Anticomunista para Siempre, Carlos Valhuerdi Obregón.

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Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 21 de diciembre de 2012, (FCP). Si quisiera ser justo y hablar de quienes me indicaron el camino a la oposición tendría que recurrir a mis padres y abuelos. Ellos no se hicieron contrarios a este proceso por puro gusto, sino que fueron dañados desde sus inicios por el proceso dirigido por Fidel Castro, a pesar de ser personas de humilde condición, sus arbitrariedades e injusticias los llevaron a oponerse a este.

Cada cual se opuso a su forma, según la época y sus vivencias personales. Mis padres lo hicieron negándose a pertenecer en las masificadoras organizaciones procomunistas, en mi caso lo hice uniéndome a un grupo de pacifista agrupado como Movimiento Maceístas por la Dignidad con los que aprendí que existía una Declaración de Derechos Humanos que aquí se incumplía.

Pero necesito puntualizar que antes de estar organizado desde 1992 en un grupo de pacíficos opositores, unos años antes ya y de forma espontánea varios amigos nos reuníamos en la casa de mi alergista y amigo, el doctor Laureano García y de su esposa la señora Marta Díaz. Ambos cónyuges habían sido luchadores contra la dictadura de Batista.

Marta además conoció de las intrigas y corrupciones en las altas esferas del gobierno fidelista, pues había sido secretaria de Osmany Cienfuegos y amiga de Diocles Torralba. La vida disoluta de muchos de esos dirigentes, sus aberraciones sexuales las supimos de primera mano gracias a sus revelaciones. Marta murió víctima de Polineuritis por Período Especial (hambre).

Con ella conocimos además que Fidel Castro posee sentimientos discriminatorios hacia los demás, pues ridiculizaba y subvaloraba a los indios latinoamericanos, a los negros africanos y hasta para con los vietnamitas que le visitaban. Todas estas delegaciones eran objeto de burlas por parte del “carismático líder” cuando salían de su oficina.

En aquellas veladas nocturnas, mientras tomábamos te o café, analizábamos los últimos artículos de Tiempos Nuevos y de la Revista Sputnik, los que gracias a la Glasnost traían verdades nunca antes reveladas. Allí celebrábamos cada derrumbe que sufría el socialismo en los diferentes países que habían formado parte hasta entonces de la égida soviética.

A las tertulias también asistía El Primo, un Veterano de la Guerra en Corea, personaje este que muchos recordarán en Santa Clara, pues era el gordo calvo que plasticaba carné frente al parque Vidal al lado de la librería “Viet Nam Heroico”. Sus vivencias bélicas nos ilustraban en la forma en que los Estados Unidos trataban de preservar la democracia y la libertad en el mundo.

El otro grupo que se aglutinaba en la casa del doctor Laureano estaba formado por estudiantes universitarios y recién graduados entre los que nos encontrábamos la abogada Magalys Pires y Frank Meana, el padre de su hijo. También asistían asiduamente un licenciado (X) y dos abogados más la señora (A) y el señor (B) cuyos nombres me pidieron no publicarlos por temor.

Eventualmente a estas reuniones concurría otro colega del doctor. Entre las acciones no violentas ejecutadas por nosotros estuvieron la escritura de consignas anticomunistas en el Boulevard, el parque de los Mártires, el Ferrocarril y en la acera que se fraguaba frente a la fábrica INPUD. Tratamos de colocar carteles en el cementerio cuando trajeron los restos de los caídos en Angola.

Esto no se logró porque no se nos permitió llegar al Campo Santo ese día ni tampoco la noche anterior a esta farsa montada por el régimen. A muchos de los adolescentes y jóvenes que pasaban el Servicio Militar Obligatorio se les obligó a servir como mercenarios en una tierra extraña y en una causa entre comunistas de diferentes posiciones donde cayeron por su inexperiencia.

Inolvidable será no solo para mí, sino para todos los miembros de aquel grupo informal, aquellas jornadas que compartimos. Tampoco olvidaré lo vivido como miembro del Foro Antitotalitario Unido y periodista independiente del blog Foro Cubanacán Press al lado de personas tan queridas con las cuales he compartido no solo ideales, también golpizas y prisiones.

A estos hermanos de lucha les prometo que desde cualquier parte del mundo a donde vaya jamás renunciaré al anhelo de ver a Cuba libre y plural. A ese empeño dedico y dedicaré siempre mi existencia de la forma que mejor sé hacerlo, denunciando injusticias y atacando con la palabra a los monstruos que la esclavizan. Pido a Dios me ayude en ese propósito.

 El cronista,segundo de derecha a izquierda, días antes de partir al exilio.
El cronista,segundo de derecha a izquierda, días antes de partir al exilio.

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