El Día y la Hora Nadie lo Sabe (II), Antonio Raúl Machado García.

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Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 11 de enero de 2013, (FCP). Las Sagradas Escrituras nos informan claramente, que en los días postreros las cosas empeorarán paulatinamente en la medida que nos acercamos a la consumación de las edades (cf. 2Pe.3.3, 1Jn.2.18, Jud.17.18). Estos tiempos se caracterizarán por la maldad siempre en aumento, el fracaso de las normas de moralidad y la multiplicación de falsos creyentes e iglesias.

Cientos de curiosos se conglomeraron en Chiapas, México para esperar el día 21 de diciembre del año 2012, porque este supuestamente sería el último para esta humanidad que habita el planeta Tierra. Aquí surgieron las teorías sobre “el fin del mundo” por lo que muchos asistieron movidos por la curiosidad e incertidumbre producto de las “profecías”.

No fueron pocos los que no asistieron ni al trabajo para, según algunos, recibir en meditación las nuevas “vibras” que la nueva era que comienza les trae. Tampoco faltaron, por supuesto, los rituales prehispánicos que otro grupo numeroso ejecutó para librase de las “malas vibras“. Todo esto con una gran afluencia de turistas que concurrieron por la “energía” que flotaba en el lugar.

La Biblia nos indica que a pesar de la intensificación de los problemas de la humanidad, el evangelio de Jesucristo continuará su expansión por todas las naciones y llegará hasta lo más recóndito del planeta (Mt.24.14). Movimientos misioneros cristianos se movilizan en naciones más bendecidas para llegar hasta los lugares donde aún no se han escuchado la “Buenas Nuevas”.

El Maestro continúa su exposición y nos declara que aquellos que se salvarán son los que permanezcan firmes en su fe en Dios y en Su Palabra, a través de toda la aflicción que antecede al tiempo del fin (Mt.24.13). Los fieles, al ver la intensificación de esas señales, sabrán que se acerca el día del retorno de Jesucristo por ellos (cf. He.10.25, Jn.14.3).

Algunos dudan de que este evento tenga lugar, pero Jesús dijo: “vendré otra vez” cuando se refirió a su regreso de la presencia del Padre para llevar consigo a sus discípulos y seguidores, aquellos que han guardado Su Palabra, con Él al cielo. Esa era la esperanza de los creyentes del Nuevo Testamento, y es la misma de los actuales cristianos.

Jesús procuró que sus oyentes no carecieran del conocimiento correcto sobre el tiempo del fin, por tanto Su discurso en el Monte de los Olivos sobre las señales que sucederían hasta el fin, lo dirige a sus adeptos. En cuanto a los creyentes que vivan antes del periodo de la tribulación (Nosotros), no pueden calcular, ni siquiera aproximadamente, el tiempo de Su retorno (42-44).

Marco propicio y adecuado para amonestar a la iglesia cristiana para que esté apercibida y preparada en su obrar de acuerdo a la perfecta voluntad de Dios, pues en cualquier momento Él volverá para llevarlos al cielo, a la casa del Padre. Allí será trasladada “la familia de Dios” (Ef.2.19), “porque no tenemos aquí ciudad permanente” (He.13.14).

Además de triste, es también muy decepcionante la imagen que proyecta un gran sector de la iglesia cubana, no pocos han equivocado el camino correcto por congraciarse con el Gobierno Comunista imperante en nuestra Isla. Posición peligrosa es esta puesto que “el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis” (Mt.24.44).

Millones hoy son manipulados con supuestas apariciones y mensajes relacionados con el fin del mundo, como el que vivió el planeta el pasado 21 de diciembre de 2012 y muchos son engañados, esta es una señal de importancia (Mt.24.5). El Maestro profetizo un desenfreno de engaño religioso en la tierra en las cercanías del fin.

Tan interesado se encontraba Jesucristo en que todos los creyentes estuviesen conscientes y apercibidos del engaño espiritual que sobrevendría por todo el mundo antes del fin, que Él repite esta advertencia dos veces más en este pasaje (vv. 11, 24). Esta inundación de engaño afecta muchas áreas, especialmente la política.

La Biblia insiste en que el creyente debe vivir en una espera continua con el anhelo del retorno de Jesucristo con poder y gran gloria, como si este suceso pudiera tomar lugar mañana, por esto tenían un saludo: Maran-ata (El Señor viene). Los verdaderos creyentes deben demostrar con palabras y acciones que esperan ansiosamente Su regreso, pero el día y la hora nadie lo sabe.

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