Una Semilla que Germina para Vida Eterna, Antonio Raúl Machado García.

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Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 2 de noviembre de 2012, (FCP). Como creyentes o no, debemos reconocer que la Biblia contiene la voz del Creador y que la misma nos da preceptos para que vivamos una vida santa, agradable al Él y así poder heredar las bendiciones que nos ha preparado. En la medida que nos alimentamos de ella, como hijos de Dios, podemos crecer y ser transformados a Su imagen.

Cuando una persona escucha el mensaje del evangelio y lo acepta para que guíe su vida con un genuino arrepentimiento de sus pecados, ocurre una transformación que las Escrituras llaman el Nuevo Nacimiento. Es por medio de la Palabra que Cristo es implantado en el creyente, esto es lo que produce la Nueva Creación.

Exactamente esta misma experiencia, para arrojar luz al asunto, vivió la Virgen María cuando aconteció la visitación del ángel y su respuesta no se hizo esperar: “Hágase conmigo conforme a tu Palabra” (Lc.1.38). Es de vital importancia atender lo que nos dice la voz de Dios, esto puede producir un cambio para la eternidad.

A partir del instante en que la Palabra encuentra habitación en una persona, comienza a trabajar en el alma, los pensamientos y hasta en el carácter, de tal manera que llegamos a reconocer la necesidad de un cambio que solo puede llegar con el oír con fe la Palabra de Dios. No resistamos Su consejo, Jesús en una ocasión dijo: “…mi palabra no halla cabida en vosotros” (Jn.7.37).

Alimentarnos contribuye al crecimiento y desarrollo físico, de la misma manera la Palabra de Dios es el alimento espiritual que fortalece nuestro espíritu, por esta causa los verdaderos creyentes diariamente la escudriñan. Es necesaria la fe para este modo de vida, el Salvador dijo: “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt.4.4).

El conocimiento obtenido del aprendizaje de los oráculos divinos con fe, nos habilita para participar de la misma naturaleza divina del Todopoderoso (cf. 2Pe.1.4). Este es el resultado de vivir, actuar y tomar decisiones en base a los Preceptos y Promesas divinas, hechas al género humano por medio de nuestro Señor Jesucristo.

Implica esto que cuando la Palabra del Altísimo no solo es oída y olvidada sino que toma vida en nuestro ser, entonces podemos compartir algunos de Sus atributos y todo lo que Él tiene para nosotros: amor, gozo, santidad, fe, dones, poder, etc. Cuanto estemos dispuestos a confiar en Dios ello nos dará la medida de lo que recibiremos.

La creación es un testimonio directo de que hay un Dios, también la Palabra escrita contribuye de forma contundente a este testimonio, debido a que su integridad y eficacia demuestran la existencia de un Ser supremo y real. El mismo transforma a cualquiera que con una fe sencilla toma en serio esta Palabra para aplicarla a su vida.

El enfrentamiento de Jesús con Satanás, narrado en el capítulo 4 del Evangelio de Mateo, nos enseña que Él no hizo uso de sus atributos divinos, sino que venció al Maligno al confesar la Palabra escrita. Jesús dijo: “Vete Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás” (Mt.4.10).

La Palabra es el agente creador del Altísimo, pues por medio de ella fueron creados los cielos y la tierra: “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios” (He.11.3). De esa misma manera actúa en el auténtico creyente para edificar la vida de Jesucristo, lo cual constituye la esperanza de gloria para los cristianos (cf. Col.1.27).

Condición corrompida es la que domina la mente del ser humano caído, que como una computadora ha sido programada para el pecado. La transformación de todo nuestro ser (espíritu, alma y cuerpo) viene por la renovación mental y esto es solo posible por la acción de la Palabra de Dios. Es entonces que podemos descubrir la voluntad del Creador para nuestras vidas.

¿Será por esta causa que el Gobierno Cubano adopta una posición tan satánicamente controladora con aquellos grupos cristianos que no se someten a las amenazas del régimen y predican abiertamente el evangelio? Estos temen que la Palabra de Dios, cual semilla fructífera, germine y muchas mentes sean liberadas y almas eternamente salvadas (cf. 1Pe.1.23).

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