SOS entre Muros (ll), Rolando Ferrer Espinosa.

Camino a Vegas Nuevas, Santa Clara, Villa Clara, 4 de Enero de 2013, (FCP). En las Celdas de Castigo comienza la odisea. La víctima es recibida por una comitiva de recepción que se encarga de hacerle saber que llegó a los calabozos y que allí no debe regresar jamás, para lo cual le dan una inolvidable golpiza.

Como introducción psicológica de lo que ocurre es encerrado en el solero. Con el piso de cemento, las paredes y techo encabillados con gruesos aceros, este tipo de celda expuesta totalmente al sol contribuye al llamado “ablandamiento de la voluntad del preso”, pues sentirá en su piel la acción del Astro Rey por el tiempo que estimen los guardias.

Luego tal vez sea llevado a la enfermería. Transcurrido el día y ya avanzada la noche, de acuerdo al estado físico aparente, es conducido a que lo examine un médico o simplemente le curen y suturen sus heridas, para de nuevo retornar a las celdas y ser confinado en el hoyo que le destinaron para pasar su sanción.

Puede ser que decidieran que fuera directamente a la celda. Entonces el reo quedará en la misma sin las pertenencias, incluyendo sus ropas de vestir, ropa de cama, alimentos, colchón, el tablero que simula ser un bastidor, utensilios personales, o sea sin nada, y en algunos casos es esposado y colgado de sus manos por un tiempo suficiente como para defecar y orinarse en esa posición.

Todo está cruelmente concebido para castigar a los prisioneros. Tiene su perímetro aislado del resto del penal, con cerca de alambre y tapia de concreto, su construcción es infranqueable por el espesor de sus paredes, de unos 40 centímetros, techo de placa y una pequeña ventana de unos 50 centímetros de ancho por 40 de alto y su respectiva reja de gruesos barrotes, pegada al techo.

El habitáculo asignado es un hueco. El piso de la celda tiene una diferencia de altura de unos 60 centímetros respecto al pasillo, y la puerta de acceso, que es una reja gruesa del piso al techo, ocupa todo el frente hacia el corredor, con total visibilidad desde el pasillo al interior de la celda, la cual cuenta con una litera empotrada en el suelo.

Aquí se carece de condiciones de vida. No existe iluminación artificial por luz eléctrica, la única lámpara incandescente está situada en el medio del pasillo y solo llega alguna claridad al interior de las celdas, tampoco hay agua potable corriente y las necesidades fisiológicas se hacen en un orificio en una esquina del piso, llamado “turco”, sin privacidad ni higiene.

La atención a los castigados es deficiente. Para garantizar la alimentación en las celdas se asigna a un recluso “confiable”, que trae de la cocina el desayuno, almuerzo y comida, además del agua para tomar y asearse, utiliza al efecto sus propios medios, vasijas con mala higiene que él mismo selecciona, ya que no le facilitan nada.

El “pasillero”, que es como lo llaman, hace un uso indiscriminado de sus medios. Utiliza la cubeta en que trae el caldo del alimento para limpiar el piso, que es también su función en las celdas, y los potes con restos de grasa animal, para repartir el agua potable, porque al no disponer de detergente no le puede eliminar el sebo.

Se incluye al martirio del confinado el hacinamiento. La celda o el hueco es de unos dos metros de ancho por uno y tanto de largo, con la litera y el turco que le resta espacio interior, por lo que quedan pocas posibilidades de movimiento, así se puede llegar a estar meses sufriendo de esta terrible odisea, con el conocimiento gubernamental.

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