El Día y la Hora Nadie lo Sabe (I), Antonio Raúl Machado García.

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Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 4 de enero de 2013, (FCP). El evento del 21 de diciembre respecto al posible fin del mundo, supuestamente “profetizado” por los estudiosos mayas, acaparó la atención de la mayoría de los medios informativos y de millones de personas en todo el planeta. Escritos de esta antigua civilización mantienen alerta a muchos por sus interpretaciones un tanto desvirtuadas.

Algún tiempo atrás, Reinaldo Taladrid en su programa televisivo “Pasaje a lo desconocido” manifestó que iba a esperar este gran suceso del “fin del mundo” en una azotea de La Habana, con un grupo de fanáticos del tema. Con tremenda expectativa llegó el esperado día y también se deslizó “como una sombra que pasa” pues nada anómalo produjo la alineación de los planetas.

Mayas solamente no son los que han hablado del 2012, hace poco tiempo se encontró el famoso laberinto de Egipto, a los pies de las pirámides, llamado “El Laberinto de Hawara” (Mataha Hawara). Mucho conocimiento de nuestros antepasados allí se guarda y se encuentran escritos sobre el 2012, que dicen que sería un hecho catastrófico.

Otros grupos religiosos se han dedicado a vaticinar el final de los tiempos, y arrastran a los ingenuos con textos manipulados. “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonaran maestros conforme a sus propias concupiscencias y apartaran de la verdad el oído y se volverán a las fábulas” (2Tim.4.3-4).

El fin de todas las cosas, la forma en que sucederá, cuándo y cómo es algo que a todos, de una manera u otra, nos cautiva la atención. No fue diferente con los discípulos de Jesucristo, pues después que les profetiza la destrucción del Templo, ansiosamente ellos le preguntan: “Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?” (Mt.24.3).

A esta pregunta Jesús responde con una serie de elementos proféticos: 1-señales generales hasta los últimos días (4-14), 2-señales específicas de los días finales, la gran tribulación (15-28), 3-señales espectaculares en Su regreso (29-31), 4-advertencia a los santos antes y durante la gran tribulación (32-51), y 5-juicio de las naciones después de Su regreso.

Es bueno observar que en Mateo 24 no se dan todos los detalles del retorno triunfante de Cristo con poder y gran gloria, hablamos de sucesos que están en el futuro y no han tenido lugar (Es lo que estudia la Escatología) y debemos ser muy cuidadosos. Para una buena interpretación no se deben aislar textos, sino analizarlos en conjunto (Hermenéutica).

Los versículos 4-14 abarcan las señales dadas por el Maestro que caracterizan todo el curso histórico de los últimos días y que se intensificarán a medida que se acerca el fin: Aumentarán los falsos profetas y los transigentes religiosos dentro de la iglesia visible, que permiten lo que Dios prohíbe, alaban lo que el Altísimo condena y así engañarán a muchos incautos.

Nadie puede negar que vivimos en un tiempo donde el aumento de las guerras, el hambre y los terremotos es algo que escuchamos diariamente en las noticias. Esto no es casualidad, pues se encuentra en la profecía bíblica en palabras del propio Jesucristo (6-7), pero todavía no es el fin sino que serán “principio de dolores” (8).

A medida que nos acercamos en el tiempo al final de las cosas, la persecución del pueblo de Dios será más drástica (9) y también, contiene las Escrituras, que muchos abandonarán su lealtad a Cristo. Tras la llegada del comunismo a nuestra Isla, esta fue pionera en la disciplina de ponerle un pesado yugo a la Iglesia Cristiana, y quien no se someta debe atenerse a las consecuencias.

En esta recta final, de acuerdo al Texto Sagrado, aumentarán de forma vertiginosa el desacato a la ley del Todopoderoso, la violencia, el crimen, y disminuirán el afecto familiar y el amor natural al prójimo (12). “Porque habrá hombres amadores de sí mismos…, sin afecto natural…, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita” (2Tim.3.2-5).

Muchos, dentro de las iglesias, afirmarán que son creyentes, se congregarán en los templos, aparentarán reverencia a Dios, pero no tolerarán la fe apostólica original del Nuevo Testamento ni la exigencia bíblica de separarse de la injusticia y condenar el pecado cualquiera sea su forma. Todo esto forma parte del escenario del fin, pero el día y la hora nadie lo sabe (Mt.24.36).

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