, para que Los Ayunantes de Santa Clara abandonasen su protesta. A pesar de la indiferencia mostrada por toda la prensa oficialista, prosiguió una “nefasta” publicidad en los medios extranjeros sobre el no violento reclamo ciudadano.

Precisamente, a estas alturas del juego entró en el argumento la exacerbación de los deseos y motivaciones que poseían todos Los Ayunantes de Santa Clara, de exiliarse en el exterior de Cuba. Los Equipos Multi Disciplinarios de la Seguridad del Estado atacaron en primer lugar, a los desesperados familiares de los que se morían un poco más día a día.

Afloraron posturas transigentes entre los consanguíneos de los Ayunantes de Santa Clara, quienes a su vez influenciaron sobre sus respectivos parientes que hacían huelga de hambre. En aquellos tiempos el mayor Rubén Álvarez Pérez decía: “Tratemos de chocar en lo personal lo menos posibles con los ayunantes, esa tarea de enfrentarse a ellos es de sus familiares”.

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