Itziarren Semeak y su Propuesta Ska, Feliberto Pérez del Sol.

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Sakenaf, Santa Clara, Villa Clara, 4 de enero de 2013, (FCP). El pasado 25 de diciembre, mientras varios centros comerciales de la ciudad lucían un falso atuendo navideño, con arbolito incluido, cerca de 200 santaclareños asistimos a un concierto de rock en “El Mejunje”. Si de algo presumió este espectáculo nocturno no fue exactamente de la religiosidad que rodea la fecha, sino de la armónica simbiosis lograda entre el binomio músico-público.

Para esta fiesta rocanrolera se tuvo como pretexto principal la cercanía del fin de año, pero varios de los presentes sabíamos que se trataba de la “cuota” de rock foráneo que se ha hecho usual ya el último martes de diciembre. De tal suerte en el 2010 tuvimos a los vascos “Ze Esatek”, en el 2011 a los argentinos “Los Vándalos” y el recién finalizado año lo hizo “Itziarren Semeak”, también de suelo vasco.

Igual a pasadas ocasiones, las agrupaciones locales fueron las encargadas de avivar un tanto una multitud que desde el primer acorde distorsionado se sumó a la rítmica apertura del festejo. Esta vez, como en las dos anteriores, la escudería municipal fue encabezada “Adictox”, a quien se le sumó “Los Piratas”.

Con ambas bandas el derroche de adrenalina fue intenso, o sea, los teloneros hicieron mover el esqueleto a la comunidad freaky de la región de tal modo, que esta no se guardó nada para los cabeza de cartel. Claro, después de charlar con algunos músicos de “Itziarren Semeak” descubrí que no fue una idea suya cerrar el espectáculo, sino que lo hicieron a petición de sus colegas de aquí.

Y es ahí donde descolla el estilo del movimiento underground que en las dos últimas décadas con tan buen aire ha florecido por acá. Cuando por otros escenarios del país varios grupos cultores de la riqueza de géneros y subgéneros musicales, manados del sonido más escuchado dentro de la más universal de las artes, anhelan cerrar un concierto, aquí se pasa de ello.

Pero mejor cuento parte de lo ocurrido durante la propuesta de “Itziarren Semeak” aquella noche desde que pasadas las 10 subió a escena “Adictox”. Por cierto, el frontman de este cuarteto punk ha suplido un tanto el vacío preciso y de compromiso dejado por la carismática leyenda que encarnó William Fabián durante los 15 años que permaneció como voz y guitarra de “Eskoria”.

No más la ikurriña abrigó el drum y justo a la media noche se esparcieron los primeros arreglos ska de “Itziarren Semeak”, buena parte de la multitud se sumó a la concordia rítmica que exigía el momento. Para ello solo importó que los vascos vertieran la armónica identidad callejera y nostálgica propia del rock, del reggae, del ska o de otras sonoridades de la que eran portadores.

Tan fue así, que tras subir a escena se aparecieron con un excelente cover a The Guns Of Brixton de los británicos “The Clash”, antológica composición que ha devenido en elemento icónico de la culturareggae. Pese a que la interpretaron en euskera, quienes conocían la versión inglesa la entonaron con tal energía en este idioma, que la Casa de Todos también parecía acompañarlos.

Otros instantes de excelente nexo artista-público florecieron al interpretar Dale Candela, canción que da nombre al último CD de la banda, y Mierda de Ciudad, conocido tema de sus paisanos “Kortatu”. En la primera, la armonía funcionó por lo latino del nombre y lo cadente del estribillo, mientras en la otra fue la total libertad conque se juzgaron varios males estatales.

Nuevos soplos de júbilo se vieron en la multitud cuando “Itziarren Semeak” selló su propuesta con una acelerada versión de Cuidado, combativa melodía de sus coterráneos “Eskorbuto” que la épica banda local de punk-rock “Eskoria” popularizó por acá. La postura de no ceder con el paso del tiempo en el ideal que se ama, por muy quimérico que parezca, queda recogido con magistral enfoque en esta interpretación.

Hubo otros instantes de buena entrega a lo rítmico de la sonoridad traída por “Itziarren Semeak”, pero el idioma atentó contra la total aprobación. Digo esto para aclarar por qué no abordé la respuesta del público con canciones como Aurrera Bolie, Mitoak y Guau Guau.

Si he escrito sobre esta banda, la proyección de su serio talento, su entrega por lo que hacen y cómo reaccionaron los asistentes, es porque deseo ser lo más objetivo posible. Y como no me inhibo para decir verdades, menos si son relativas al sonido rock, confieso que “Itziarren Semeak” me gustó más de lo que imaginaba, pese a la trompeta y el saxofón que tanto detesto.

Con todo lo dicho deseo agradecer aquella especie de buena suerte que tuve al final de otra vuelta terrestre alrededor del sol. Parejo al aludido concierto las vidrieras de los comercios exhibían un aparente periodo de navidad, pero con la llegada del nuevo año los anuncios sobre el nacimiento de un tal Jesús dieron paso a exaltar el añoso y un tanto deshumanizador proyecto llamado Revolución.

 Itziarren Semeak durante su presentación en Santa Clara.
Itziarren Semeak durante su presentación en Santa Clara.

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